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jueves, 6 de diciembre de 2012

Los campos de concentración de Franco

Existe una visión —antes oficial y hoy nostálgica— y una falsa memoria sobre la Guerra Civil y la dictadura de Franco que tienden a infravalorar, o a relativizar, los procesos de violencia política desarrollados durante ambas, con el objetivo de no considerar la represión franquista como el basamento de la larga duración del régimen dictatorial.
Esa ha sido una percepción, heredera de la propaganda franquista, que ha llegado no intacta, pero sí con considerable salud, hasta nuestros días: la de una violencia proporcionada, correlativa a la violencia revolucionaria. La de una violencia, en definitiva, necesaria, sanadora y justificada. Una violencia que, gracias a la bendición eclesiástica que recibió durante la Guerra Civil, no sería cruel y desproporcionada, sino un elemento más de la definitiva lucha entre el Bien y el Mal, entre la ciudad de dios y los sin dios, la antiEspaña.
Pero de proporcionada, puntual o limitada, la violencia franquista tuvo más bien poco. De hecho, la violencia fue un elemento consustancial a la dictadura.
Hoy es ya imposible pensar en ella sin situar en el primer plano del análisis sus 30.000 desaparecidos, los 150.000 fusilados por causas políticas, el medio millón de internos en campos de concentración, los miles de prisioneros de guerra y presos políticos empleados como mano de obra forzosa para trabajos de reconstrucción y obras públicas, las decenas de miles de personas empujadas al exilio, la absurda y desbordada constelación carcelaria de la posguerra española —con un mínimo de 300.000 internos— o la vergonzante represión de género desarrollada por la dictadura que, más allá de la reclusión de la mujer en el espacio privado, llegó a extremos de crueldad cuales el rapto, el robo de niñas y niños en las cárceles femeninas.
Los campos de concentración no se crearon en 1937, como se ha afirmado de manera errónea. Los campos franquistas fueron la respuesta militar e intendente de los mandos facciosos al problema de la acumulación de disidentes, presos y prisioneros de toda índole, en las retaguardias y provenientes de los frentes de guerra. De ellos hay noticias en 1936, sin regulación alguna ni institucionalización, pero con igual naturaleza que los campos posteriores. Lo que ocurrió en  1937 es que  se institucionalizaron estos  campos de concentración (y los batallones de trabajo) bajo un mando (el del coronel-inspector Luis de Martín de Pinillos) y con unos objetivos concretos. Ello obedecía a la imperiosa necesidad de controlar férreamente la creciente masa de prisioneros republicanos que los continuos avances del Ejército proporcionaban. Se crearon más de 180 campos (104 de ellos, estables) donde a los prisioneros de guerra se les internaba, reeducaba, torturaba, aniquilaba ideológicamente y preparaba para formar parte de la enorme legión de esclavos que construyeron y reconstruyeron infraestructuras estatales, como parte del castigo que debían pagar a la “verdadera” España.
Casi medio millón de prisioneros de guerra republicanos pasaron por los campos, auténticos laboratorios de la Nueva España en los que las autoridades sublevadas (principalmente militares y eclesiásticas, aunque también civiles) les sometían a procesos de clasificación y reeducación política, recatolización, depuración, humillación y, finalmente, de reutilización en trabajos forzosos.Como diría en 1941 Isidro Castellón, director de la cárcel Modelo de Barcelona, ellos eran la «diezmillonésima parte de una mierda».
798.12Internados meses o años en centros de deplorables condiciones higiénicas, con escasa alimentación y peor abrigo, los prisioneros de guerra, la antiEspaña en primera instancia, debían rendir tributo en forma de sufrimiento y trabajo a la verdadera España.
De entre los campos de concentración más conocidos en la España de Franco se puede nombrar los siguientes: “Hotel Cemento”, Cervera (Lérida); Campo de Santa Ana, Astorga (León); Miranda de Ebro (Burgos); Campo de Santoña (Santander); San Gregorio (Zaragoza); Campo de Albatera (Alicante); Seminario de Belchite (Zaragoza);  Campo de Moncófar (Valencia); “Cortijo de Cáceres” (Murcia);  Campo de Formentera (Baleares); San Marcos (León); Campo de Valdenoceda (Burgos), para las Brigadas Internacionales; Monasterio de Irache (Navarra)... En Andalucía, fueron tristemente famosos los de “La Rinconada” (Sevilla), Los Merinales en Dos Hermanas (Sevilla), La Corchuela en Dos Hermanas (Sevilla), El Palmar de Troya en Utrera (Sevilla), Ronda (Málaga) o los de la provincia de Cádiz.

martes, 6 de noviembre de 2012

La Patagonia rebelde y Héctor Benigno Varela

En noviembre de 1920 estalló en Santa Cruz (provincia del sur de Argentina) la huelga de peones rurales que pasó a la historia como La Patagonia Rebelde o la Patagonia Trágica.
Durante el periodo de la 1ª Guerra Mundial, la Federación Obrera Regional Argentina había organizado en Río Gallegos (capital de la provincia de Santa Cruz) la Sociedad Obrera de Río Gallegos dirigida por el anarquista español, Antonio  Soto, conocido como "el gallego Soto". Santa Cruz era un centro de producción de lana con destino a la exportación, con grandes latifundios y frigoríficos ingleses. La baja demanda de los stocks de lana que estaban acumulados al finalizar la Primera Guerra Mundial y la caída del precio de la lana en el mercado internacional  darán lugar a una profunda crisis regional. Esta afectó a los estancieros y comerciantes, pero repercutió aún más sobre los trabajadores laneros y los peones rurales, que vivían en condiciones miserables. La jornada normal de los obreros era de 12 horas, la de los esquiladores y los arrieros rondaba las 16 horas; los salarios eran ínfimos y frecuentemente eran pagados en bonos o en moneda extranjera (solo aceptada en algunos comercios y por un valor menor al real).
La huelga de protesta en septiembre de 1920 contra las arbitrariedades de la autoridad policial, el boicot a varios comerciantes ligados a la Sociedad Rural y la detención de los dirigentes de la Sociedad Obrera iniciaron el conflicto.  Acudieron delegados de toda la provincia, que discutieron las medidas a exigir a la Sociedad Rural. En esta situación, los obreros congregados en la Sociedad Obrera presentaron a la patronal un pliego de reivindicaciones exigiendo la mejora de las condiciones laborales.
Entre otras demandas, los obreros exigían que en recintos de 16 m² no durmieran más de tres hombres, que se entregase un paquete de velas a cada obrero mensualmente, que no se trabajase los sábados, raciones de alimentos más abundantes, un sueldo mínimo mensual de 100 pesos y el reconocimiento de la Sociedad Obrera como el único representante legítimo de los trabajadores.
Estas reivindicaciones fueron rechazadas por la organización de los estancieros, la Sociedad Rural. La respuesta de los trabajadores fue declarar la huelga general en toda Santa Cruz.
Frente a estos hechos, Yrigoyen (el presidente de la República) designó a Varela* para intentar limar asperezas entre las partes. Después de entrevistarse con los huelguistas, se llegó a un principio de acuerdo que, al retirarse Varela de las tierras patagónicas, los estancieros no cumplieron. La huelga volvió a iniciarse.
Frente a esta vuelta a la huelga, Varela es de nuevo enviado a Santa Cruz.
El 10º Regimiento de Caballería a cargo de Varela llegó a Río Gallegos el 10 de noviembre de 1921. Apenas llegado, Varela impuso la "pena de fusilamiento" contra los peones y obreros en huelga.
Las tropas de Varela persiguieron a los obreros a sangre y fuego durante más de un mes, fusilando a la mayoría de ellos.
El hecho que mejor ilustra los métodos criminales utilizados por Varela fue el asesinato de José Font (alias Facón Grande), que fue asesinado por orden del propio Varela cuando lo convocó para dialogar sobre un principio de acuerdo.
En total, fueron fusilados 1.500 peones de campo, obreros y sindicalistas patagónicos como represalia.
Terminada la matanza, el teniente coronel Héctor Benigno Varela fue nombrado director de la Escuela de Caballería de Campo de Mayo por Hipólito Yrigoyen. Después de la ceremonia, fue invitado a participar en una cena en su honor ofrecida por la Liga Patriótica Argentina y un grupo de empresarios anglosajones que le cantaron for he’s a jolly good fellow (”porque es un chico excelente”). La película La Patagonia rebelde de 1974 recrea este momento.
El 27 de enero de 1923, un año después de la finalización de la matanza en Santa Cruz, llegó el final para Varela.
Cuando salía de su casa, Kurt Gustav Wilckens, un obrero alemán de ideas anarquistas, le arrojó una bomba y le disparó cuatro tiros, como los cuatro tiros que ordenaba dar el mismo Varela.


http://www.pagina12.com.ar/especiales/archivo/peronismo_feinmann/CLASE85.pdf
http://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%A9ctor_Benigno_Varela
http://blog.rtve.es/cafedelsur/

*Un año antes, Varela participó activamente en la represión de la Semana Trágica, en enero de 1919, bajo el mando de Luis Dellepiane. Los incidentes dejaron un saldo de entre 141 a 700 muertos (según la fuente que se consulte) y centenares de heridos. Este suceso es conocido también como el primer pogrom en América Latina, ya que la Liga Patriótica Argentina atacó a la comunidad judía local.

lunes, 8 de octubre de 2012

Víctor Jara

Las de Víctor Jara son historias de amor eternas, sin patria, bandera ni tiempo. Sus protagonistas son trabajadores textiles y campesinos, obreros y mineros, cuyos amores, sueños e ilusiones los cuenta de forma delicada y discreta, con un lirismo responsable y consciente, nacido de la empatía de quien tiene un profundo respeto para las personas. Son personajes que siempre tienen un nombre… como Amanda y Manuel (llamados así por sus padres), protagonistas de la estremecedora historia de amor en los tiempos de la fábrica de Te recuerdo Amanda (1969).
 
El pasado 28 de septiembre Víctor Jara hubiera cumplido ochenta años. Y casi cuarenta han pasado de su trágica muerte, a la edad de 41 años, asesinado a manos de los sicarios con uniforme militar del dictador Augusto Pinochet. Fue en el estadio de Santiago de Chile, hoy llamado Estadio Víctor Jara, en aquel septiembre negro de 1973, apenas cinco días después del bombardeo del palacio de La Moneda y el asesinato del presidente Salvador Allende.
«Somos cinco mil en esta pequeña parte de la ciudad. Somos cinco mil ¿Cuántos seremos en total en las ciudades y en todo el país? ... ¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, terror y locura!»… Estas fueron sus últimas palabras, anotadas en un cuaderno pocas horas antes de morir.
Casi cinco lustros han pasado del comienzo de la lentísima transición democrática chilena, iniciada con el plebiscito que puso fin al régimen militar de Pinochet en 1988, aunque se mantuvo en el cargo de comandande en jefe de las Fuerzas Armadas del Chile democrático durante una década más, para luego convertirse en senador vitalicio. 
Los asesinos de Víctor Jara y de decenas de miles de personas detenidas y torturadas, en algunos casos delante de las televisiones de todo el mundo, continúan andando libres, impunemente, por las calles del país, como incurables nostálgicos del «orden», la «seguridad» y la «disciplina».

martes, 4 de septiembre de 2012

Henry Ford y Adolfo Hitler: un amor correspondido

Henry Ford siempre sintió un odio visceral hacia los judíos. Jamás ocultó tampoco su repudio hacia el sindicalismo*. Entre 1910 y 1918, Ford fue volviéndose cada vez más xenófobo, más anticomunista y, sobre todo, más antisemita.
En 1919 Henry Ford compró un periódico, el Dearborn Independent, y contrató a William J. Cameron, un conocido periodista, para que le escribiera una columna en dicho periódico a su nombre. Durante este periodo Ford surgió como «un portavoz respetado para la extrema derecha y los prejuicios religiosos» llegando a alcanzar alrededor de 700.000 lectores.
En los años veinte publicó una recopilación de cuatro volúmenes denominada The International Jew, the World's Foremost Problem (El judío internacional, el mayor problema mundial). Vincent Curcio escribe acerca de estas publicaciones que "eran distribuidas  ampliamente y tuvieron gran influencia, en particular en la Alemania nazi, en dónde nada menos que Adolf Hitler las leyó y las admiraba".
Hitler colgó la foto de Ford en la pared y basó varias secciones de Mein Kampf en sus escritos. Es más, Ford es el único estadounidense mencionado en su libro. Probablemente se puede decir, tal y como lo hace Lacey, que "ningún estadounidense contribuyó tanto al nazismo como Henry Ford".
Steven Watts escribió que Hitler reverenciaba a Ford, proclamando que "haré lo que pueda para poner sus teorías en práctica en Alemania". En Mein Kampf (escrita a mediados de los años veinte) Hitler expresó su opinión de que, son los judíos quienes gobiernan las fuerzas de la Bolsa de Valores en la Unión Estadounidense. Cada año les convierte más y más en los maestros que controlan a los productores de una nación de 120 millones. Pero para la furia de ellos, sólo un hombre, Ford, todavía mantiene la total independencia». 
Existen evidencias de que Henry Ford le proporcionó ayuda financiera a Adolfo Hitler cuando éste apenas comenzaba en la política.
La evidencia de esta ayuda está respaldada por declaraciones hechas por Kurt Ludecke, el representante de Alemania ante los Estados Unidos en los años veinte, y Winifred Wagner, hija política de Richard Wagner, quienes afirmaron haberle solicitado ayuda a Ford para impulsar la causa del Nacionalsocialismo en Alemania. Por otra parte, el embajador norteamericano en Alemania, William E. Dodd, dijo en una entrevista que “ciertos industriales norteamericanos tuvieron mucho que ver en el ascenso de regímenes fascistas tanto en Alemania como en Italia”. Cuando hizo estas críticas, el público en general era consciente de que el embajador estaba hablando de Henry Ford porque la misma prensa se encargó de hacer una asociación directa entre las declaraciones de Dodd y el antisemitismo de Ford.
En julio de 1938, meses después del Anschluss, como muestra de la valoración del régimen nazi por su figura y colaboración, el cónsul alemán en Cleveland otorgó a Ford la condecoración de la Gran Cruz de la Orden Suprema del Aguila Alemana, la condecoración más alta que la Alemania Nazi podía otorgar a un extranjero. En la ceremonia Ford fue condecorado con la medalla por Karl Kapp (izquierda), el Cónsul General alemán para Cleveland, y Fritz Hailer (derecha), el Cónsul alemán para Detroit. Un mensaje con la felicitación personal de Hitler cerró la ceremonia de la condecoración, según publicó el periódico Detroit News (31 de julio, 1938). Ford se mostró orgulloso de haber recibido esta condecoración hasta el final de sus días.
Durante la Segunda Guerra Mundial Ford se opuso totalmente en contra de la decisión de Franklin D. Roosevelt de intervenir en la Segunda Guerra Mundial, presionando y mostrando su abierta simpatía por el régimen nazi, al igual que otros destacados personajes de la cultura empresarial norteamericana.
El amor era mutuo, cuando a Hitler se le preguntó acerca del retrato de Henry Ford que colgaba en su oficina, él respondió: “Yo considero a Ford como mi inspiración".  Y cuando se le siguió preguntando acerca de la posibilidad de que Ford se lanzara en pos de la Presidencia de los Estados Unidos, Hitler agregó: “Yo desearía poder enviar algunas de mis tropas de asalto hacia Chicago y otras grandes ciudades norteamericanas para poder ayudarlo”.

*Consideraba que los sindicatos estaban controlados por militantes comunistas más o menos enmascarados. Empleó a pistoleros para reprimir y sofocar las huelgas y protestas de sus propios trabajadores, para lo cual contrató los servicios de la agencia de detectives Pinkerton, más conocida en aquél entonces por sus habilidades para destruir sindicatos que por sus habilidades para resolver misterios.

martes, 21 de agosto de 2012

Las mujeres de Franco

Tras el periodo republicano, que estableció la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, el franquismo restauró el modelo decimonónico de mujer-esposa-madre recluida en el hogar.
Para lograrlo se apoyó en la legislación estatal -que impedía o dificultaba que la mujer casada trabajara y que subordinaba a la mujer a complemento del hombre- en la Sección Femenina -como organización que intentaba difundir ese modelo de mujer- y en la Iglesia Católica, que justificaba el papel de la mujer sumisa, en casa, pariendo y educando a los hijos en la religión oficial como misiones sagradas.
El franquismo inauguró una época caracterizada por la total eliminación de los derechos de las mujeres, que incluso se traducía en cuestiones tan concretas como las necesidades nutritivas: la ración alimenticia oficial de las mujeres (establecida en las cartillas de racionamiento vigentes hasta 1952) constituía tan sólo el 80 por ciento de la dedicada a los hombres (María Ángeles Arranz). Al no ser consideradas "elementos productivos", sus necesidades materiales se juzgaban menores. Por supuesto, las mujeres no tenían derecho a su ración de tabaco: fumar era de rojas y de fulanas.
Doblemente sometidas, las mujeres fueron víctimas principales de la guerra y de la dictadura. En 1940 había más de 17.000 reclusas consideradas presas políticas. Las que tenían hijos pequeños se vieron obligadas a criarlos en cárceles hacinadas y antihigiénicas, y los hijos mayores les fueron arrebatados e internados en centros de beneficencia: 9050 en 1942, según el Ministerio de Justicia.
Según la primera legislación laboral franquista, las mujeres tenían que dejar el trabajo al casarse, recibiendo una indemnización denominada dote; las mujeres casadas que quisiesen seguir trabajando precisaban de la autorización de sus maridos. Como había ocurrido en la Alemania nazi, para la mujer española la vida se redujo a las tres k: kinder, küche y kierche (niños, cocina e iglesia).
La situación legal de la mujer durante la Dictadura de Franco era plenamente equiparable a la de una minoría de edad prolongada. Los paulatinos y tardíos pasos que van dándose a lo largo del tiempo por imperativos sociológicos no empañan esta consideración franquista, que va a subsistir en cuanto a su núcleo esencial hasta la Constitución de 1978.
Dos ejemplos:
En abril de 1964 el general Franco tuvo que volver sobre sus pasos y revisar un artículo del Código Penal, por el cual los padres y maridos tenían derecho a matar a sus hijas y esposas y los hombres que cometían adulterio con ellas. El "parricidio por honor" estuvo vigente en España entre 1944 y 1964. Si el marido se contentaba con una denuncia, la esposa infiel podía ser condenada hasta a seis años de cárcel.
La Ley de 4 de julio de 1970 eliminó la posibilidad de que el padre pudiera dar a los hijos en adopción sin el consentimiento de la madre y se permitió que las mujeres casadas pudieran seguir trabajando después de contraer matrimonio sin necesidad de permiso del marido.

La Sección Femenina se encargó, sobre todo desde las ciudades, de las tareas de encuadramiento y reeducación. En sus libros de texto, en las declaraciones de sus dirigentes y en su propaganda se encuentran auténticas perlas para el psicoanálisis: "La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular - o disimular- no es más que el eterno deseo de encontrar a quién someterse" (Medina, revista de la Sección Femenina, 3 de agosto de 1944). "Las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles" (Pilar Primo de Rivera, en 1942).
La Iglesia, apoyada por los poderes políticos, impuso una iconografía de la «buena cristiana» que implicó un cambio radical para la mujer. El nacionalcatolicismo fue la ideología del régimen y la Iglesia Católica fue guardiana de la decencia y de la rectitud ideológica de los españoles.
Una moral mojigata, timorata y absurda se adueñó de una sociedad en la que hombres y mujeres buscaban no llamar la atención, no destacar, pasar desapercibidos.
La obsesión por los pecados de la carne fue una preocupación fundamental de la neurosis moral de la Iglesia Católica. Pildain, obispo de Canarias, protestó por la desnudez de las estatuas situadas en lugares o establecimientos públicos y sugirió que se les pusiera un taparrabos. Para él los novios no debían encontrarse nunca solos, pues la concupiscencia les poseería de otro modo.
El diseño se hizo teología. Debajo de cada sotana vibraba Coco Chanel y se escondían anhelos inconfesables y -en algunos casos- inconscientes. Se vigilaban los centímetros y los escotes. Las obsesiones con los pecados de la carne y las preocupaciones de costurera hicieron gastar incontables neuronas, ríos de tinta y sudores, muchos sudores, a nuestros pastores.
Pla y Daniel, que sucedió como primado a Gomá en 1940, receló en voz alta de los pantalones cortos con que vestían los jóvenes falangistas, pues lo que dejaban ver podría excitar a las muchachas (y quizás a algún que otro obispo). Las niñas debían llevar falda hasta las rodillas, y "las que han cumplido doce años deben llevar medias".
Todos los prelados gastaron mucho de su talento en pastorales que condenaron el baile agarrado, la longitud de las faldas, el que estas montaran en bicicleta sin trajes que tapasen lo que no debía enseñarse (casi todo), los baños al aire libre delante de personas del sexo opuesto o atrevimientos de similar importancia para la suerte de la humanidad.

Este control, este sometimiento y juicio continuos, hicieron que la sociedad española y, sobre todo, las mujeres buscasen el anonimato, la ocultación, la vida limitada a la familia. Mimetizarse para sobrevivir. Y sobrevivir con miedo.
Las mujeres como cuerpo social, al igual que la clase obrera o los intelectuales, fueron castigadas por intentar cambiar las reglas del juego. Franco y los suyos impusieron el machismo junto a la defensa de los intereses de su clase. Hijos, nietos, legatarios de aquellos años, los españoles de este siglo somos herederos de aquellos cuarenta años de violación sistemática. 

domingo, 8 de julio de 2012

Ni olvido ni perdón

El pasado 5 de julio de 2012, la justicia argentina cerró un proceso emblemático, iniciado en 1996, condenando al exdictador Jorge Rafael Videla a 50 años de cárcel por el robo sistemático de bebés durante la última dictadura militar (1976-1983).
Junto a Videla, primer gobernante del régimen militar, se sentaron en el banquillo Reynaldo Bignone, último presidente de la dictadura, condenado a 15 años, y otros ocho represores sentenciados a penas de hasta 30 años. La justicia consideró probada "la práctica sistemática y generalizada de sustracción, retención y ocultamiento de niños menores de 10 años", en el contexto de un "plan general de aniquilación" contra parte de la población civil con el argumento de acabar con la "subversión" durante la dictadura militar.
Así mismo, y entre el vacío informativo más absoluto, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Derechos Humanos (ACNUDH) volvió a afirmar que España tiene “la obligación” de investigar los crímenes cometidos durante el gobierno del dictador Francisco Franco” (1939-1975).
“España tiene la obligación según la legislación internacional de investigar las graves violaciones de los derechos humanos que han ocurrido en el pasado, incluidas las cometidas durante el régimen de Franco”, dijo a periodistas el portavoz del ACNUDH, Rupert Colville.
Colville aseguró que la ley española de amnistía de 1977 es contraria al derecho internacional. Recordó que el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas (ONU), encargado de evaluar la correcta aplicación del Pacto Internacional sobre derechos civiles y políticos firmado por España, concluyó en 2009 que el gobierno español debería “abrogar su ley de amnistía“ ya que esta ley no es acorde a la legislación internacional.

domingo, 12 de febrero de 2012

La carretera de la muerte: El Guernica debió llamarse Málaga

La ofensiva franquista en la Guerra Civil se abatió sobre Málaga capital a principios de 1937. El 6 de febrero las tropas del general Gonzalo Queipo de Llano (que aseguraba a los malagueños que "sus moros y legionarios violarían a las madres y hermanas”, que les cortarían los senos, y se regodeaba diciendo “malagueños, maricones, ponedle pantalones a la luna”) entraron en la ciudad. La mayoría de los pueblos de la parte occidental de la provincia ya estaba en manos de Franco, y la única salida que quedaba para los milicianos republicanos, las mujeres, los niños y los ancianos era un camino que hoy se recuerda como “la carretera de la muerte”. Entre 100.000 y 150.000 personas salieron de Málaga hacia Almería por la ruta de la costa. Fue la llamada desbandá. Gente que huía de la miseria y del hambre que traía la guerra, pero también escapaba del asedio de la aviación alemana, de los disparos de los barcos italianos, de la marina de guerra franquista y de la metralla que caía desde los montes.
El crucero Canarias, su gemelo el Baleares y otros más jugaron al macabro ejercicio de tiro al plato con gente que estaba atrapada en una ratonera y no podía defenderse. Algunos optaron por volver a Málaga, por cuyo camino de regreso encontraron a gente ahorcada en los árboles, familias enteras ajusticiadas con tiros en la cabeza… Málaga fue un ensayo de lo que ocurrió después.
El infierno no acabó allí. Ya en el puerto de Almería, los que llegaron y esperaban apiñados para ser evacuados (los peligrosos enemigos del fascismo: mujeres, niños y ancianos) también fueron bombardeados con saña por aviones alemanes e italianos, donde murieron otras cincuenta personas y otras tantas resultaron heridas.
Por tierra, mar y aire, durante cuatro días, fueron asesinados miles de civiles inocentes. Saber con precisión cuánta gente murió es imposible. Algunas fuentes hablan de entre 5.000 y 10.000 personas. Muchos cadáveres acabaron en fosas comunes o se los llevó el río Guadalfeo. 75 años después de una de las mayores masacres de España, algunos supervivientes se reunieron en el malagueño Peñón del Cuervo, para rememorar su historia.

Picasso dijo, al conocer lo ocurrido, que su Guernica tendría que haberse titulado Málaga. No se hizo, y lo que fue no una acción de guerra, sino un acto de genocidio consentido, quedó prácticamente en el olvido. Algo que debe ser recordado, nunca olvidado, y sus víctimas, al menos, conocidas y honradas. La historia es memoria. Siempre.



sábado, 7 de enero de 2012

El holocausto del pueblo de Caballo Loco







Hoy estoy aquí para mostrar mis fotografías de los lakota. Muchos de Uds. habrán oído hablar de los lakota, o al menos del grupo más grande de tribus llamado sioux. Los lakota son una de tantas tribus desplazadas de sus tierras a campos de prisioneros de guerra ahora llamados reservas. La reserva de Pine Ridge, el tema de la presentación de hoy, se encuentra a unos 120 Km al SE de las [montañas] Black Hills en Dakota del Sur. A veces se refieren a él como al Campo de Prisioneros de Guerra Número 334, lugar donde viven ahora los lakota. Si alguno de ustedes ha oído hablar del AIM, el Movimiento Indígena de EE.UU., o de Russell Means, o de Leonard Peltier, o de la disputa en Oglala, entonces sabe que Pine Ridge es el centro de las cuestiones indígenas en EE.UU.

Me han pedido que hable un poco hoy de mi relación con los lakota, y eso es muy difícil para mí. Porque, si no han notado mi color de piel, soy blanco, y esa es una gran barrera en una reserva indígena. Hoy van a ver muchas personas en mis fotografías, he logrado una relación estrecha con ellos; soy como de la familia. Me han llamado hermano y tío y me han invitado una y otra vez durante 5 años. Pero en Pine Ridge, siempre seré un wasichu. Wasichu es la palabra lakota que significa "no indígena". Pero otra acepción de esta palabra es "el que toma la mejor carne para sí mismo." Y eso es en lo que quiero centrarme... el que toma la mejor parte de la carne. Significa codicioso. Miremos alrededor, en este auditorio. Estamos en una universidad privada del oeste de EE.UU., sentados en sillas de terciopelo rojo con dinero en los bolsillos. Si miramos nuestras vidas, de hecho, nos ha tocado la mejor parte de la carne. Veamos hoy un conjunto de fotografías de personas que perdieron para que nosotros pudiéramos ganar y sepan, cuando ven la cara de estas personas, que no son sólo imágenes de los lakota: representan a todos los pueblos indígenas[...]
La siguiente es una cronología de tratados celebrados, tratados rotos, y de masacres disfrazadas de batallas.

Empezaré en 1824. Lo que se conoce como Oficina de Asuntos Indígenas fue creada en el Departamento de Guerra.
[...]

1890: una fecha que, creo, es la más importante de esta presentación. El año de la masacre de Wounded Knee. El 29 de diciembre las tropas de EE.UU. rodearon un campamento sioux en Wounded Knee Creek y masacraron al jefe Pie Grande, y a 300 prisioneros de guerra, usando una nueva arma de fuego que disparaba proyectiles explosivos llamada cañón Hotchkiss. Por esta supuesta batalla la Séptima de Caballería recibió 20 Medallas de Honor del Congreso por su valor. Hasta hoy es la mayor cantidad de Medallas de Honor otorgadas por una sola batalla. Más Medallas de Honor otorgadas por la masacre indiscriminada de mujeres y niños que por cualquier batalla de la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, Corea, Vietnam, Irak o Afganistán. La masacre de Wounded Knee se considera el final de las guerras indígenas. Cada vez que visito el sitio de la fosa común de Wounded Knee, no sólo veo una tumba de los lakota o los sioux, sino una tumba de todos los pueblos indígenas.

El hombre santo, Alce Negro, dijo: "Yo no sabía entonces cuánto se terminaba. Ahora cuando miro hacia atrás, desde la alta colina de mi vejez, todavía puedo ver a mujeres y niños masacrados, en pilas y dispersos a lo largo del sinuoso barranco, tan claro como cuando los vi con mis ojos aún jóvenes. Y puedo ver que algo más murió allí en el fango sangriento y fue enterrado en la tormenta de nieve. Allí murió un sueño de la gente, y era un sueño hermoso."
Este evento marca una nueva era en la historia de los indígenas de EE.UU. Todo se puede medir antes y después de Wounded Knee. Porque fue en este momento con los dedos en el gatillo de los cañones Hotchkiss que el gobierno de EE.UU. declaró abiertamente su posición en derechos aborígenes. Estaban cansados de tratados. Estaban cansados de colinas sagradas. Estaban cansados de danzas fantasmas. Y estaban cansados de los inconvenientes con los sioux. Por eso revelaron sus cánones. "¿Quieres ser indígena ahora?", decían con el dedo en el gatillo.


1900: la población aborigen de EE.UU. alcanza su punto más bajo... menos de 250,000 personas, comparado con un estimado de 8 millones en 1492.
1980: El caso judicial más largo de la historia de EE.UU. La Nación Sioux vs. Estados Unidos, en un fallo de la Corte Suprema de EE.UU., la corte determinó que cuando los sioux fueron reasentados en reservas, y casi 3 millones de hectáreas de sus tierras se pusieron a disposición de exploradores y colonos, se violaron los términos del segundo tratado de Fort Laramie. La corte declaró que las Black Hills fueron tomadas ilegalmente y que debía pagarse a la Nación Sioux el precio de la oferta inicial más intereses. Como pago por las Black Hills la corte otorgó sólo 106 millones de dólares a la Nación Sioux. Los sioux rechazaron el dinero con el grito de guerra: "Las Black Hills no están en venta".


2010: Las estadísticas de la población aborigen hoy, a más de un siglo de la masacre de Wounded Knee, revelan el legado de la colonización, la migración forzada y la violación de tratados. El desempleo en la reserva aborigen de Pine Ridge fluctúa entre el 85% y el 90%. La oficina de vivienda no crea nuevas estructuras, y las existentes se están desmoronando. Muchos no tienen hogar, y los que lo tienen se hacinan en edificios en descomposición con hasta 5 familias. El 39% de los hogares de Pine Ridge no tienen electricidad. Al menos el 60% de los hogares de la reserva están infestadas de moho negro. Más del 90% de la población vive bajo la línea de pobreza federal. La tasa de tuberculosis de Pine Ridge es unas ocho veces más alta que la media nacional de EE.UU. La tasa de mortalidad infantil es la más alta del continente y es unas tres veces más alta que la media nacional de EE.UU. La tasa de cáncer cervical es 5 veces más alta que la media nacional de EE.UU. La tasa de deserción escolar llega al 70%. La rotación de maestros es 8 veces más alta que la media nacional de EE.UU. Con frecuencia, los abuelos crían a sus nietos porque los padres, por el alcoholismo la violencia doméstica y la apatía general, no pueden criarlos. El 50% de la población con más de 40 años tiene diabetes. La expectativa de vida de los hombres está entre 46 y 48 años, casi lo mismo que en Afganistán y Somalia.
[...]

Se puede ver subtitulada en castellano en
http://www.ted.com/talks/aaron_huey.html

lunes, 8 de noviembre de 2010

Nuevas fotos de Magnum

La agencia Magnum publica nuevas fotos de la Guerra Civil


Todas las nuevas fotos (24) en

http://todayspictures.slate.com/20101004/

jueves, 4 de marzo de 2010

La mayor fosa común de Europa occidental


El alcalde de la capital malagueña, Francisco de la Torre, y la consejera de Justicia de la Junta de Andalucía, Begoña Álvarez, presentaron juntos el informe final sobre las exhumaciones del antiguo cementerio de San Rafael, donde fueron fusilados y enterrados en fosas comunes 4.471 republicanos entre febrero de 1937 y el año 1957. Durante los últimos tres años, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Málaga (UMA), apoyado por voluntarios y miembros de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), ha desenterrado y catalogado un total de 2.840 esqueletos.

"Es la fosa más grande de Europa Occidental. Representa los terrores y tragedias de Andalucía", explicó el viernes Begoña Álvarez, consejera de Justicia. El informe recoge, según Álvarez, "con qué crueldad se mataba, intentando no dejar rastro, a veces trasladando los cuerpos a otros lugares".

Sebastián Fernández, profesor de Arqueología de la UMA y director de la excavación, afirma que sin duda el cementerio de San Rafael se ha revelado como la mayor fosa común de fusilados durante la Guerra Civil y el franquismo.


La mayoría de las personas acabaron fusiladas por disparos en la región torácica, abdominal y en las extremidades. En el patio civil del camposanto malagueño eran sepultados los no creyentes y quienes se habían suicidado en la cárcel, en numerosas ocasiones aparecen maniatados con alambres.


El profesor de la UMA recuerda cómo impactaron al equipo los restos de una mujer embarazada de unos siete meses, «con el feto perfectamente encajado»; los de un hombre al que se le halló una especie de trapo en la garganta, «se lo debieron introducir hasta ahogarle» o el tiro de gracia que se aprecia claramente en muchos de los cráneos.


La aparición de restos pertenecientes al menos a 40 niños también impresionó mucho al equipo que desarrolla los trabajos: «No sabíamos a qué podía deberse. Desarrollamos una investigación y llegamos a la conclusión de que durante esos tiempos se habían producido graves epidemias y que los hijos de los fusilados que habían muerto como consecuencia de ellas, eran enterrados en el lugar en el que estaban sus padres».


El exterminio del régimen franquista se documenta durante dos décadas: entre febrero de 1937 y mayo de 1957. Se tiene constancia registral de que fueron 4.471 los fusilados y enterrados en las nueve fosas comunes que ya han sido clausuradas. La diferencia entre los restos recuperados y el número de asesinados a lo largo de esos 20 años estriba en el vaciado de algunas fosas que se realizó en los años 50 para enviar restos de fallecidos al Valle de los Caídos de El Escorial (Madrid).