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miércoles, 22 de abril de 2015

El genocidio selknam

Por genocidio selknam (genocidio selk'nam o genocidio ona) se conoce a los hechos definidos como genocidio ocurridos entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX en contra de los selknam u onas, pueblo amerindio de la isla Grande de Tierra del Fuego, cuya última representante pura, Ángela Loij, falleció en 1974, sobreviviendo actualmente descendientes mestizos de esta etnia.

Hacia fines del siglo XIX la isla Grande de Tierra del Fuego concitó el interés de grandes compañías ganaderas. La introducción de las estancias ovejeras creó fuertes conflictos entre los nativos y los colonos europeos, argentinos, chilenos y loberos chilotes, conflicto que adquirió ribetes de guerra de exterminio. Las grandes compañías ovejeras llegaron a pagar una libra esterlina por cada selknam muerto, lo que era confirmado presentando manos u orejas. Las tribus del norte fueron las primeras afectadas, iniciándose una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar a las masacres. En busca de alternativas a la matanza, en 1890 el Gobierno chileno cedió la isla Dawson, en el estrecho de Magallanes, a sacerdotes salesianos que establecieron allí una misión. Los selknam que sobrevivieron al genocidio fueron virtualmente deportados a la isla, que en un plazo de 20 años cerró, dejando un cementerio poblado de cruces. 
La llegada de chilenos, argentinos y europeos al territorio selknam trajo consigo un conflicto asimétrico entre aventureros, colonos, buscadores de oro y ganaderos por un lado y los selknam por otro. La ocupación de los territorios desató represalias por parte de los selknam, que no dudaron en defenderse de las muertes, violaciones y vejaciones desatadas por años. El resentimiento fue un estado permanente, manifestándose con animosidad hacia los empleados de estancias, rompiendo los cercos, arreando grandes cantidades de animales, quemando casas y atacando a hombres
Pero esta actitud, no logró traducirse en un verdadero ambiente bélico por las claras desventajas materiales que poseían los selknam frente a todo el dispositivo establecido para su ataque y captura. Esta diferencia fue el elemento clave que no permitió generar una resistencia por parte de los indígenas para permanecer en sus territorios, y en consecuencia la rendición y la resignación forzada, fue una de las tantas causas para su desaparición como pueblo establecido.
Gusinde relata cómo los cazadores «enviaban los cráneos de los indios asesinados al Museo Antropológico de Londres, que pagaba ocho libras por cabeza»
En esa época, algunos estancieros trajeron fuertes mastines de Europa. Los cazadores de hombres soltaban estos animales peligrosos cuando sorprendían o rodeaban un campamento. Los perros hacían salir a los aborígenes de su escondite para llevarlos ante los cañones de los fusiles o herían gravemente en el cuello a los niños, que se desangraban rápidamente.
La cacería tenía más éxito cuando una india en avanzado estado de gravidez caía en manos de los blancos. Clavaban la bayoneta en el vientre de la indefensa, le arrancaban el feto y también a éste le cortaban las orejas. Por los dos pares recibían una recompensa mayor.
Incluso llegaban al extremo de inocular a los niños que podían atrapar con ciertas materias patógenas y los dejaban volver a los bosques. El fin de esta práctica era contagiar con ellas también a los adultos.
Existen testimonios que indican que durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, los barcos que pasaban por el Estrecho de Magallanes o por la costas oriental y sur de la isla realizaban prácticas de tiro utilizando como blanco a los indios onas: cuando divisaban a lo lejos una fogata, o una toldería, disparaban contra ellas. Se ignora la cantidad de víctimas que causaron tales prácticas.
Finalmente, luego de los enfrentamientos directos, se dio paso a un segundo plan: erradicar a todos los indígenas existentes en la isla para ser enviados a la misión de Dawson. En aquella apartada isla, los indígenas sucumbieron rápidamente frente al avasallador avance de la colonización. A las innumerables mermas de población ocasionadas por las verdaderas cacerías de que fueron objeto a manos de las estancias, debía agregarse los estragos provocados por el contagio de diversas enfermedades, las que en definitiva terminaron por ocasionar un daño tanto o mayor que las cacerías humanas dirigidas. De acuerdo a los datos de las fuentes, más de 1500 murieron en sólo 40 años a causa de contagios y proliferación de enfermedades propias de las poblaciones colonizadoras.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Tierra Bola de Nieve

Hasta hace cincuenta millones de años, la Tierra no tuvo eras glaciales regulares, pero cuando empezamos a tenerlas tendieron a ser colosales. Hace unos 2.200 millones de años se produjo un congelamiento masivo, al que siguieron unos mil millones de años de calor. Luego hubo otra era glacial aún mayor que la primera; tan grande que algunos científicos denominan al periodo en el que se produjo el Criogénico, o era hiperglacial. Pero la denominación más popular es la de Tierra Bola de Nieve.
Pero Bola de Nieve no indica bien lo terrible de las condiciones que imperaban. La teoría es que, debido a una disminución de la radiación solar del 6% aproximadamente y a una reducción de la producción (o retención) de gases de efecto invernadero, la Tierra perdió casi toda su capacidad de conservar el calor. Se convirtió toda ella en una especie de Antártida. Las temperaturas llegaron a descender unos 45ºC. Es posible que se congelase toda la superficie del planeta, alcanzando el hielo en los océanos los 800 metros de espesor en las latitudes más altas y hasta decenas de metros en los trópicos.
Si la Tierra se congeló, se plantea la difícil cuestión de cómo llegó a calentarse de nuevo. Un planeta helado reflejaría tanto calor que se mantendría congelado para siempre. Parece ser que la salvación pudo llegar de nuestro interior fundido. Tal vez debamos dar las gracias, una vez mas, a la tectónica por permitirnos estar aquí. La idea es que nos salvaron los volcanes, que brotaron a través de la superficie enterrada, bombeando gran cantidad de calor y de gases que fundieron las nieves y reformaron la atmósfera.
Curiosamente, al final de este periodo hiperfrígido se produjo la expansión cámbrica, el acontecimiento primaveral de la historia de la vida. Puede que no fuese en realidad un periodo tan tranquilo. Lo más probable es que la Tierra fuese pasando mientras se calentaba por el peor tiempo que haya experimentado, con huracanes tan poderosos como para alzar olas de la altura de los rascacielos y desencadenar lluvias de una intensidad indescriptible.
Las eras glaciales más recientes parecen fenómenos de una escala bastante pequeña comparadas con una irrupción criogénica, pero fueron sin lugar a dudas inmensamente grandes para las pautas de cualquier cosa que exista hoy en la Tierra. La capa de hielo wisconsiana, que cubrió gran parte de Europa y de Norteamérica, tenía más de tres kilómetros de espesor en algunos lugares y avanzaba a un ritmo de 120 metros al año. Debía de ser todo un espectáculo. Las capas de hielo podrían tener un grosor de casi 800 metros incluso en su extremo frontal. Imagina que estás situado en la base de una pared de hielo de esa altura. Detrás de ese borde, por toda un área que mediría millones de kilómetros cuadrados, sólo habría más hielo y no asomarían por encima de él más que unas cuantas cumbres de las montañas más altas aquí y allá. Continentes enteros estaban aplastados bajo el peso de tanto hielo y aun siguen elevándose para volver a su posición ahora 12.000 años después de que se retiraran los glaciares. 

Fuentes:
Bryson, Bill: Una breve historia de casi todo.
http://www.argentour.com/en/national_park/los_glaciares.php

martes, 6 de noviembre de 2012

La Patagonia rebelde y Héctor Benigno Varela

En noviembre de 1920 estalló en Santa Cruz (provincia del sur de Argentina) la huelga de peones rurales que pasó a la historia como La Patagonia Rebelde o la Patagonia Trágica.
Durante el periodo de la 1ª Guerra Mundial, la Federación Obrera Regional Argentina había organizado en Río Gallegos (capital de la provincia de Santa Cruz) la Sociedad Obrera de Río Gallegos dirigida por el anarquista español, Antonio  Soto, conocido como "el gallego Soto". Santa Cruz era un centro de producción de lana con destino a la exportación, con grandes latifundios y frigoríficos ingleses. La baja demanda de los stocks de lana que estaban acumulados al finalizar la Primera Guerra Mundial y la caída del precio de la lana en el mercado internacional  darán lugar a una profunda crisis regional. Esta afectó a los estancieros y comerciantes, pero repercutió aún más sobre los trabajadores laneros y los peones rurales, que vivían en condiciones miserables. La jornada normal de los obreros era de 12 horas, la de los esquiladores y los arrieros rondaba las 16 horas; los salarios eran ínfimos y frecuentemente eran pagados en bonos o en moneda extranjera (solo aceptada en algunos comercios y por un valor menor al real).
La huelga de protesta en septiembre de 1920 contra las arbitrariedades de la autoridad policial, el boicot a varios comerciantes ligados a la Sociedad Rural y la detención de los dirigentes de la Sociedad Obrera iniciaron el conflicto.  Acudieron delegados de toda la provincia, que discutieron las medidas a exigir a la Sociedad Rural. En esta situación, los obreros congregados en la Sociedad Obrera presentaron a la patronal un pliego de reivindicaciones exigiendo la mejora de las condiciones laborales.
Entre otras demandas, los obreros exigían que en recintos de 16 m² no durmieran más de tres hombres, que se entregase un paquete de velas a cada obrero mensualmente, que no se trabajase los sábados, raciones de alimentos más abundantes, un sueldo mínimo mensual de 100 pesos y el reconocimiento de la Sociedad Obrera como el único representante legítimo de los trabajadores.
Estas reivindicaciones fueron rechazadas por la organización de los estancieros, la Sociedad Rural. La respuesta de los trabajadores fue declarar la huelga general en toda Santa Cruz.
Frente a estos hechos, Yrigoyen (el presidente de la República) designó a Varela* para intentar limar asperezas entre las partes. Después de entrevistarse con los huelguistas, se llegó a un principio de acuerdo que, al retirarse Varela de las tierras patagónicas, los estancieros no cumplieron. La huelga volvió a iniciarse.
Frente a esta vuelta a la huelga, Varela es de nuevo enviado a Santa Cruz.
El 10º Regimiento de Caballería a cargo de Varela llegó a Río Gallegos el 10 de noviembre de 1921. Apenas llegado, Varela impuso la "pena de fusilamiento" contra los peones y obreros en huelga.
Las tropas de Varela persiguieron a los obreros a sangre y fuego durante más de un mes, fusilando a la mayoría de ellos.
El hecho que mejor ilustra los métodos criminales utilizados por Varela fue el asesinato de José Font (alias Facón Grande), que fue asesinado por orden del propio Varela cuando lo convocó para dialogar sobre un principio de acuerdo.
En total, fueron fusilados 1.500 peones de campo, obreros y sindicalistas patagónicos como represalia.
Terminada la matanza, el teniente coronel Héctor Benigno Varela fue nombrado director de la Escuela de Caballería de Campo de Mayo por Hipólito Yrigoyen. Después de la ceremonia, fue invitado a participar en una cena en su honor ofrecida por la Liga Patriótica Argentina y un grupo de empresarios anglosajones que le cantaron for he’s a jolly good fellow (”porque es un chico excelente”). La película La Patagonia rebelde de 1974 recrea este momento.
El 27 de enero de 1923, un año después de la finalización de la matanza en Santa Cruz, llegó el final para Varela.
Cuando salía de su casa, Kurt Gustav Wilckens, un obrero alemán de ideas anarquistas, le arrojó una bomba y le disparó cuatro tiros, como los cuatro tiros que ordenaba dar el mismo Varela.


http://www.pagina12.com.ar/especiales/archivo/peronismo_feinmann/CLASE85.pdf
http://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%A9ctor_Benigno_Varela
http://blog.rtve.es/cafedelsur/

*Un año antes, Varela participó activamente en la represión de la Semana Trágica, en enero de 1919, bajo el mando de Luis Dellepiane. Los incidentes dejaron un saldo de entre 141 a 700 muertos (según la fuente que se consulte) y centenares de heridos. Este suceso es conocido también como el primer pogrom en América Latina, ya que la Liga Patriótica Argentina atacó a la comunidad judía local.