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lunes, 9 de julio de 2018

La guerra de los chimpancés

Entre 1974 y 1978, una guerra tribal se desencadenó en Tanzania. Después de la muerte de un líder local, se formaron dos facciones rivales que se enzarzaron en la clásica guerra de guerrillas. Al final, el grupo del norte eliminó sistemáticamente al grupo del sur, matando a casi todos sus miembros, incluso a las crías, y secuestrando a los supervivientes. Todos los participantes eran chimpancés.
Hasta la década de 1960, se realizaron pocos esfuerzos para estudiar a los grandes simios en la naturaleza. Eso cambió cuando Louis Leakey, el eminente paleontólogo africano, decidió que una forma de aprender más sobre las posibles estructuras sociales de los antepasados ​​humanos primitivos era estudiar a nuestros parientes vivos más cercanos. Así que asignó tres estudiantes a la tarea: uno fue enviado a Borneo para estudiar orangutanes, otro fue enviado a Ruanda para estudiar los gorilas, y una tercera, Jane Goodall, fue enviada al bosque de Gombe, en Tanzania, para estudiar a los chimpancés.

Durante las siguientes cinco décadas, Jane Goodall descubrió mucho sobre los chimpancés que no se había conocido antes. Los chimpancés, nuestros parientes genéticos más cercanos, eran misteriosamente humanos: formaban grupos sociales muy unidos y complejas estructuras políticas que se basaban en alianzas y asociaciones. Tenían un conocimiento profundo de su entorno natural y podían utilizarlo inteligentemente; incluso eran capaces de seleccionar plantas con propiedades medicinales cuando las necesitaban. Los chimpancés eran capaces de hacer y usar herramientas, incluyendo martillos de piedra para romper nueces, ramas deshojadas para "pescar termitas" y lanzas de madera afiladas para cazar pequeños animales, y organizarse en formaciones sociales con una cultura local propia que pasaba de generación en generación.

Gran parte de lo que sabemos hoy sobre la vida de los chimpancés en la naturaleza prcede de Jane Goodall y su trabajo.

Pero Goodall también se enfrentó a algunas críticas. Ella (y otros) llegaron a ver a los chimpancés como gente peluda, una especie de banda hippie que vivía pacíficamente en armonía con la madre naturaleza, en contraste con los humanos destructivos y guerreros. Hubo acusaciones de que estaba permitiendo que el antropomorfismo y la implicación emocional con sus sujetos de estudio nublaran e influyeran en su juicio científico.

La desilusión vino en 1974.

Tres años antes, el líder alfa masculino de una de las tropas en Gombe, a quien Goodall había llamado Leakey, murió. Aunque ella no lo reconoció en ese momento, sus notas de campo detalladas mostrarían más tarde que esto produjo una división en el grupo que más tarde sería fatal para muchos de ellos.

Las comunidades de chimpancés se basan en una estructura política jerárquica. En la parte superior se encuentra el macho alfa. Además de copular con todas las hembras del grupo, también funciona como "líder tribal": toma todas las decisiones sobre dónde se moverá la tropa, cuándo es el momento de alimentarse o dormir, y cómo reaccionar frente a bandas vecinas. Pero el macho alfa no puede gobernar solo: su posición depende de una compleja red de alianzas y asociaciones con otros machos del grupo. El resultado es un paisaje político complejo en el que las facciones se forman (y se rompen),

Como el líder alfa, Leakey había sido fuerte, bien apoyado por una alianza de lugartenientes, y había sido capaz de mantener el orden en la tropa, que consistía en unos 15 machos y 15 hembras.

Después de su muerte en 1971, el liderazgo recayó en Humphrey, un gran macho adulto. Humphrey no tenía la extensa red de apoyo que Leakey tenía, y en poco tiempo su liderazgo fue desafiado por un par de hermanos menores llamados Charlie y Hugh. Durante un período de años, el resto de la banda eligió su bando. La facción "insurgente" de Charlie / Hugh comenzó a pasar cada vez menos tiempo con los demás: tendían a acicalarse mutuamente e ignorar a la facción de Humphrey, y viceversa.

Eventualmente, la división se volvió tanto física como social: la facción de Charlie / Hugh se mudó a un pedazo de territorio al sur y se hizo conocida como la tropa Kahama, mientras que la facción de Humphrey permaneció en el norte y fue etiquetada como la tropa de Kasakela. Goodall presumió que la división resultaría en dos nuevos grupos permanentes, el grupo Kahama con 7 machos adultos y 3 hembras, y el grupo más grande de Kasakela con 8 machos y 12 hembras.

En cambio, lo que sucedió a continuación fue extraordinario.

La tropa de Kasakela comenzó lo que solo podía describirse como una campaña sistemática de violencia contra los Kahamas. Grupos de machos de Kasakela comenzaron sigilosamente a entrar en el territorio Kahama, aparentemente en busca de algo. En enero de 1974 se hizo evidente lo que estaban buscando: una banda de seis machos Kasakela rodearon a un joven Kahama llamado Godi, que estaba comiendo frutas en un árbol, solo. Los Kasakelas lo persiguieron, derribaron y lo arrastraron al suelo, y, mientras varios de los machos sujetaban a Godi por los brazos y las piernas, los otros lo golpeaban con una roca y lo mordían. Godi se arrastró lejos y nunca más fue visto, presumiblemente murió de la paliza.

Los Kasakelas parecían estar usando una táctica deliberada que aprovechaba la ecología de los chimpancés. Aunque los chimpancés son animales muy sociales, una cosa que normalmente no hacen es compartir comida. Cuando se trata de buscar comida, cada adulto está solo. Y dado que un grupo grande de chimpancés rápidamente barrería cualquier área dada de sus recursos comestibles, el patrón habitual es que cada chimpancé se aleja de los demás por la mañana para alimentarse en el bosque circundante, volviendo al grupo más tarde por la tarde.

Los machos Kasakela parecían estar entrando intencionadamente en el territorio de Kahama y buscando individuos solitarios separados de su tropa durante su tiempo de alimentación, cuando eran vulnerables al ataque. Era una guerra de guerrillas clásica.

Usando estas tácticas, los Kasakelas, durante los siguientes cuatro años, buscaron sistemáticamente y tendieron una emboscada a los machos Kahama, uno a uno. En una acción paralela macabra, una de las hembras Kahama, llamada Pasión, comenzó a secuestrar, matar y comerse a los bebés de su propio grupo, tal vez debido al estrés que sufría.

En 1977, mataron a los machos Kahama Charlie y Sniff: fueron los últimos machos que quedaban. Sin machos, los invasores Kasakela se volvieron hacia las hembras. Tres de ellas fueron arrastrados por la fuerza al territorio de Kasakela, otro fueron golpeadas y mordidas hasta la muerte, y el resto desapareció y, presumiblemente, también fueron asesinadas. Todos sus bebés también fueron masacrados. En 1978, el grupo Kahama ya no existía.

Fue aniquilado total y sistemáticamente.

https://www.shutterstock.com/g/surz
Para Goodall, la desilusión fue devastadora. Más tarde escribió: "A menudo, cuando me despertaba por la noche, imágenes inesperadas surgían espontáneamente en mi mente". Una imagen que le afectaba particularmente era la de un macho joven llamado, irónicamente, Satanás, ahuecando sus manos para atrapar la sangre que manaba de la cara de un varón Kahama moribundo.

La Guerra de Chimpancés de Gombe electrificó y dividió a la comunidad científica. Para algunos, se consideró una prueba de que la violencia entre tribus y entre primates es genética, una parte inalterable de nuestro pasado​​ y de nuestros parientes más cercanos, así como de nosotros mismos. Para otros, la Guerra de Gombe fue solo una aberración: algunos argumentaron que fue provocada por la presencia de la propia Goodall, otros argumentaron que fue causado por una sobrepoblación temporal y por la escasez de recursos. Aún se discuten los motivos.

http://www.bbc.com/mundo/noticias-43628595
https://es.gizmodo.com/la-primera-guerra-civil-sin-humanos-duro-4-anos-y-una-1786793115

miércoles, 22 de abril de 2015

El genocidio selknam

Por genocidio selknam (genocidio selk'nam o genocidio ona) se conoce a los hechos definidos como genocidio ocurridos entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX en contra de los selknam u onas, pueblo amerindio de la isla Grande de Tierra del Fuego, cuya última representante pura, Ángela Loij, falleció en 1974, sobreviviendo actualmente descendientes mestizos de esta etnia.

Hacia fines del siglo XIX la isla Grande de Tierra del Fuego concitó el interés de grandes compañías ganaderas. La introducción de las estancias ovejeras creó fuertes conflictos entre los nativos y los colonos europeos, argentinos, chilenos y loberos chilotes, conflicto que adquirió ribetes de guerra de exterminio. Las grandes compañías ovejeras llegaron a pagar una libra esterlina por cada selknam muerto, lo que era confirmado presentando manos u orejas. Las tribus del norte fueron las primeras afectadas, iniciándose una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar a las masacres. En busca de alternativas a la matanza, en 1890 el Gobierno chileno cedió la isla Dawson, en el estrecho de Magallanes, a sacerdotes salesianos que establecieron allí una misión. Los selknam que sobrevivieron al genocidio fueron virtualmente deportados a la isla, que en un plazo de 20 años cerró, dejando un cementerio poblado de cruces. 
La llegada de chilenos, argentinos y europeos al territorio selknam trajo consigo un conflicto asimétrico entre aventureros, colonos, buscadores de oro y ganaderos por un lado y los selknam por otro. La ocupación de los territorios desató represalias por parte de los selknam, que no dudaron en defenderse de las muertes, violaciones y vejaciones desatadas por años. El resentimiento fue un estado permanente, manifestándose con animosidad hacia los empleados de estancias, rompiendo los cercos, arreando grandes cantidades de animales, quemando casas y atacando a hombres
Pero esta actitud, no logró traducirse en un verdadero ambiente bélico por las claras desventajas materiales que poseían los selknam frente a todo el dispositivo establecido para su ataque y captura. Esta diferencia fue el elemento clave que no permitió generar una resistencia por parte de los indígenas para permanecer en sus territorios, y en consecuencia la rendición y la resignación forzada, fue una de las tantas causas para su desaparición como pueblo establecido.
Gusinde relata cómo los cazadores «enviaban los cráneos de los indios asesinados al Museo Antropológico de Londres, que pagaba ocho libras por cabeza»
En esa época, algunos estancieros trajeron fuertes mastines de Europa. Los cazadores de hombres soltaban estos animales peligrosos cuando sorprendían o rodeaban un campamento. Los perros hacían salir a los aborígenes de su escondite para llevarlos ante los cañones de los fusiles o herían gravemente en el cuello a los niños, que se desangraban rápidamente.
La cacería tenía más éxito cuando una india en avanzado estado de gravidez caía en manos de los blancos. Clavaban la bayoneta en el vientre de la indefensa, le arrancaban el feto y también a éste le cortaban las orejas. Por los dos pares recibían una recompensa mayor.
Incluso llegaban al extremo de inocular a los niños que podían atrapar con ciertas materias patógenas y los dejaban volver a los bosques. El fin de esta práctica era contagiar con ellas también a los adultos.
Existen testimonios que indican que durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, los barcos que pasaban por el Estrecho de Magallanes o por la costas oriental y sur de la isla realizaban prácticas de tiro utilizando como blanco a los indios onas: cuando divisaban a lo lejos una fogata, o una toldería, disparaban contra ellas. Se ignora la cantidad de víctimas que causaron tales prácticas.
Finalmente, luego de los enfrentamientos directos, se dio paso a un segundo plan: erradicar a todos los indígenas existentes en la isla para ser enviados a la misión de Dawson. En aquella apartada isla, los indígenas sucumbieron rápidamente frente al avasallador avance de la colonización. A las innumerables mermas de población ocasionadas por las verdaderas cacerías de que fueron objeto a manos de las estancias, debía agregarse los estragos provocados por el contagio de diversas enfermedades, las que en definitiva terminaron por ocasionar un daño tanto o mayor que las cacerías humanas dirigidas. De acuerdo a los datos de las fuentes, más de 1500 murieron en sólo 40 años a causa de contagios y proliferación de enfermedades propias de las poblaciones colonizadoras.

lunes, 16 de febrero de 2015

Los microenemigos que acabaron con el ejército de Napoleón

La invasión del Imperio ruso liderada por Napoleón en 1812 fue un punto de inflexión en el transcurso de las Guerras Napoleónicas. La campaña redujo a las fuerzas de invasión francesas y aliadas a menos del diez por ciento de su capacidad inicial.
En junio de 1812, la Grande Armée de Napoleón, formada por 691.500 hombres, el mayor ejército jamás formado en la historia europea hasta ese momento, cruzó el río Niemen y enfiló el camino de Moscú. En ese momento, la Grande Armée se componía de una fuerza central de asalto de 250.000 soldados bajo el mando personal del Emperador, otras dos líneas de frente bajo el mando de Eugène de Beauharnais (con 80.000 hombres) y Jérôme Bonaparte (con 70.000). Además, contaba con tropas austriacas, alemanas, polacas, italianas, españolas (con unos cinco mil soldados), portuguesas, suizas y croatas.
Napoleón decidió invadir Rusia para obligar al Zar a volver a aliarse con él en su bloqueo continental a Inglaterra. Sin embargo, lo que suponía que iba a ser una campaña rápida y sencilla se convirtió en una de las mayores catástrofes militares de la Historia: menos de 30.000 soldados napoleónicos sobrevivieron a la incursión que prácticamente supuso la destrucción de la Grande Armée.
El ejército francés cruzó toda Europa. Al pasar por Polonia, zona endémica del temible tifus, los soldados fueron presa de un engorroso ataque de piojos y garrapatas, cuyas picaduras se trataban con gasas impregnadas en vino o con malvavisco. En aquel momento se ignoraban las posibles consecuencias, pero con el paso de los días las picaduras se convirtieron en grandes erupciones en la piel. Los soldados intentaban aliviar los terribles picores que provocaban rascándose tan fuerte que se hacían heridas aún más grandes. Después, las altas fiebres se apoderaban de sus cuerpos provocando desvanecimientos. Cayeron más soldados enfermos que en la batalla.
Sabiendo que el enfrentamiento con los franceses en combate abierto supondría el sacrificio del ejército ruso, los generales rusos se vieron obligados a retirarse una y otra vez. Finalmente, se consiguió establecer una posición defensiva en Borodinó (tras un encontronazo sin resultados en Smolensk en agosto). La Batalla de Borodinó, el 7 de septiembre, fue el día más sangriento de combates en la historia humana (unos 125 muertos en un solo día) y se saldó con victoria francesa. Aquel día, Napoleón sufría fiebre.
Y además, el ejército estaba siendo objeto de los ataques de otro enemigo. Un enemigo tan poderoso como minúsculo, casi invisible, que no diferenciaba ningún bando, atacando a mansalva tanto a rusos como a soldados imperiales. Las picaduras de los piojos estaban dando sus frutos. Los propios oficiales, al rascarse, se esparcían por sus heridas, cada vez más abiertas, la munición de estos artrópodos: una miríada de bacterias penetraba en el torrente circulatorio y provocaba inflamaciones en los vasos sanguíneos, llegando a afectar a casi todos los órganos.
Después de Borodinó, el ejército francés ocupó la desolada Moscú y, después, inició la retirada.
Mapa de Charles Minard (1869) que muestra el movimiento, las pérdidas humanas
y la temperatura ambiental durante la campaña de Napoleón contra Rusia en 1812.
Fue una pesadilla: falta de abastecimiento, hambre, tifus, piojos y el despiadado invierno ruso, sembraron de cadáveres y moribundos la vasta estepa. “Los microbios son nuestros peores enemigos”, formularon los médicos franceses.  Recordándonos a Felipe II, el emperador afirmó “Vine a pelear contra hombres, no contra la Naturaleza”.
Fuentes:
http://blogs.20minutos.es/ciencia-para-llevar-csic/2014/07/02/los-microenemigos-que-acabaron-con-el-ejercito-de-napoleon/
http://es.wikipedia.org/wiki/Invasi%C3%B3n_napole%C3%B3nica_de_Rusia
http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Borodin%C3%B3
http://es.wikipedia.org/wiki/Invasi%C3%B3n_napole%C3%B3nica_de_Rusia#mediaviewer/File:Minard.png
http://www.guntherprienmilitaria.com.mx/articulo43.html

viernes, 1 de agosto de 2014

Cinco libras por un aborigen. Tasmania

Aunque los británicos la llamaron Black War (Guerra Negra), no se declaró ninguna guerra. De esta forma, denominan los ingleses al exterminio de los aborígenes de Tasmania promovido directamente por el Imperio británico.
La isla de Tasmania está situada a doscientos cuarenta kilómetros al sureste de Australia. La isla estaba poblada por aborígenes de tez negra, pelo rizado, baja estatura (los hombres 1,60 y las mujeres 1,48 metros) y de complexión delgada, dedicados a la caza y la recolección con medios muy rudimentarios.
Tuvieron la mala suerte de que el navegante holandés Abel Tasman Jansen arribase a sus costas en 1642. Hasta que en 1855 comenzó a denominarse Tasmania por su descubridor, se llamaba Tierra de Van Diemen por Anthony Van Diemen, gobernador general de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en aquella época. Más tarde pasaron por allí franceses y británicos que comenzaron a esclavizar a muchos aborígenes.
Desde la llegada de los primeros barcos con colonos europeos en 1772 los habitantes autóctonos tasmanos fueron utilizados como fuerza de trabajo esclava y fuente de placer sexual, fueron torturados y mutilados. Se cazaban y se vendían sus pieles como si fuesen animales peligrosos exóticos. 
En 1803, los británicos establecieron una colonia penal en Tasmania y la isla comenzó a recibir lo mejor de cada casa. Con estos indeseables también llegaron colonos dispuestos a conseguir terrenos donde establecerse sin respetar los territorios de caza de los aborígenes. Poco tardaron en llegar los primeros enfrentamientos entre los colonos, apoyados por el ejército británico, y los nativos del lugar que siempre llevaron las de perder. Hacia 1830 el número de tasmanos se había reducido de unos cinco mil a sólo 220 o 72 -según las fuentes- que fueron finalmente recluidos hasta su muerte. 
En 1826, el Tasmania Colonial Times justificaba este exterminio como autodefensa:
"No estamos aquí por nuestra labor filantrópica. La autodefensa es la primera ley de la naturaleza. Si el gobierno no elimina a los nativos, serán cazados como fieras".
Para acabar con aquel problema por la vía rápida, en 1828 se autorizó la caza de aborígenes estableciendo una recompensa de cinco libras por la captura de un adulto y dos libras por un niño. En 1860 murió el último hombre tasmano y, como recuerdo, el miserable George Stokell, de la Royal Society of Tasmania, ordenó que desollasen su cuerpo para hacerse una cartera. La última mujer tasmana, Truganini, murió en 1876. El genocidio había terminado.

http://canarias-semanal.org/not/13763/cuando-se-pagaban-cinco-libras-por-la-captura-de-un-aborigen-en-tasmania/
http://www.canningstockrouteproject.com/history/story-aboriginal-guides/
http://es.wikipedia.org/wiki/Tasmania

sábado, 26 de julio de 2014

Caballeros y armaduras

Es muy común ver en televisión y en películas a los caballeros de la Edad Media que apenas pueden moverse por culpa de sus armaduras, además de que, a pesar de cargar con tanta defensa, terminan siendo asesinados por un arco u otra espada. En realidad, las armaduras no eran tan pesadas y eran extremadamente difíciles de atravesar.
Las armaduras más pesadas tenían un peso aproximado de 23 kilogramos, casi el mismo que el equipo de un soldado actual, y quienes fabricaban armaduras se aseguraban de que estas permitieran una gran movilidad a su usuario.
En tiempos modernos se han hecho pruebas con personas no entrenadas para ser caballeros usando estas armaduras, demostrando que el usuario puede rodar y moverse casi con completa libertad. Ahora imagina a alguien que desde su infancia se ha entrenado usando estas armas y armaduras.
Las armaduras eran totalmente capaces de repeler un golpe de una espada y, combinando la ropa de piel que se usaba debajo de la armadura, hacían casi imposible matar a alguien con una espada. La única forma de causar una herida mortal era apuntando la espada hacia la cara, con la esperanza de atravesar el necesario hueco en el casco y encajarla en el ojo.
En las películas también vemos a los caballeros caer cuando una flecha los atraviesa. En realidad para derrotar a un caballero con un arco se necesitaba de muchas flechas. Existen muchos escritos de caballeros regresando de la batalla tan llenos de flechas que los escritores los describían como puercoespines, sin estar siquiera heridos.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Cortar cabelleras

El objetivo final de las guerras entre los pueblos aborígenes norteamericanos raramente consistía en la aniquilación del enemigo, el botín era lo más importante: caballos, esclavos, mujeres, niños, etc.
La parte mas importante del enemigo era su cabeza y era un trofeo de guerra muy importante para algunas tribus. En otras, como la Cheyenne, eran los testículos. Sin embargo, la cabellera era una forma muy práctica de indicar el triunfo sobre el adversario, era fácil de quitar, pesaba poco y podía ser un adorno.
Esta bárbara costumbre parece que fue instituida por primera vez en América alrededor del año 1630 por William Kieft, gobernador del antiguo territorio de Nueva Holanda. Los holandeses fueron los primeros y los más espléndidos a la hora de pagar las cabelleras de indios hostiles a ellos. La práctica de cortar cabelleras se difundió rápidamente entre los indios y en los territorios coloniales de ingleses y franceses.
De hecho, quienes lo extendieron por buena parte del interior norteamericano fueron los mercenarios del ejercito francés, ya que los franceses exigían a los guerreros nativos presentar el cuero cabelludo de cada indio muerto para poder cobrar la recompensa. Los pieles rojas empezaron a aplicar el mismo método copiándolo de los colonizadores para causarles el mismo efecto.
Veinte años antes de la Declaración de Independencia de los EEUU, una proclama del parlamento de Massachusetts, del 3 de noviembre dde 1755, declaraba a los indios Penobscot "rebeldes, enemigos y traidores" y ofrecía una recompensa "por cada cabellera de indio macho traído... de cuarenta libras. Por cada cabellera de cada mujer india o joven macho de menos de doce años que se matase... veinte libras..." En esa misma época, en Pensilvania se pagaban unos ciento treinta dólares por la cabellera de un indio  y cincuenta por la de una india.
Las primeras referencias que existen del corte de cabelleras son del pueblo escita en el siglo V aC. Pueblo considerado por los griegos como salvaje y sanguinario: "tomaban la sangre de su primera víctima en una batalla, vestían con cueros cabelludos humanos y usaban cráneos humanos como vasijas". Algunos autores consideran que entre los godos, los francos y los anglosajones  existía esta costumbre sangrienta.

 
* Existen historiadores como James Axtell que afirman que los pueblos nativos americanos sí conocían esta técnica con anterioridad a la llegada de los europeos. Axtell sostiene que existen pruebas arqueológicas, pictóricas y lingüísticas que corroboran su teoría.                                        
 

lunes, 14 de octubre de 2013

Alcazarquivir y el misterio del rey Sebastián


Una gran flota partió de Belem el 24 de junio de 1578, con más de ochocientas naves: galeones, carabelas y galeras que llevaban un total de 20.000 hombres. La gran mayoría eran portugueses, dirigidos por su joven rey, Sebastián, y por prácticamente toda la aristocracia lusa. También participaban voluntarios de todos los países cercanos del occidente europeo, incluido un contingente de España, que embarcó en Cádiz. Entre ellos había un destacamento de tropas enviadas por el papa, bajo el mando del inglés Thomas Stukeley.
Los barcos tomaron tierra en lo que hoy es el puerto de Arzila, a pocas millas de Tánger, donde el ejército debía reunirse con los aliados musulmanes bajo el mando del saadí Mohamed al Masluk, que estaba enfrentado a los otros emires.
El rey Sebastián deseaba restaurar el poderío portugués con una gran acción de conquista. Deseoso de entrar en acción, el joven rey condujo a sus tropas desierto adentro para enfrentarse a unos ejércitos que eran el doble del suyo, bajo el liderazgo de Muley Abd al Malik, el sultán saadí de Marruecos. El ejército de Al Malik era una fuerza profesional que probablemente contaba con setenta mil hombres, incluyendo unos veinticinco mil de caballería.
El 4 de agosto de 1578, el día más caluroso de la estación más calurosa del año, el ejército cristiano, en el que servía la flor y nata de la nobleza portuguesa, con el joven rey de veinticinco años a la cabeza, fue aniquilado por las fuerzas bereberes en una batalla cerca de la ciudad de Alcazarquivir, entre Tánger y Fez. A lo largo de las seis horas de batalla, murieron tal vez ocho mil cristianos (entre ellos, Thomas Stukeley) y alrededor de seis mil marroquíes.
Batalha de Alcácer-Quibir (1578), Museu do Forte da Ponta da Bandeira, Lagos, Portugal.
La masacre fue indudablemente una victoria musulmana. Algunos grupos de cristianos se las arreglaron para escapar, pero más de diez mil de ellos fueron cogidos prisioneros. Los tres jefes militares de la batalla, los llamados «tres reyes», corrieron el peor de los destinos. Abd al Malik, un hombre joven de treinta y cinco años, que ya estaba seriamente enfermo, murió durante la batalla; Al-Masluk pereció ahogado cuando intentaba escapar; y el rey Sebastián se dio por desaparecido, pues su cuerpo no pudo ser identificado en el campo de batalla.
La Europa cristiana se horrorizó ante aquel desastre, pero para Portugal aquel suceso fue mucho más que un desastre. De un plumazo, el país perdía a su rey, casi la totalidad de su aristocracia, y prácticamente todo su ejército.

Fue un desastre de tal envergadura que resultaba difícil asimilarlo, y tal y como se sucedieron los acontecimientos, muchos portugueses simplemente se negaron a creerlo. Hicieron todos los esfuerzos posibles para canjear los soldados cautivos y, con el tiempo, la aristocracia comenzó a recuperarse. Pero el centro de todas las preocupaciones era el rey. ¿Estaba muerto? Si era así, ¿por qué no se había identificado su cuerpo ni se había recuperado? Pasaban los días, pero nada se sabía del rey Sebastián. Los funcionarios de Lisboa finalmente recibieron un mensaje de Tánger en el que se certificaba que el rey había muerto. Dadas las circunstancias, y puesto que no había ningún otro heredero inmediato, se celebró una misa de réquiem en Lisboa y el anciano tío del rey, el cardenal Enrique, fue coronado rey el 28 de agosto.

Transcurrió el tiempo, pero aún no había pruebas fehacientes de la muerte del rey. La creencia más común era que Sebastián había conseguido escapar a la muerte de algún modo, y o bien no había conseguido huir todavía, o estaba vagando por esos mundos conmocionado y perdido...

 

jueves, 18 de julio de 2013

Charles Drew y el racismo


Ilustración de Charles Alson
Durante la 2ª Guerra Mundial, mientras Hitler aplicaba brutalmente sus ideales de la supremacía blanca nórdica sobre las razas inferiores, las fuerzas armadas estadounidenses estaban divididas en razas y la Cruz Roja separaba concienzudamente las donaciones de sangre de los blancos y los negros.
Paradójicamente, fue un médico negro, Charles Drew, quien desarrolló el sistema de bancos de sangre. Sus descubrimientos y su concienzudo trabajo en la organización y administración de bancos de sangre en Europa y el Pacífico durante la Guerra salvaron miles de vidas. Sin embargo, cuando intentó poner fin a la segregación sanguínea, le despidieron.
Años más tarde, cuando resultó gravemente herido en un accidente de coche en 1950, se le negó la admisión al hospital más cercano debido a su raza.  Cuando llegó a un hospital para negros, había perdido tanta sangre que la transfusión fue en vano. 

 

jueves, 6 de diciembre de 2012

Los campos de concentración de Franco

Existe una visión —antes oficial y hoy nostálgica— y una falsa memoria sobre la Guerra Civil y la dictadura de Franco que tienden a infravalorar, o a relativizar, los procesos de violencia política desarrollados durante ambas, con el objetivo de no considerar la represión franquista como el basamento de la larga duración del régimen dictatorial.
Esa ha sido una percepción, heredera de la propaganda franquista, que ha llegado no intacta, pero sí con considerable salud, hasta nuestros días: la de una violencia proporcionada, correlativa a la violencia revolucionaria. La de una violencia, en definitiva, necesaria, sanadora y justificada. Una violencia que, gracias a la bendición eclesiástica que recibió durante la Guerra Civil, no sería cruel y desproporcionada, sino un elemento más de la definitiva lucha entre el Bien y el Mal, entre la ciudad de dios y los sin dios, la antiEspaña.
Pero de proporcionada, puntual o limitada, la violencia franquista tuvo más bien poco. De hecho, la violencia fue un elemento consustancial a la dictadura.
Hoy es ya imposible pensar en ella sin situar en el primer plano del análisis sus 30.000 desaparecidos, los 150.000 fusilados por causas políticas, el medio millón de internos en campos de concentración, los miles de prisioneros de guerra y presos políticos empleados como mano de obra forzosa para trabajos de reconstrucción y obras públicas, las decenas de miles de personas empujadas al exilio, la absurda y desbordada constelación carcelaria de la posguerra española —con un mínimo de 300.000 internos— o la vergonzante represión de género desarrollada por la dictadura que, más allá de la reclusión de la mujer en el espacio privado, llegó a extremos de crueldad cuales el rapto, el robo de niñas y niños en las cárceles femeninas.
Los campos de concentración no se crearon en 1937, como se ha afirmado de manera errónea. Los campos franquistas fueron la respuesta militar e intendente de los mandos facciosos al problema de la acumulación de disidentes, presos y prisioneros de toda índole, en las retaguardias y provenientes de los frentes de guerra. De ellos hay noticias en 1936, sin regulación alguna ni institucionalización, pero con igual naturaleza que los campos posteriores. Lo que ocurrió en  1937 es que  se institucionalizaron estos  campos de concentración (y los batallones de trabajo) bajo un mando (el del coronel-inspector Luis de Martín de Pinillos) y con unos objetivos concretos. Ello obedecía a la imperiosa necesidad de controlar férreamente la creciente masa de prisioneros republicanos que los continuos avances del Ejército proporcionaban. Se crearon más de 180 campos (104 de ellos, estables) donde a los prisioneros de guerra se les internaba, reeducaba, torturaba, aniquilaba ideológicamente y preparaba para formar parte de la enorme legión de esclavos que construyeron y reconstruyeron infraestructuras estatales, como parte del castigo que debían pagar a la “verdadera” España.
Casi medio millón de prisioneros de guerra republicanos pasaron por los campos, auténticos laboratorios de la Nueva España en los que las autoridades sublevadas (principalmente militares y eclesiásticas, aunque también civiles) les sometían a procesos de clasificación y reeducación política, recatolización, depuración, humillación y, finalmente, de reutilización en trabajos forzosos.Como diría en 1941 Isidro Castellón, director de la cárcel Modelo de Barcelona, ellos eran la «diezmillonésima parte de una mierda».
798.12Internados meses o años en centros de deplorables condiciones higiénicas, con escasa alimentación y peor abrigo, los prisioneros de guerra, la antiEspaña en primera instancia, debían rendir tributo en forma de sufrimiento y trabajo a la verdadera España.
De entre los campos de concentración más conocidos en la España de Franco se puede nombrar los siguientes: “Hotel Cemento”, Cervera (Lérida); Campo de Santa Ana, Astorga (León); Miranda de Ebro (Burgos); Campo de Santoña (Santander); San Gregorio (Zaragoza); Campo de Albatera (Alicante); Seminario de Belchite (Zaragoza);  Campo de Moncófar (Valencia); “Cortijo de Cáceres” (Murcia);  Campo de Formentera (Baleares); San Marcos (León); Campo de Valdenoceda (Burgos), para las Brigadas Internacionales; Monasterio de Irache (Navarra)... En Andalucía, fueron tristemente famosos los de “La Rinconada” (Sevilla), Los Merinales en Dos Hermanas (Sevilla), La Corchuela en Dos Hermanas (Sevilla), El Palmar de Troya en Utrera (Sevilla), Ronda (Málaga) o los de la provincia de Cádiz.

sábado, 29 de septiembre de 2012

El carnicero del Somme

En julio de 1916, el general británico Douglas Haig ordenó a once divisiones de soldados ingleses que salieran de sus trincheras y avanzasen hacia las líneas alemanas. Las seis divisiones alemanas comenzaron a disparar con sus ametralladoras. La batalla es recordada principalmente por su primer día, el 1 de julio, en el que los británicos (con unos 110.000 atacantes) sufrieron 57.740 bajas, de las cuales 19.240 fueron mortales. Podían verse todos esos cuerpos retorcidos en tierra de nadie, en el fantasmagórico territorio entre las trincheras enfrentadas.
Haig mantenía unas ideas obsoletas sobre cómo hacer la guerra, más propias de las campañas de mediados del siglo XIX que de una guerra moderna. A diferencia de otros militares de su época, nunca llegó a comprender que la caballería tradicional era un arma en extinción, y que las guerras futuras serían protagonizadas por los nuevos ingenios mecánicos que hicieron su debut en la Gran Guerra, como el carro de combate y el avión. Esta mentalidad caduca es la única que puede explicar, por ejemplo, su obcecación en el uso de inútiles cargas de caballería e infantería durante la Batalla del Somme, a pesar de que él mismo había sido informado de su ineficacia frente a las ametralladoras y trincheras en la Guerra ruso-japonesa de 1905 o en el propio Frente Oriental.
Años después de la Primera Guerra Mundial, el viejo y perspicaz soldado todavía aseguraba que "La ametralladora nunca sustituirá al caballo como instrumento de guerra".
El 1 de enero de 1917, este genio de la estrategia, este hombre clarividente fue ascendido a mariscal de campo.

Ese verano Haig continuó con optimismo hacia la ofensiva final. La tercera batalla de Ypres consistió en una serie de ocho ataques llevados a cabo bajo un torrente de lluvia en un territorio inundado y fangoso. No consiguieron romper el frente enemigo. Todo lo que ganaron fue unos ocho kilómetros que costaron a los británicos alrededor de 400.000 hombres.
Los ciudadanos franceses e ingleses nunca fueron informados de estas carnicerías ni del número de bajas que se estaban produciendo. Tras la batalla, los periódicos londinenses imprimieron lo siguiente:
¿Cómo pueden los civiles ayudar en esta crisis?
Esté animado. Escriba alentadoramente a sus amigos del frente. No crea que sabe más que Haig.

Zinn, Howard: La otra historia de los EEUU
http://es.wikipedia.org/wiki/Douglas_Haig
 

martes, 4 de septiembre de 2012

Henry Ford y Adolfo Hitler: un amor correspondido

Henry Ford siempre sintió un odio visceral hacia los judíos. Jamás ocultó tampoco su repudio hacia el sindicalismo*. Entre 1910 y 1918, Ford fue volviéndose cada vez más xenófobo, más anticomunista y, sobre todo, más antisemita.
En 1919 Henry Ford compró un periódico, el Dearborn Independent, y contrató a William J. Cameron, un conocido periodista, para que le escribiera una columna en dicho periódico a su nombre. Durante este periodo Ford surgió como «un portavoz respetado para la extrema derecha y los prejuicios religiosos» llegando a alcanzar alrededor de 700.000 lectores.
En los años veinte publicó una recopilación de cuatro volúmenes denominada The International Jew, the World's Foremost Problem (El judío internacional, el mayor problema mundial). Vincent Curcio escribe acerca de estas publicaciones que "eran distribuidas  ampliamente y tuvieron gran influencia, en particular en la Alemania nazi, en dónde nada menos que Adolf Hitler las leyó y las admiraba".
Hitler colgó la foto de Ford en la pared y basó varias secciones de Mein Kampf en sus escritos. Es más, Ford es el único estadounidense mencionado en su libro. Probablemente se puede decir, tal y como lo hace Lacey, que "ningún estadounidense contribuyó tanto al nazismo como Henry Ford".
Steven Watts escribió que Hitler reverenciaba a Ford, proclamando que "haré lo que pueda para poner sus teorías en práctica en Alemania". En Mein Kampf (escrita a mediados de los años veinte) Hitler expresó su opinión de que, son los judíos quienes gobiernan las fuerzas de la Bolsa de Valores en la Unión Estadounidense. Cada año les convierte más y más en los maestros que controlan a los productores de una nación de 120 millones. Pero para la furia de ellos, sólo un hombre, Ford, todavía mantiene la total independencia». 
Existen evidencias de que Henry Ford le proporcionó ayuda financiera a Adolfo Hitler cuando éste apenas comenzaba en la política.
La evidencia de esta ayuda está respaldada por declaraciones hechas por Kurt Ludecke, el representante de Alemania ante los Estados Unidos en los años veinte, y Winifred Wagner, hija política de Richard Wagner, quienes afirmaron haberle solicitado ayuda a Ford para impulsar la causa del Nacionalsocialismo en Alemania. Por otra parte, el embajador norteamericano en Alemania, William E. Dodd, dijo en una entrevista que “ciertos industriales norteamericanos tuvieron mucho que ver en el ascenso de regímenes fascistas tanto en Alemania como en Italia”. Cuando hizo estas críticas, el público en general era consciente de que el embajador estaba hablando de Henry Ford porque la misma prensa se encargó de hacer una asociación directa entre las declaraciones de Dodd y el antisemitismo de Ford.
En julio de 1938, meses después del Anschluss, como muestra de la valoración del régimen nazi por su figura y colaboración, el cónsul alemán en Cleveland otorgó a Ford la condecoración de la Gran Cruz de la Orden Suprema del Aguila Alemana, la condecoración más alta que la Alemania Nazi podía otorgar a un extranjero. En la ceremonia Ford fue condecorado con la medalla por Karl Kapp (izquierda), el Cónsul General alemán para Cleveland, y Fritz Hailer (derecha), el Cónsul alemán para Detroit. Un mensaje con la felicitación personal de Hitler cerró la ceremonia de la condecoración, según publicó el periódico Detroit News (31 de julio, 1938). Ford se mostró orgulloso de haber recibido esta condecoración hasta el final de sus días.
Durante la Segunda Guerra Mundial Ford se opuso totalmente en contra de la decisión de Franklin D. Roosevelt de intervenir en la Segunda Guerra Mundial, presionando y mostrando su abierta simpatía por el régimen nazi, al igual que otros destacados personajes de la cultura empresarial norteamericana.
El amor era mutuo, cuando a Hitler se le preguntó acerca del retrato de Henry Ford que colgaba en su oficina, él respondió: “Yo considero a Ford como mi inspiración".  Y cuando se le siguió preguntando acerca de la posibilidad de que Ford se lanzara en pos de la Presidencia de los Estados Unidos, Hitler agregó: “Yo desearía poder enviar algunas de mis tropas de asalto hacia Chicago y otras grandes ciudades norteamericanas para poder ayudarlo”.

*Consideraba que los sindicatos estaban controlados por militantes comunistas más o menos enmascarados. Empleó a pistoleros para reprimir y sofocar las huelgas y protestas de sus propios trabajadores, para lo cual contrató los servicios de la agencia de detectives Pinkerton, más conocida en aquél entonces por sus habilidades para destruir sindicatos que por sus habilidades para resolver misterios.

domingo, 12 de febrero de 2012

La carretera de la muerte: El Guernica debió llamarse Málaga

La ofensiva franquista en la Guerra Civil se abatió sobre Málaga capital a principios de 1937. El 6 de febrero las tropas del general Gonzalo Queipo de Llano (que aseguraba a los malagueños que "sus moros y legionarios violarían a las madres y hermanas”, que les cortarían los senos, y se regodeaba diciendo “malagueños, maricones, ponedle pantalones a la luna”) entraron en la ciudad. La mayoría de los pueblos de la parte occidental de la provincia ya estaba en manos de Franco, y la única salida que quedaba para los milicianos republicanos, las mujeres, los niños y los ancianos era un camino que hoy se recuerda como “la carretera de la muerte”. Entre 100.000 y 150.000 personas salieron de Málaga hacia Almería por la ruta de la costa. Fue la llamada desbandá. Gente que huía de la miseria y del hambre que traía la guerra, pero también escapaba del asedio de la aviación alemana, de los disparos de los barcos italianos, de la marina de guerra franquista y de la metralla que caía desde los montes.
El crucero Canarias, su gemelo el Baleares y otros más jugaron al macabro ejercicio de tiro al plato con gente que estaba atrapada en una ratonera y no podía defenderse. Algunos optaron por volver a Málaga, por cuyo camino de regreso encontraron a gente ahorcada en los árboles, familias enteras ajusticiadas con tiros en la cabeza… Málaga fue un ensayo de lo que ocurrió después.
El infierno no acabó allí. Ya en el puerto de Almería, los que llegaron y esperaban apiñados para ser evacuados (los peligrosos enemigos del fascismo: mujeres, niños y ancianos) también fueron bombardeados con saña por aviones alemanes e italianos, donde murieron otras cincuenta personas y otras tantas resultaron heridas.
Por tierra, mar y aire, durante cuatro días, fueron asesinados miles de civiles inocentes. Saber con precisión cuánta gente murió es imposible. Algunas fuentes hablan de entre 5.000 y 10.000 personas. Muchos cadáveres acabaron en fosas comunes o se los llevó el río Guadalfeo. 75 años después de una de las mayores masacres de España, algunos supervivientes se reunieron en el malagueño Peñón del Cuervo, para rememorar su historia.

Picasso dijo, al conocer lo ocurrido, que su Guernica tendría que haberse titulado Málaga. No se hizo, y lo que fue no una acción de guerra, sino un acto de genocidio consentido, quedó prácticamente en el olvido. Algo que debe ser recordado, nunca olvidado, y sus víctimas, al menos, conocidas y honradas. La historia es memoria. Siempre.



miércoles, 18 de mayo de 2011

La Nakba

El pasado domingo 15 de mayo, los palestinos conmemoraron el 63 aniversario de la Nakba o catástrofe., cuando cientos de miles de personas huyeron o fueron expulsados de sus hogares tras la creación del estado de Israel en 1948.
Este año, miles de personas marcharon sobre las fronteras israelíes y los muros de Gaza, Cisjordania, Siria y Líbano. Las tropas israelíes mataron a 21 manifestantes (10 en Líbano, 8 en Siria, 2 en Gaza y 1 en Cisjordania) y más de doscientos fueron heridos. No hay datos sobre los detenidos
Las Naciones Unidas instaron a la moderación (¿¡!?)


Las 35 fotos en http://www.theatlantic.com/infocus/2011/05/palestinian-protests-on-israels-borders/100067/

lunes, 8 de noviembre de 2010

Nuevas fotos de Magnum

La agencia Magnum publica nuevas fotos de la Guerra Civil


Todas las nuevas fotos (24) en

http://todayspictures.slate.com/20101004/

sábado, 18 de abril de 2009

El horror cotidiano


En enero de 2007, el Holocaust Memorial Museum recibió una donación anónima, un álbum de fotografías con la inscripción, Auschwitz 21.6.1944. La singularidad del libro es doble, ya que apenas existen fotos del mayor campo de concentración nazi, el complejo Auschwitz-Birkenau, y además son las primeras fotografías que muestran la vida diaria de los verdugos.

A pesar de no contener ningún nombre, las fechas y restos de un uniforme hacen pensar que el álbum lo creó el Obersturmführer de la SS Karl Höcker, ayudante del comandante de Auschwitz, SS-Sturmbannführer Richard Baer. Höcker estuvo en el campo desde mayo de 1944 hasta la evacuación en enero de 1945 y se le considera responsable de unas 1.000 víctimas.

Las imágenes muestran la vida y actividades de los captores del campo. Lo cotidiano del horror.

Fotos de jóvenes tomando el sol, cantando a coro o relajándose tras la jornada laboral. Las imágenes horrorizan por lo que no muestran: el campo de concentración de Auschwitz en 1944. Este periodo es el de máxima utilización de las cámaras de gas, con la llegada masiva de judíos de Hungría.

En la imagen, un oficial de las SS toma el sol junto a sus ayudantes. Unos metros más allá, las cámaras de gas trabajan a pleno rendimiento.

Soldados que entonan alegres canciones o ríen junto a las enfermeras, jóvenes felices y despreocupados que pasan una tarde en el campo y se divierten junto a sus compañeros. Estos sonrientes muchachos organizaban los pelotones de prisioneros judíos y les obligaban a desnudarse. Un grupo de ellos cortaba el pelo de las mujeres. Seguidamente, los soldados conducían a sus víctimas a toda prisa hacia las cámaras de gas y escuchaban sus espantosos gritos antes de morir. Según el testimonio de algunos supervivientes, se divertían con el espectáculo y hacían las más variadas bromas. Después, inspeccionaban los cadáveres y sacaban el oro de los dientes y los anillos de los dedos.

Cerca de un total de 1.000 hombres y 200 mujeres de las SS sirvieron como supervisores de vigilancia en el complejo de Auschwitz. Junto a los barracones de sus víctimas, sus instalaciones disponían de una panadería, una barbería, garaje, gasolinera, almacenes y pequeños jardines con fuentes y hermosas flores.

En su descripción de los horrores del campo de Treblinka, Vasili Grossman asegura que aquellos alemanes se aplicaban a la tarea de exterminar gente “como si se tratara de cultivar coliflores o patatas”. “Hacían gimnasia; cuidaban apasionadamente su salud y comodidad de su vida cotidiana” – explica. “Cultivaban jardines y lechos de flores junto a sus barracones. Iban de vacaciones a Alemania varias veces al año, porque sus jefes pensaban que su trabajo era demasiado perjudicial para su salud y querían protegerlos”.

“A veces los hombres de las SS organizaban una especie de picnic junto a los hornos —prosigue Grossman— Se sentaban allí, a barlovento, bebían vino, comían y miraban las llamas…” “Organizaban partidos de fútbol, un coro y bailes para los condenados… Una de las principales diversiones eran las violaciones nocturnas y la tortura de las jóvenes más hermosas, seleccionadas de cada transporte de prisioneros. Por la mañana los propios violadores las llevaban a la cámara de gas”.

El comandante al mando de Auschwitz, Rudolf Höss, vivía a escasos metros de los crematorios, junto a su mujer y sus cinco hijos. Los testimonios de quienes le conocieron aseguran que Höss era un padre y marido ejemplar, un hombre tranquilo y de apariencia bonachona. Según Abram L. Sachar, “estaba orgulloso de su ejemplar vida familiar y de la dedicación a sus hijos y sus mascotas. Recordaba con nostalgia cómo se había visto obligado a irse de una celebración navideña para atender tareas en las cámaras de gas”.
“Cuando su canario murió, —explica Sachar— colocó con ternura su cuerpo en una pequeña caja, puso encima una rosa y lo enterró bajo un rosal del jardín”.