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lunes, 25 de enero de 2016

La Gran Hambruna de 1315-1317

En la primavera de 1315, un periodo de lluvias inusualmente intenso azotó gran parte de Europa. A lo largo de la primavera y el verano, las precipitaciones continuaron, mientras que las temperaturas permanecieron frías. Estas condiciones causaron la pérdida de la mayor parte de la cosecha. Para empeorar las cosas el año anterior había habido una cosecha mediocre. La paja y el heno para el ganado no pudo secarse y no hubo forraje para los animales. El precio de la comida comenzó a subir. Los precios en Inglaterra se doblaron entre la primavera y mediados del verano. La sal, el único medio para conservar la carne, era difícil de obtener porque su producción era extremadamente difícil con un tiempo tan húmedo; su precio pasó de 30 a 40 chelines.
En Lorena, los precios del trigo se incrementaron en un 320 por ciento y la gran mayoría de los campesinos no podían adquirir pan. Los almacenes de grano para emergencias quedaron limitados a la nobleza. La gente comenzó a recolectar raíces, plantas, frutos secos y cereales silvestres. Numerosos documentos de la época dejan constancia de la extensión de la hambruna.

En la primavera de 1316 continuaba lloviendo sobre una población privada de energía y reservas para mantenerse. 
El momento más duro de la hambruna se alcanzó en 1317, mientras se mantenía el clima húmedo. 
Las uvas en los viñedos estaban cubiertas con moho. Un observador escribió, que "no había vino en todo el reino de Francia." Todas las clases sociales se veían afectadas, pero especialmente los campesinos, que representaban el 95% de la población y no tenían reservas de comida. Para intentar aliviar la situación se sacrificaron animales de tiro y se destinó a alimentación el grano reservado para la siembra; los niños eran abandonados a su suerte (como en el cuento de Hansel y Gretel, que recoge la situación extrema que se vivió en estos años) y algunos ancianos renunciaban voluntariamente a la comida para que la nueva generación pudiera salir adelante. Los cronistas de la época relatan muchos incidentes de canibalismo.
Finalmente, durante el verano el clima regresó a sus patrones habituales. Sin embargo, la gente estaba tan debilitada por el hambre y enfermedades como neumonía, bronquitis o tuberculosis, y se había consumido tanta semilla de siembra, que habría que esperar hasta 1325 para que la producción de alimentos regresara a un nivel normal y la población volviera a crecer. Los historiadores estiman que entre un 10 y un 25% de la población de ciudades y pueblos falleció durante la hambruna.
La gran hambruna estuvo limitada a Europa del Norte, incluyendo las Islas Británicas, el norte de Francia, los Países Bajos, Escandinavia, Alemania, Polonia y a algunos de los Países Bálticos. La hambruna quedó limitada al sur por los Alpes y los Pirineos.  
Durante el período cálido medieval anterior a 1300 la población de Europa se había incrementado a un ritmo no demasiado elevado comparado con la explosión demográfica de la Revolución Industrial, pero mantenido durante varios siglos. En algunas zonas se alcanzaron niveles que no serían igualados hasta el siglo XIX; de hecho hay zonas en Francia donde la población actual es inferior a la existente a comienzos del siglo XIV.
William Rosen, el autor de El Tercer Jinete, lo llama "la historia olvidada del hambre." En parte, esto se debe a lo que siguió: la Muerte Negra, que llegó a Europa en 1347 y mató a un tercio de la población; y la Guerra de los Cien Años, que se libró entre 1.337 y 1.453, y tuvo un impacto brutal en la población y en las costumbres de la época. Estas catástrofes llegaron a una población que había quedado físicamente débil y quebrada por el hambre, con lo que aumentó significativamente el daño que hicieron aunque también provocaron que fuese, en parte, olvidada.

http://www.newyorker.com/magazine/2016/01/11/the-next-great-famine
https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_hambruna_de_1315-1317
http://historiaybiografias.com/epidemias_historia/
http://www.surlalunefairytales.com/illustrations/hanselgretel/fordhansel1.html

jueves, 6 de diciembre de 2012

Los campos de concentración de Franco

Existe una visión —antes oficial y hoy nostálgica— y una falsa memoria sobre la Guerra Civil y la dictadura de Franco que tienden a infravalorar, o a relativizar, los procesos de violencia política desarrollados durante ambas, con el objetivo de no considerar la represión franquista como el basamento de la larga duración del régimen dictatorial.
Esa ha sido una percepción, heredera de la propaganda franquista, que ha llegado no intacta, pero sí con considerable salud, hasta nuestros días: la de una violencia proporcionada, correlativa a la violencia revolucionaria. La de una violencia, en definitiva, necesaria, sanadora y justificada. Una violencia que, gracias a la bendición eclesiástica que recibió durante la Guerra Civil, no sería cruel y desproporcionada, sino un elemento más de la definitiva lucha entre el Bien y el Mal, entre la ciudad de dios y los sin dios, la antiEspaña.
Pero de proporcionada, puntual o limitada, la violencia franquista tuvo más bien poco. De hecho, la violencia fue un elemento consustancial a la dictadura.
Hoy es ya imposible pensar en ella sin situar en el primer plano del análisis sus 30.000 desaparecidos, los 150.000 fusilados por causas políticas, el medio millón de internos en campos de concentración, los miles de prisioneros de guerra y presos políticos empleados como mano de obra forzosa para trabajos de reconstrucción y obras públicas, las decenas de miles de personas empujadas al exilio, la absurda y desbordada constelación carcelaria de la posguerra española —con un mínimo de 300.000 internos— o la vergonzante represión de género desarrollada por la dictadura que, más allá de la reclusión de la mujer en el espacio privado, llegó a extremos de crueldad cuales el rapto, el robo de niñas y niños en las cárceles femeninas.
Los campos de concentración no se crearon en 1937, como se ha afirmado de manera errónea. Los campos franquistas fueron la respuesta militar e intendente de los mandos facciosos al problema de la acumulación de disidentes, presos y prisioneros de toda índole, en las retaguardias y provenientes de los frentes de guerra. De ellos hay noticias en 1936, sin regulación alguna ni institucionalización, pero con igual naturaleza que los campos posteriores. Lo que ocurrió en  1937 es que  se institucionalizaron estos  campos de concentración (y los batallones de trabajo) bajo un mando (el del coronel-inspector Luis de Martín de Pinillos) y con unos objetivos concretos. Ello obedecía a la imperiosa necesidad de controlar férreamente la creciente masa de prisioneros republicanos que los continuos avances del Ejército proporcionaban. Se crearon más de 180 campos (104 de ellos, estables) donde a los prisioneros de guerra se les internaba, reeducaba, torturaba, aniquilaba ideológicamente y preparaba para formar parte de la enorme legión de esclavos que construyeron y reconstruyeron infraestructuras estatales, como parte del castigo que debían pagar a la “verdadera” España.
Casi medio millón de prisioneros de guerra republicanos pasaron por los campos, auténticos laboratorios de la Nueva España en los que las autoridades sublevadas (principalmente militares y eclesiásticas, aunque también civiles) les sometían a procesos de clasificación y reeducación política, recatolización, depuración, humillación y, finalmente, de reutilización en trabajos forzosos.Como diría en 1941 Isidro Castellón, director de la cárcel Modelo de Barcelona, ellos eran la «diezmillonésima parte de una mierda».
798.12Internados meses o años en centros de deplorables condiciones higiénicas, con escasa alimentación y peor abrigo, los prisioneros de guerra, la antiEspaña en primera instancia, debían rendir tributo en forma de sufrimiento y trabajo a la verdadera España.
De entre los campos de concentración más conocidos en la España de Franco se puede nombrar los siguientes: “Hotel Cemento”, Cervera (Lérida); Campo de Santa Ana, Astorga (León); Miranda de Ebro (Burgos); Campo de Santoña (Santander); San Gregorio (Zaragoza); Campo de Albatera (Alicante); Seminario de Belchite (Zaragoza);  Campo de Moncófar (Valencia); “Cortijo de Cáceres” (Murcia);  Campo de Formentera (Baleares); San Marcos (León); Campo de Valdenoceda (Burgos), para las Brigadas Internacionales; Monasterio de Irache (Navarra)... En Andalucía, fueron tristemente famosos los de “La Rinconada” (Sevilla), Los Merinales en Dos Hermanas (Sevilla), La Corchuela en Dos Hermanas (Sevilla), El Palmar de Troya en Utrera (Sevilla), Ronda (Málaga) o los de la provincia de Cádiz.

martes, 24 de noviembre de 2009

Hambre



Voz de alarma

En su intervención ante la Cumbre Mundial contra el Hambre, el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon denominó a la actual crisis alimentaria "una voz de alarma para el mañana".
"No puede haber seguridad alimentaria sin seguridad del clima", aseguró Ban.
"Si los glaciares del Himalaya se derriten -advirtió-, se verán afectados los medios de vida y la supervivencia de trescientos millones de personas en China, y cerca de mil millones en toda Asia"
"Los pequeños campesinos de África, que producen la mayor parte de los alimentos del continente y dependen sobre todo de la lluvia, podrían ver sus cosechas mermarse un 50 por ciento en 2020. Tenemos que realizar cambios de envergadura para alimentarnos, y muy especialmente, para proteger a los más pobres y vulnerables", subrayó Ban.

"Conquista trágica"

Tras denominar a los más de mil millones de personas que sufren hambre en el mundo "nuestra trágica conquista de la era moderna", el Director General de la FAO, Jacques Diouf, subrayo la necesidad de producir alimentos en el lugar donde residen los pobres y hambrientos e impulsar las inversiones agrícolas en estas regiones.
"En algunos países desarrollados, entre el dos y el cuatro por ciento de la población pueden producir suficientes alimentos para toda una nación y además exportar, mientras que en la mayoría de los países en desarrollo, entre el 60 y el 80 por ciento de la población no logra cubrir las necesidades nacionales de alimentos", explicó Diouf.
"El planeta puede alimentarse a sí mismo, siempre que se cumplan las decisiones tomadas y se movilicen los recursos necesarios de forma efectiva", añadió Diouf al pedir un incremento de la ayuda oficial al desarrollo, un mayor porcentaje del presupuesto de los países en desarrollo dedicado a la agricultura e incentivos para fomentar las inversiones privadas.
"Eliminar el hambre de la faz de la Tierra requiere 44 000 millones de dólares EE.UU. anuales de ayuda oficial al desarrollo en inversiones en infraestructura, tecnología e insumos modernos. Se trata de una cantidad pequeña si se compara con los 365 000 millones en subvenciones a los productores agrícolas en los países de la OCDE en 2007, o los 1,3 billones de dólares que el mundo gastó en armamento ese mismo año", según Diouf.
El máximo responsable de la FAO recordó que "en los últimos cinco años, diversos países de África, Latinoamérica y Asia han logrado reducir de forma sustancial el número de víctimas del hambre en su territorio". "Ello significa -añadió- que sabemos qué hay que hacer y cómo se debe hacer para derrotar al hambre".
"En los países de bajos ingresos y déficit de alimentos, los programas y planes de seguridad alimentaria existen y están a la espera de fondos y voluntad política para hacerse operativos", explicó.
Diouf subrayó igualmente el hecho de que la seguridad alimentaria va más allá de la producción de alimentos. "Necesitamos protección contra las plagas y enfermedades de plantas y animales que a menudo afectan directamente a la salud humana. Tenemos asimismo que hacer frente a situaciones de emergencia a causa de desastres naturales y conservar la base de recursos nacionales de la producción alimentaria para garantizar su sostenibilidad", añadió.

Mapa interactivo del hambre, muy interesante, en la página oficial de la FAO:

http://www.fao.org/hunger/hunger-home/es/

Otros datos y noticias de interés, en la misma página

http://www.fao.org/index_es.htm