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sábado, 18 de mayo de 2019

La gripe española

La gripe española (también conocida como la gran epidemia de gripe, la epidemia de gripe de 1918 o la gran gripe) fue una pandemia de gripe de inusitada gravedad. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos. Es considerada (junto a la peste negra) la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 20 y 40 millones de personas. 
Se desconoce la tasa de mortalidad exacta de la pandemia de 1918/1920, pero se estima que murieron del 10% al 20% de los infectados. Con alrededor de un tercio de la población mundial (unos 1.800 millones) de aquel tiempo infectada, esta tasa de letalidad significa que entre un 3% y 6% de la población mundial murió. La gripe pudo haber matado a 25 millones de personas en las primeras 25 semanas. Estimaciones más antiguas indicaban que murieron entre 40 y 50 millones de personas, mientras que estimaciones actuales se sitúan entre 50 y 100 millones.

En Estados Unidos la enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley (Kansas) el 4 de marzo de 1918, aunque ya en el otoño de 1917 se había producido una primera oleada en al menos catorce campamentos militares. Y, en algún momento del verano de ese mismo año, este virus sufrió una mutación o grupo de mutaciones que lo transformó en un agente infeccioso letal; el primer caso confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses para participar en la Primera Guerra Mundial. Fue llamada gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que España no se vio involucrada en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad.

Se estima que en China murieron 30 millones de personas, aproximadamente el 35% de la población de aquella época, alcanzando una mortalidad del 40% de la población en algunas zonas. En el ejército chino, al menos el 35% de las tropas que enfermaron murieron. En los Estados Unidos, cerca del 28% de la población padeció la enfermedad y murieron de 500.000 a 675.000 personas. En el Reino Unido murieron 250.000, en España 300.000 (a pesar de que las cifras oficiales redujeron las víctimas a «solo» 147.114 personas),​ en Francia 400.000 y en Italia una cifra similar.​ En la India británica fallecieron de 15​ a 17 millones. Las estimaciones sobre el África subsahariana hablan de 1,5 a 2 millones de víctimas. En Fiyi murió el 30% de la población en sólo dos semanas, mientras que en Samoa Occidental el 40%.
En España, la ciudad de Zamora fue una de las que registraron una tasa de mortalidad más alta, con un pico de un 10,1% en octubre de 1918. A ésta le siguió Burgos. La mayor incidencia de muertes en estas ciudades está relacionada, según  Antoni Trilla, con el culto religioso. En Zamora, las autoridades de la Iglesia Católica indicaron que "el mal podría ser una consecuencia de nuestros pecados y falta de gratitud, la venganza de la eterna justicia ha caído sobre nosotros". Por este motivo, organizaron actos religiosos masivos en la catedral de esta ciudad, lo que contribuyó a la expansión del virus.

En muchos lugares, como en Laredo (Cantabria) y en Medina Sidonia (Cádiz), los medios de comunicación recogieron las quejas de los ciudadanos por la falta de medidas de las autoridades para atajar la epidemia y por la ausencia de médicos. De hecho, entre 1918 y 1919, fallecieron en la comarca de La Janda 1.713 personas: 373 en Alcalá de los Gazules (9.804 habitantes), 650 en Medina Sidonia (13.034) y 690 en Vejer de la Frontera (14.648), calculándose que un 20% de ellas fallecieron a causa de la epidemia.

En Cádiz, los carnavales de 1919 fueron muy limitados. Un bando publicado el 1 de marzo de ese año prohibía las fiestas del carnaval al aire libre, "el uso de disfraces y de caretas así de noche como de día, y en general todos aquellos actos que integran los referidos festejos".

Cuando la pandemia finalmente terminó, había matado alrededor de 25 veces más personas que cualquier otro brote de gripe en la historia. Mató posiblemente a más personas que la primera y la segunda guerra mundial juntas. Como señala Laura Spinney "la gripe reestructuró las poblaciones humanas más radicalmente que cualquier cosa desde la Peste Negra ". 

Cambió el curso de la primera guerra mundial (los alemanes pensaron que les había robado la victoria). Llevó a Suiza, sí, a Suiza, al borde de una guerra civil por la insuficiente respuesta oficial. La forma en que fue tratada en la India colonial dio un gran impulso al movimiento de independencia. En Gran Bretaña desencadenó una preocupación sobre la salud pública que conduciría, 30 años más tarde, al NHS.

La gripe golpeó a ricos y pobres, jóvenes y viejos, mujeres y hombres, blancos y negros. Entre los que se recuperaron se encuentran el primer ministro británico David Lloyd George, el presidente estadounidense Woodrow Wilson, el kaiser alemán y el rey Alfonso XIII de España. Asesinó de Alaska a Zanzíbar. Groucho Marx contrajo la gripe en Nueva York y Mahatma Gandhi en Ahmedabad. Mustafa Kemal Atatürk enfermó en Viena. Haile Selassie cayó enfermo en Addis Ababa. TS Eliot se contagió de gripe en Londres. Otras víctimas que se recuperaron fueron Franklin Roosevelt, Lillian Gish, Franz Kafka, DH Lawrence, Béla Bartók, Walt Disney, Ezra Pound y la aviadora Amelia Earhart. Murieron el pintor Gustav Klimt, el poeta Guillaume Apollinaire, la mano derecha de Lenin, Yakov Sverdlov, Lawrence de Arabia, el diplomático Mark Sykes...

Se cree que desde el siglo XII han tenido lugar algo más de medio centenar de pandemias de gripe, algunas de ellas muy graves, destacando por su nivel de virulencia las habidas en 1580, 1781, 1847 y 1889. Con posterioridad a la gran pandemia de 1918-19, la peor fue la de 1957, originada en China y que llegó a causar unos dos millones de muertes. Sin embargo, la utilización de las sulfamidas y antibióticos, disponibles desde su creación en 1939 y 1945, respectivamente, ha sido un factor clave en el tratamiento médico de las neumonías bacterianas que suelen aparecer como complicación de la infección gripal. 
Ante tales cifras, resulta curioso que este centenario esté pasando tan desapercibido. Puede ser que, como argumentó una vez Walter Benjamin, los silencios sobre los horrores públicos pueden permitir a las sociedades humanas hacer frente a la recuperación colectiva y al progreso. 

jueves, 9 de noviembre de 2017

Las redes sociales

En el invierno de 1906, la revista británica Punch publicó una viñeta humorística sobre el futuro de la tecnología. Bajo el título, "Pronósticos para 1907", una caricatura en blanco y negro mostraba a una típica pareja burguesa de la época sentada en un parque londinense. El hombre y la mujer están separados el uno del otro con antenas que sobresalen de sus sombreros. En sus piernas hay pequeñas cajas negras, escupiendo cintas de teletipo. Una leyenda dice: "Estas dos personas no se están comunicando entre sí. La mujer recibe un mensaje de amor y el caballero, resultados de las carreras".


El dibujante se decantaba por el humor; hoy la imagen parece profética. Un siglo después de su publicación, Steve Jobs dio a conocer el primer iPhone. Hoy, gracias a él, podemos sentarnos en los parques y no solo recibir mensajes de amor y resultados de carreras, sino que podemos conocer todo el saber del mundo con un solo dedo, escuchamos buena parte de las canciones grabadas en todo el mundo y nos comunicamos instantáneamente con todas las personas que conocemos.

Más de dos mil millones de personas tienen ahora esa magia al alcance de la mano que está cambiando la forma en la que hacemos innumerables cosas, desde tomar fotos hasta pedir un taxi. Sin embargo, los móviles también nos han cambiado, han transformado nuestra naturaleza de manera elemental, han modificado  la forma en que pensamos e interactuamos.

La evidencia de este cambio se concreta en un creciente cuerpo de investigación de psiquiatras, neurocientíficos, especialistas en marketing y expertos en salud pública. Lo que muestran estos estudios es que los móviles están causando un daño real a nuestras mentes y a nuestra forma de relacionarnos, se está reduciendo la capacidad media de atención, la capacidad intelectual y las horas dedicadas a las relaciones directas con familiares y amigos. En los niños están creciendo de forma alarmante los casos de TDAH (en los Estados Unidos, un 43% en los últimos diez años) y los suicidios de adolescentes (que se han multiplicado por dos en ese mismo periodo de tiempo).
En España los últimos estudios corroboran estos datos: en la última década han aumentado de forma alarmante los casos de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad)*

En ninguna parte es más evidente la creciente conciencia del problema con los teléfonos inteligentes que en los centros californianos donde fueron creados. El año pasado, antiguos empleados de Google, Apple y Facebook, incluidos antiguos altos ejecutivos, comenzaron a dar la voz de alarma sobre los teléfonos inteligentes y las redes sociales, advirtiendo especialmente sobre sus efectos en los niños. Chris Marcellino, que ayudó a desarrollar las notificaciones automáticas del iPhone en Apple, dijo a The Guardian el otoño pasado que los teléfonos inteligentes enganchan a las personas del mismo modo que los juegos de azar y las drogas. Sean Parker, ex presidente de Facebook, admitió recientemente que la red social fue diseñada para enganchar a los usuarios: "Se está explotando una vulnerabilidad en la psicología humana", dijo. "[Los creadores] sabíamos esto, conscientemente, pero lo hicimos de todos modos".

Ninguno de los denunciantes ha sido más ruidoso que Tristan Harris, un ex gerente de Google, que ha pasado los últimos años de su vida diciéndole a la gente que use menos las tecnologías que él ayudó a crear, a través de una organización sin fines de lucro llamada Time Well Spent, que busca concienciar a los consumidores sobre los peligros de esta nuevas tecnologías.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, se reunió con Harris en la Cumbre Global Progress en Montreal. Este diciembre, el gobierno francés ha decidido que, a partir del próximo septiembre, todos los teléfonos móviles estarán prohibidos en las escuelas francesas, incluso entre clases y durante las pausas para el almuerzo. "Debemos encontrar una manera de proteger a los alumnos de la pérdida de concentración a través de pantallas y teléfonos", dijo el ministro de educación, Jean-Michel Blanquer.

Es importante que tengamos en cuenta que, a diferencia de los televisores y los ordenadores de escritorio, que por lo general están relegados a un cuarto en casa, los teléfonos inteligentes nos acompañan a todos lados. Y nos conocen. Lo que aparece en el suministro de noticias de nuestro iPhone y sus aplicaciones de redes sociales se seleccionan mediante algoritmos para llamar nuestra atención.

Los teléfonos inteligentes están "usando literalmente el poder de computadoras de miles de millones de dólares para descubrir qué ofrecerte", dijo Harris. Por eso no puedes apartar la mirada.

Para garantizar que nuestros ojos permanezcan firmemente pegados a nuestras pantallas, nuestros teléfonos inteligentes y los mundos digitales a los que nos conectan se han convertido en pequeños virtuosos de la persuasión, engatusándonos para que los revisemos una y otra vez, y durante más tiempo de lo que pensamos. Los usuarios promedio miran sus teléfonos unas 150 veces al día, según algunas estimaciones, y casi el doble de lo que creen que hacen, según un estudio de 2015 de psicólogos británicos.  Los usuarios de América del Norte pasan entre tres y cinco horas al día mirando sus teléfonos. Como señala el profesor de marketing de la Universidad de Nueva York, Adam Alter, eso significa que a lo largo de una vida media, la mayoría de nosotros pasaremos unos siete años inmersos en nuestros móviles. En España, un estudio de 2016 afirmaba que el 42% de los usuarios españoles no pasa más de 60 minutos sin consultar mensajes de Whatsapp, y corrobora los resultados británicos, ya que se afirma que cada persona consulta su móvil un promedio de 150 veces al día.**

Algunas de las vulnerabilidades mentales que los teléfonos inteligentes explotan son obvias, otras contradictorias. Por ejemplo, los principios de "recompensas variables" y del condicionamiento operante. Descubiertos por el psicólogo Burrhus Frederic Skinner en una serie de experimentos con ratas y palomas, predicen que es más probable que las criaturas busquen una recompensa si no están seguros de la frecuencia con que se repartirán: en sus experimentos, las palomas, por ejemplo, picoteaban un botón para obtener comida con más frecuencia si la comida se distribuía de manera irregular en vez de a intervalos fijos. Skinner consideró que este es el mecanismo básico del juego y su capacidad de "engancharnos". Es evidente que Facebook*** (sobre todo) y otras redes sociales hacen un uso sistemático de este modelo para hacerlas más adictivas.

Y esta dependencia también afecta a nuestra capacidad de concentración. En 2015, Microsoft Canada publicó un informe que indicaba que el lapso promedio de atención humana se había reducido de 12 a 8 segundos entre 2000 y 2013. Estamos hablando de una reducción mayor del 33% ¡en 13 años! Si estos datos son reales es para preocuparse. Sin embargo,  John Ratey, profesor asociado de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard y experto en trastorno por déficit de atención, dijo que el problema en realidad está empeorando. "No estamos desarrollando las habilidades de atención de nuestro cerebro tanto como solíamos hacerlo", dijo. De hecho, Ratey ha señalado una clara similitud entre sus pacientes TDAH y lo que está ocurriendo a los usuarios de los teléfonos móviles: los síntomas son "absolutamente iguales", dijo.

Un estudio reciente de estudiantes de secundaria chinos encontró algo similar. Entre más de 7.000 estudiantes, la utilización habitual de teléfonos móviles se encontró "significativamente asociada" con los niveles de falta de atención observados en personas con trastorno de déficit de atención.

La distracción continua que generan los móviles también tiene consecuencias en nuestra capacidad intelectual.  En un estudio de 2014, se descubrió que los trabajadores de una empresa británica que realizaba múltiples tareas en medios electrónicos perdieron la misma cantidad de cociente intelectual que las personas que habían fumado cannabis o habían perdido la noche de sueño.

Y, curiosamente, esto afecta incluso a las personas que son disciplinados con el uso de su teléfono inteligente. Eso es lo que descubrieron Adrian Ward y sus colegas en la escuela de negocios de la Universidad de Texas en un experimento el año pasado. Hicieron que tres grupos de personas realizaran una prueba que requería su plena concentración. Un grupo tenía sus teléfonos boca abajo sobre la mesa, otro los tenía en sus bolsos o bolsillos y el último grupo los dejó en otra habitación. A ninguno de los estudiantes se le permitió mirar sus dispositivos durante la prueba. Pero aún así, cuanto más cerca estaban los teléfonos, peor funcionaban los grupos. Esto es, la mera presencia de un teléfono inteligente reduce la capacidad cognitiva disponible y deteriora el funcionamiento cognitivo, a pesar de que las personas crean que están poniendo toda su atención en la tarea que realizan. “Su mente no está pensando en su teléfono, pero ese proceso, el proceso de exigir que no piense en algo, utiliza algunos de sus recursos cognitivos limitados, es una fuga cerebral." Los experimentos se realizaron sobre un total de 800 personas y los resultados fueron siempre los mismos:  no importaba si el teléfono estaba encendido o apagado, o si estaba boca arriba o boca abajo sobre un escritorio. Tener un teléfono inteligente a la vista o de fácil alcance reduce la capacidad de una persona para concentrarse y realizar tareas porque parte de su cerebro está trabajando activamente para no recoger o utilizar el teléfono.

A los 10 años de su invención, en ninguna parte el poder alienante de los teléfonos inteligentes es más problemático que en la relación entre padres e hijos. En pocas palabras, los teléfonos inteligentes están haciendo que las madres y los padres presten menos atención a sus hijos y podrían estar causando daños emocionales. Diversos estudios en Canadá y en los Estados Unidos han detectado el cada vez mayor número de mujeres que envían mensajes de texto y navegan con sus teléfonos mientras amamantan, rompiendo el contacto visual con su bebé. Encontrarse con la mirada, dicen diversos analistas, es "un lenguaje silencioso entre el bebé y la madre".


La deriva digital también afecta a las relaciones familiares. El Centro para el Futuro Digital, un grupo de expertos estadounidense, descubrió que entre 2006 y 2011, la cantidad promedio de horas que las familias estadounidenses pasaron juntas al mes disminuyó en casi un tercio, de 26 a alrededor de 18.  Según otro estudio, casi en el 75 por ciento de los casos, los adultos utilizaban dispositivos móviles durante la comida con sus hijos. Se considera, con razón , que "esto puede generar en ellos sentimientos de inseguridad, de rabia y la creencia de que no son importantes en la vida de sus padres”, y se les da a entender a los pequeños que los momentos de compartir en familia no son importantes y que no es necesario respetar la presencia del otro.

La tecnología mueve miles de millones de euros por las compañías más poderosas del mundo. Miles de millones de personas usamos esa tecnología que nos hace la vida más cómoda, sí, pero que está resultando tremendamente impactante en nuestra sociedad actual. Estamos aprendiendo que estas nuevas tecnologías no son inofensivas. Es necesario regular su uso ¿o no? porque ¿es posible regular su uso?



*** Facebook cuenta, desde junio de 2017, con más de 2000 millones de usuarios. https://crearcomunidad.com/2017/06/29/cuantos-usuarios-tiene-facebook-2/

https://www.theglobeandmail.com/technology/your-smartphone-is-making-you-stupid/article37511900/
https://yourot.com/parenting-club/2017/5/24/what-are-we-doing-to-our-children 
https://www.architecturendesign.net/satirical-illustrations-show-our-addiction-to-technology/ 
https://www.comunicae.es/nota/aumentan-en-espana-los-casos-de-ninos-que_1-1188722/ 
http://www.abc.es/tecnologia/moviles/aplicaciones/abci-cuantas-veces-miramos-espanoles-nuestros-moviles-201607181756_noticia.html 
https://entusiasmado.com/telefono-inteligente-te-menos-inteligente/ 
http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-14708103 

jueves, 12 de enero de 2017

¿Cuál fue el primer idioma?¿De dónde vienen las lenguas? La gran migración que cambió Europa hace cinco mil años

La Torre de Babel es un intento de dar respuesta a una pregunta muy real: ¿Cuál fue el primer idioma y por qué hay ahora tantos?
El siguiente vídeo de TED Ed muestra una breve historia de cómo las lenguas evolucionan, cómo los hablantes de una misma lengua pierden el contacto entre sí y poco a poco se produce deriva lingüísticamente en diferentes direcciones.
Lo más interesante no es simplemente cómo llegamos a tener varios idiomas sino cómo determinamos, sin el beneficio de una máquina del tiempo, que las lenguas modernas están relacionadas. Para ello, los lingüistas comparan un gran número de palabras en diferentes idiomas, en busca de similitudes que no pueden ser explicadas por otros factores, tales como la onomatopeya (la palabra para el gato es algo así como "miau" en varios idiomas, pero es probable que haya una razón obvia para ello) o préstamos (la palabra para el té en la mayoría de lenguas es algo así como te o cha , pero todos parecen tener su origen en las rutas comerciales).
Similitudes que son evidencias sólidas de un ancestro común pueden no verse en un primer momento. Por ejemplo, al comparar palabras  inglesas como father, foot, far y five con las antiguas palabras griegas que significan lo mismo: pater, podos, per y pente, se ve claramente que los términos ingleses comienzan con un sonido "f", mientras que los griegos antiguos comienzan con un sonido "p". Cuando se ensamblan toda una serie de paralelismos sistemáticos como este a través de varios idiomas, se puede empezar a averiguar cuál es el antepasado común, conocido como protolenguaje.
Un misterioso grupo de seres humanos irrumpió desde el este en Europa occidental hace 4.500 años, con tecnologías tales como la rueda y un lenguaje que consideramos como el antepasado de muchas lenguas modernas.
Existen vestigios de estos emigrados orientales en los genomas de casi todos los europeos contemporáneos, según investigadores que analizaron los datos del genoma de casi 100 antiguos europeos. Los primeros Homo sapiens en colonizar Europa eran cazadores-recolectores que llegaron de África, a través de Oriente Medio, hace unos 45.000 años.
La arqueología y el ADN antiguo sugieren que los agricultores del Medio Oriente comenzaron su flujo hacia Europa hace 8.000 años, en sustitución de los cazadores-recolectores en algunas áreas y mezclándose con ellos en otras. Pero el año 2015, un estudio de los genomas de antiguos y actuales habitantes europeos encontró eco no sólo de estas dos ondas procedentes de Oriente Medio, sino también de un tercer grupo enigmático que podría venir de más al este. De hecho, cerca del 25% de la población actual de la Península Ibérica parece tener sus raíces genéticas en estas poblaciones del este de Europa.
Para acotar aún más los orígenes de este linaje fantasma, un equipo dirigido por David Reich, genetista evolutivo y de la población en la Escuela de Medicina de Harvard en Boston, Massachusetts, analizó el ADN nuclear de los cuerpos de 69 personas que vivieron en Europa hace entre 8000 y 3000 años. También examinaron los datos del genoma publicados anteriormente de otros 25 antiguos europeos y también los de Ötzi, el hombre de hielo de 5.300 años que fue descubierto en la frontera entre Italia y Austria.
Su análisis confirmó la llegada de los agricultores del Medio Oriente a Europa hace unos siete u ocho mil años.
https://www.flickr.com/photos/pedrocallealta/
Pero el equipo también encontró la prueba de una migración previamente desconocida, varios miles de años más tarde. ADN recuperado de los pastores de la estepa que vivían en el oeste de Rusia hace unos 5.000 años resultó muy parecido al de los individuos de 4.500 años de edad, procedentes de Alemania, que eran parte de un grupo conocido como la cultura de la cerámica cordada.
Los pastores, llamados los Yamnaya, vivían en la actual Rusia y Ucrania y representan "una migración masiva en el corazón de Europa desde su periferia oriental", afirman Reich y su equipo.
Los ancestros de los Yamnaya sobreviven en diversos grados en los genomas de los europeos contemporáneos, con los grupos del norte, como noruegos, escoceses y lituanos como vínculo más fuerte. La extensión geográfica de la migración Yamnaya no está clara, ni su naturaleza. Pero el equipo de Reich dice que es posible que los inmigrantes orientales sustituyeron totalmente a las poblaciones existentes en Alemania.
Además, los investigadores sostienen que los Yamnaya importaron al menos parte de la familia de lenguas indoeuropeas a Europa. El origen de estas lenguas - que incluyen las lenguas eslavas, romances y germánicas, así como muchas de las lenguas que se hablan en el subcontinente de Asia meridional-, está envuelto en polémica.
Algunos investigadores dicen que estas lenguas se extendieron a través de los agricultores de Oriente Medio hace unos 8.500 años. Pero Reich y su equipo dicen que los datos son más coherentes con la "hipótesis de la estepa", según la cual los pastores que vivieron alrededor de los mares Negro y Caspio propagaron los idiomas alrededor de 6.000 años atrás, después de la domesticación del caballo, la producción de herramientas y armas de bronce más eficaces y la invención de la rueda, que les permitieron viajar grandes distancias y controlar nuevos espacios.

jueves, 16 de abril de 2015

El Efecto Matilda: ser mujer resta puntos


A mediados de los años 60, Jocelyn Bell Burnell llegó a Cambridge como estudiante de doctorado. El equipo al que se incorporó, el del astrofísico Tony Hewish, trabajaba en la detección de los cuásares, objetos astronómicos muy lejanos y tremendamente energéticos. Jocelyn se encargó de analizar la montaña de datos proporcionados por el potente radiotelescopio que también había ayudado a construir. Y en esta tarea se encontró con extrañas señales de radio que se emitían a intervalos regulares. Atribuidas en un principio a alguna lejana civilización extraterrestre, pronto quedó en evidencia que se trataba de fenómenos naturales: estrellas de neutrones que emitían radiaciones periódicas y a las que llamaron púlsares. Tony Hewish recibió el Premio Nobel por este descubrimiento en 1974 junto a Martin Ryle y, sin embargo, la contribución de Jocelyn Bell Burnell no fue reconocida. La ciencia de vanguardia es un trabajo en equipo, pero los premios Nobel solo se conceden a un máximo de tres investigadores. Y son los científicos de prestigio que dirigen los proyectos los que reciben las recompensas y el reconocimiento.
Jocelyn Bell Burnell

Este es un caso de lo que el sociólogo Robert K. Merton denominó ‘efecto Mateo’ en la ciencia. En el evangelio según san Mateo (25, 14-30), la parábola de los talentos se cierra con una lección inquietante: “A todo el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, aun lo que tiene, se le quitará”. Aunque este efecto puede encontrarse en cualquier ámbito de la vida humana, Merton señaló el modo en el que funciona en la ciencia: concentrando cada vez más recursos en forma de mejores puestos de trabajo, financiación, publicaciones o premios en manos de aquellos investigadores que ya han alcanzado reconocimiento, y dificultando que los investigadores que empiezan accedan al sistema de recompensas. Jocelyn, una simple estudiante de doctorado, habría sido una víctima más del efecto Mateo.

Pero para la historiadora de la ciencia Margaret Rossiter la cuestión no termina ahí. Además de ser una estudiante de doctorado con su prestigio científico todavía por construir, Jocelyn Bell Burnell era una mujer. Las mujeres, defiende Rossiter, son más vulnerables al efecto Mateo. Margaret Rossiter bautizó esta variedad como ‘efecto Matilda’, en honor a Matilda J. Gage, sufragista neoyorkina de finales del siglo XIX que identificó y denunció la invisibilización de las mujeres y sus méritos en otros contextos (incluso en la propia Biblia). Rossiter ofrece una larga lista de ejemplos de científicas a las que el sistema de recompensas de la ciencia trató injustamente por su sexo. Las contribuciones de Lise Meitner al descubrimiento de la fisión nuclear o de Rosalind Franklin al de la estructura de doble hélice del ADN, por ejemplo, no fueron reconocidas en su momento, aunque sus colegas varones recibieron sendos premios Nobel por ellas.

Efecto Matilda/IlluScientia /Wikimedia Commons.
Estudios recientes también alertan de que, incluso hoy, ser mujer resta inadvertidamente puntos del currículo científico. Investigadores de la Universidad de Yale mostraron en 2012 cómo los evaluadores (independientemente de su sexo) puntuaban más alto y estaban dispuestos a ofrecer un salario mejor a un potencial candidato a un puesto de laboratorio cuando creían que el currículo que juzgaban era el de un hombre que cuando creían que era de una mujer. En las mejores instituciones científicas del mundo, becas, puestos de trabajo e incluso el espacio en los laboratorios se distribuyen desigualmente entre personas con los mismos méritos y diferente sexo.

Es tan perverso el efecto Matilda (y a menudo tan invisible) que el propio Merton sucumbió al mismo, ya que su publicación sobre el efecto Mateo está basada en las entrevistas y materiales de Harriet Zuckerman. Años después, Merton se casaría con Zuckerman… y también reconocería que aquel artículo debería haberlo firmado en coautoría con ella.

El efecto Matilda multiplica la perversión del efecto Mateo al otorgar más prestigio a los hombres, no por sus méritos científicos, sino por el simple hecho de haber nacido varones.

http://blogs.20minutos.es/ciencia-para-llevar-csic/2015/03/05/efecto-matilda-ser-mujer-resta-puntos-en-el-curriculo-cientifico/
http://es.wikipedia.org/wiki/Jocelyn_Bell_Burnell

miércoles, 3 de diciembre de 2014

La Ola: cuando el fascismo no parece tan malo

En 1967, Ron Jones, profesor del instituto Cubberley de Palo Alto (California), se vio incapaz de explicar a sus alumnos cómo fue posible que los ciudadanos alemanes aseguraran haber ignorado el exterminio de la población judía, y decidió que lo mejor era demostrarlo con un experimento: inventó un movimiento llamado La Tercera Ola. El lema era “Fuerza a través de la disciplina, fuerza a través de la comunidad, fuerza a través de la acción y fuerza a través del orgullo”.
Comenzó imponiendo algunas normas sencillas a sus alumnos, como levantarse antes de hacer una pregunta, para ir introduciendo los sucesivos días nuevas nociones de disciplina y comunidad, incluyendo un saludo similar al nazi. A partir del tercer día comenzaron a unirse alumnos de otras clases y el movimiento contaba con emblema y tarjetas identificativas. Es más, los alumnos se espiaban y delataban, e incluso se llegó a intimidar a quienes criticaron el movimiento. Uno de estos alumnos, Mark Hancock, explicó en 2008 al Telegraph que “La Ola era como un estado policial con líderes, seguidores y la resistencia”.
Jones, sorprendido (y asustado) por el alcance del experimento, decidió ponerle fin, pero a lo grande. Aprovechando que uno de los chicos le había preguntado si un anuncio de la revista Time en el que salía una ola era algún tipo de mensaje secreto, el profesor explicó a sus alumnos que el movimiento en realidad formaba parte de una iniciativa nacional y que al día siguiente se anunciaría un candidato a la presidencia de Estados Unidos. Los alumnos, entusiasmados, se lo creyeron.
El quinto y último día de la Ola, Jones reunió a sus alumnos y les mostró un televisor sin señal, en lugar del esperado discurso, y les reveló que habían formado parte de un experimento sobre cómo el fascismo había creado un sentimiento de superioridad en la sociedad de la Alemania nazi.
Algunos de los alumnos se echaron a llorar.

jueves, 6 de noviembre de 2014

¿Maximizador o satisfecho?

Imagina que es sábado por la tarde y sales de tu casa dispuesto a comprar un jersey azul que no cueste más de 50 euros. Llegas a la primera tienda, revuelves un par de mostradores, y, ¡vaya! ¡Ahí está! Un jersey azul, más o menos como el que habías imaginado, por 47 euros. Te lo pruebas y, bueno, no es la prenda que más te favorece del mundo, pero no está nada mal. Es lo que andabas buscando, y en sólo cinco minutos. ¿Qué haces?, ¿te lo compras? Si lo haces, tu personalidad encaja en la categoría de los satisfiers, personas que cuando encuentran algo que ya cumple sus expectativas, dejan de contemplar otras opciones.
En cambio, si tu talante es más inconformista piensas: «De aquí el jersey no se mueve en un par de horas. Ojearé más tiendas a ver si encuentro otro con un azul más bonito, o un poco más barato, o que me siente mejor, y si no lo encuentro, volveré a por él». Si adoptas esta actitud, quizá eres un maximizer, alguien que necesita conocer el máximo de alternativas para conseguir siempre lo mejor posible. Evidentemente, esta clasificación es difusa, y decenas de otros factores influirán dicho sábado en tu decisión de zanjar rápido el asunto del jersey o no. 
Según Barry Schwartz, psicólogo y autor del libro Por qué menos es más: la tiranía de la abundancia, las respuestas a tales preguntas pueden indicar en qué grado eres más o menos satisfier, o si para tu desgracia formas parte del 10 por ciento de los maximizadores extremos que él ha encontrado en Estados Unidos.
Barry Schwartz ha investigado cómo influye la cantidad de opciones disponibles frente a una elección y ha concluido que: 1) pasarse de exigente genera infelicidad, y 2) tener muchas opciones puede ser peor que disponer de pocas.
Ser maximizador no es algo negativo, mientras sepamos controlarlo. Sin duda, el maximizador terminará encontrando un jersey más bonito, un trabajo mejor valorado, o escogerá el mejor restaurante de la ciudad que visite. ¿Le hará esto más feliz? No siempre. Barry Schwartz ha comprobado que cuantos más esfuerzos (tiempo, coste económico, sacrificios personales) inviertas en una decisión, más exigente te volverás con ella. Y lo peor de todo, más arrepentimiento sentirás en caso de que no cumpla tus expectativas. ¿Qué ocurre cuando le salen bolitas al jersey? Si has dedicado cinco minutos a comprarlo no será ningún trauma desterrarlo al fondo de un armario. Pero si eres un maximizer e invertiste toda una tarde eligiéndolo, la decepción por «haberte equivocado» te corroerá por dentro.
La insatisfacción permanente es otra trampa. El querer siempre un poquito más puede ser disfrazado de «estímulo para mejorar», pero en el caso del maximizador extremo llega a ser traumático. Los extreme maximizers terminarán siendo la líder de la empresa, o el mejor vestido de la fiesta, pero nunca se sentirán satisfechos. Les costará disfrutar de sus logros, y enseguida empezarán a pensar patológicamente en los siguientes retos; en llegar más lejos todavía. De hecho, los estudios de Schwartz han encontrado una correlación directa entre el grado de maximizador y la propensión a la depresión. 
La expresión «Menos es más» del arquitecto Mies van der Rohe encaja perfectamente en el contexto de las investigaciones sobre la toma de decisiones: tener muchas opciones para elegir no siempre es positivo. 

martes, 28 de octubre de 2014

El efecto espectador

Kitty Genovese murió asesinada el 13 de marzo de 1964, a pesar de que 37 vecinos presenciaron los hechos sin hacer nada al respecto (si bien es cierto que en este caso hay muchos matices). Intrigados por el suceso, John Darley y Bibb Latané desarrollaron una serie de experimentos en 1968 con el objetivo de averiguar por qué pasó algo así y si podría volver a pasar.

En uno de ellos, el participante hablaba con otra persona utilizando un intercomunicador, al estar en habitaciones separadas (la excusa era que iban a hablar de temas personales). Durante la conversación, la otra persona simulaba un ataque epiléptico, que podía oírse claramente. El 85% de los participantes dejaba la habitación e iba a buscar ayuda. Pero cuando el experimento se organizaba de modo que los participantes creían que había otras cuatro personas con él, sólo se levantaba el 31%. El estudio demostró que el tiempo que se tardaba en avisar al investigador variaba inversamente con respecto al número de sujetos y, en algunos casos, no se le llegó a informar.


El estudio confirmaba que la responsabilidad se diluye cuando hay más testigos de cualquier hecho y tendemos a descargar nuestra responsabilidad pensando que “ya se encargará otro” o, simplemente, “si nadie hace nada, no será tan grave”.

Imágenes y fuentes:
http://blogs.elpais.com/verne/2014/10/experimentos-clasicos-mal.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_espectador
http://thisisnthappiness.com/post/88484009139/cover-shoot
http://www.retronaut.com/2014/03/a-meeting-of-the-mickey-mouse-club/

viernes, 1 de agosto de 2014

Cinco libras por un aborigen. Tasmania

Aunque los británicos la llamaron Black War (Guerra Negra), no se declaró ninguna guerra. De esta forma, denominan los ingleses al exterminio de los aborígenes de Tasmania promovido directamente por el Imperio británico.
La isla de Tasmania está situada a doscientos cuarenta kilómetros al sureste de Australia. La isla estaba poblada por aborígenes de tez negra, pelo rizado, baja estatura (los hombres 1,60 y las mujeres 1,48 metros) y de complexión delgada, dedicados a la caza y la recolección con medios muy rudimentarios.
Tuvieron la mala suerte de que el navegante holandés Abel Tasman Jansen arribase a sus costas en 1642. Hasta que en 1855 comenzó a denominarse Tasmania por su descubridor, se llamaba Tierra de Van Diemen por Anthony Van Diemen, gobernador general de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en aquella época. Más tarde pasaron por allí franceses y británicos que comenzaron a esclavizar a muchos aborígenes.
Desde la llegada de los primeros barcos con colonos europeos en 1772 los habitantes autóctonos tasmanos fueron utilizados como fuerza de trabajo esclava y fuente de placer sexual, fueron torturados y mutilados. Se cazaban y se vendían sus pieles como si fuesen animales peligrosos exóticos. 
En 1803, los británicos establecieron una colonia penal en Tasmania y la isla comenzó a recibir lo mejor de cada casa. Con estos indeseables también llegaron colonos dispuestos a conseguir terrenos donde establecerse sin respetar los territorios de caza de los aborígenes. Poco tardaron en llegar los primeros enfrentamientos entre los colonos, apoyados por el ejército británico, y los nativos del lugar que siempre llevaron las de perder. Hacia 1830 el número de tasmanos se había reducido de unos cinco mil a sólo 220 o 72 -según las fuentes- que fueron finalmente recluidos hasta su muerte. 
En 1826, el Tasmania Colonial Times justificaba este exterminio como autodefensa:
"No estamos aquí por nuestra labor filantrópica. La autodefensa es la primera ley de la naturaleza. Si el gobierno no elimina a los nativos, serán cazados como fieras".
Para acabar con aquel problema por la vía rápida, en 1828 se autorizó la caza de aborígenes estableciendo una recompensa de cinco libras por la captura de un adulto y dos libras por un niño. En 1860 murió el último hombre tasmano y, como recuerdo, el miserable George Stokell, de la Royal Society of Tasmania, ordenó que desollasen su cuerpo para hacerse una cartera. La última mujer tasmana, Truganini, murió en 1876. El genocidio había terminado.

http://canarias-semanal.org/not/13763/cuando-se-pagaban-cinco-libras-por-la-captura-de-un-aborigen-en-tasmania/
http://www.canningstockrouteproject.com/history/story-aboriginal-guides/
http://es.wikipedia.org/wiki/Tasmania

jueves, 26 de junio de 2014

Elliot y la intolerancia

Freddy Sam
En 1968, la maestra de primaria Jane Elliot decidió llevar a cabo un ejercicio pedagógico con sus alumnas y alumnos a raíz de la muerte de Martin Luther King. Se trataba de un experimento basado en la categorización social y su objetivo era concienciar al alumnado de los efectos de la discriminación, tanto en quien la ejerce como en quien la padece.
La experiencia consistió en dividir el aula en dos grupos en función del color de los ojos. De esta manera, a los niños y niñas que tenían los ojos azules, la profesora les dijo que estaba demostrado científicamente que eran superiores y más inteligentes que los de ojos marrones y que, por eso, tenían derecho a ir al recreo o que podían repetir la comida. Mientras, a los niños de ojos marrones les dijo que son más lentos, menos inteligentes y más torpes, por lo que no podrían disfrutar de los privilegios de los primeros. Además, a cada niña y niño de la clase con ojos marrones se les hizo ponerse un pañuelo en el cuello que servía para identificarles rápidamente como el grupo discriminado. Esta separación en el aula rápidamente obtuvo consecuencias y empezaron las peleas entre ambos grupos y las discusiones en clase. Amigos de toda la vida se veían ahora enfrentados simplemente por el hecho de que les habían dicho que eran diferentes.
Pawla Kuczynskiego
Al día siguiente, la profesora invirtió los papeles y los niños de ojos marrones pasaron a ser los superiores. Lo curioso es que en ese momento este grupo realizó las tareas y los ejercicios de clase bastante más rápido que lo habían hecho el día anterior y mucho más rápido que el grupo de ojos azules. Cada grupo había adoptado perfectamente el rol de dominantes y subordinados con los correspondientes estados de ánimo de alegría y tristeza en cada uno de ellos.
Al finalizar, la profesora les explicó que se trataba de un ejercicio para que se dieran cuenta de cómo actúan los racistas en su país y que, si no les parecía justo sentirse discriminados por el color de sus ojos, tampoco era justo perpetuar los prejuicios sociales basados en categorías como el color de la piel.
Más tarde, Elliot desarrolló un experimento similar con funcionarios de una prisión de máxima seguridad de Nueva York y obtuvo resultados sorprendentemente muy parecidos a los de los niños.
http://en.wikipedia.org/wiki/Jane_Elliott
http://blog.isdfundacion.org/2012/09/09/experimentos-psicosociales-n%C2%BA3-una-clase-dividida-jane-elliot-1968/

martes, 24 de junio de 2014

La indefensión aprendida

La indefensión aprendida es un tecnicismo que se refiere a la condición de un ser humano o animal que ha "aprendido" a comportarse pasivamente, con la sensación subjetiva de no poder hacer nada y que no responde a pesar de que existen oportunidades reales de cambiar una situación detestable. 
La indefensión aprendida fue postulada por el psicólogo Martin Seligman. Seligman exponía a dos perros, encerrados en grandes jaulas, a descargas eléctricas ocasionales. Uno de los animales tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener esa descarga, mientras el otro animal no tenía medios para hacerlo. El tiempo de la descarga era igual para ambos, ya que la recibían en el mismo momento, y cuando el primer perro cortaba la electricidad, el otro también dejaba de recibirla.
En cualquier caso, el efecto psicológico en ambos animales era muy distinto; mientras el primero mostraba un comportamiento y un ánimo normal, el otro permanecía quieto, lastimoso y asustado, con lo que la importancia de la sensación de control en el estado de ánimo parecía demostrada. Incluso cuando la situación cambiaba para el segundo animal, y ya sí podía controlar las descargas, era incapaz de darse cuenta y seguía recibiendo descargas sin intentar hacer nada para evitarlo.

A aquellos individuos que han sido ineficaces o menos sensibles para determinar las consecuencias de su comportamiento se dice que han adquirido indefensión aprendida.
Algunos estudios han revelado que, cuando a una persona se le castiga de manera continua sin importar lo que haga, desarrolla indefensión aprendida, por lo que el sujeto deja de responder e intentar cambiar la realidad.
Muy vinculado a esta cuestión está el concepto de hegemonía en Gramsci.
http://stephanecoutelle.com/
http://www.domusweb.it/en/home.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Indefensi%C3%B3n_aprendida

domingo, 8 de junio de 2014

La invención del alfabeto y la sociedad patriarcal. El alfabeto contra la diosa

Desde la invención del alfabeto, hubo voces discordantes que señalaron que transformaría la mente humana. Sófocles escribió que “nada que sea importante entra en la vida de los mortales sin una maldición”. Marshall Mcluhan, el gran analista de cómo la tecnología modifica nuestra psique y nuestro entorno de una manera más veloz de lo que podemos reflexionar, observó que el medio es el mensaje y que, al adoptar un soporte tecnológico, alteramos nuestra propia naturaleza independientemente del uso –del contenido— que le demos: la tecnología amplifica nuestros sentidos y, a la vez, los amputa.
Tomando de Mcluhan la premisa de que el medio es el mensaje, Leonard Shlain, en su libro El Alfabeto contra la Diosa, sugiere que, en ese punto seminal de la cultura occidental (adoptar el lenguaje escrito basado en signos fragmentarios y no en imágenes) se selló el cambio de la polaridad de lo femenino a lo masculino, dando lugar al patriarcado.
Este tránsito, que es "una ruptura del equilibrio natural", ocurre, según Shlain, a través de un cambio en la percepción. Lenguajes ideogramáticos y construcciones de pensamiento visuales-simbólicas –como pueden ser las estelas, los jeroglíficos o la pintura y escultura— conservan una naturaleza de simultaneidad: “el cerebro percibe las partes integrándolas sintéticamente. Las imágenes son percibidas todas de una vez”. Shlain agrega: “el culto a la Diosa, los valores femeninos y el poder de la mujer dependen de la ubicuidad de la imagen. El culto a Dios, los valores masculinos y el dominio del hombre están ligados a la palabra escrita”. A diferencia de este mundo ancestral en el que predominan las imágenes, leer palabras es un proceso de percepción fragmentaria. “Cuando el ojo escanea letras individuales en una secuencia lineal, surge una palabra con significado. El significado de un enunciado, como el que estás leyendo, progresa palabra con palabra. La comprensión depende de la sintaxis del enunciado, la particular secuencia horizontal en la que aparecen los elementos gramáticos.”
Lévi-Strauss había detectado en 1968 que “el único fenómeno que, siempre y en todas partes, parece estar vinculado con la aparición de la escritura es el establecimiento de sociedades jerárquica, compuestas por amos y esclavos y en las que una parte de la población está obligada a trabajar para la otra”.

Es difícil decir si fue el alfabeto la causa de que la historia haya tomado un cauce patriarcal o si en realidad este cauce, esta tendencia del poder masculino, ya existía y una de sus consecuencias fue la creación del alfabeto y de una escritura fragmentaria y abstracta. De cualquier manera, la hipótesis de Shlain es fascinante y sugiere también que, con la aparición de los medios audiovisuales, el pensamiento femenino estaría reapareciendo y recobrando fuerza.
Muy cuestionable pero 
curioso.
http://pijamasurf.com/2014/06/como-la-invencion-del-alfabeto-creo-la-sociedad-patriarcal/
http://www.ritosimbolico.net/studi2/studi2_06.html
http://www.dailymail.co.uk/news/article-2161118/Aboriginal-erotic-rock-art-proves--28-000-years-ago--men-ONE-thing-minds.html

domingo, 1 de junio de 2014

Mujeres y matemáticas

Es un lugar común: las niñas y las mujeres tienen una menor capacidad para las matemáticas debido a una diferencia biológica.
Un reciente estudio sobre el rendimiento escolar en matemáticas ha destrozado este presupuesto. La investigación, llevada a cabo por científicos de la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, ha probado que algunas hipótesis que tratan de explicar la brecha de género en el rendimiento en matemáticas no están respaldadas por los datos.
Con datos de 86 países, los investigadores vincularon las diferencias en el rendimiento matemático a factores sociales y culturales. La diferencia está más relacionada con la cultura que con la biología. 
El estudio analizó estos datos para probar la hipótesis expuesta en 2005 por Lawrence Summers de que los hombres difieren más de la media en ambos extremos del espectro y que, por tanto, están más representados en el sector de mayor rendimiento. Sin embargo, utilizando datos internacionales, los científicos de Wisconsin observaron que esta mayor variación masculina en el rendimiento en matemáticas no está presente en algunos países, lo que indica que este factor está más relacionado con la cultura que con la biología. Al examinar los datos en detalle, los autores de Wisconsin señalan otros factores, "las niñas del estudio que viven en algunos países de Oriente Medio, como Bahrein y Omán, no tuvieron muy buenas puntuaciones, pero los niños lo hicieron aún peor; estos resultados no se han relacionado con la cultura musulmana o el tipo de educación no-mixta en las aulas", afirma Jonathan Kane, coautor del estudio junto a Janet Mertz. Por estas razones, Mertz y Kane creen que es mucho más razonable atribuir las diferencias en el rendimiento en matemáticas a factores sociales específicos de cada país.

http://www.sciencemag.org/content/320/5880/1164.summary
http://news.sciencemag.org/math/2014/03/both-genders-think-women-are-bad-basic-math
http://www.mujeryciencia.es/
http://www.20minutos.es/noticia/1247656/0/matematicas/hombres-mujeres/diferencias/
http://thisisnthappiness.com/post/85932392029/chill

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La Teoría del Cisne Negro

La Teoría del Cisne Negro es una metáfora que encierra el concepto de que cuando un suceso es una sorpresa (para el observador) y tiene un gran impacto, después del hecho, este acontecimiento es racionalizado retrospectivamente. La teoría fue desarrollada por Nassim Nicholas Taleb para explicar el desproporcionado impacto de los eventos extraños que están fuera de las expectativas normales de la historia y los sesgos psicológicos que hacen a las personas individual y colectivamente ciegas a la incertidumbre e inconscientes al destacado papel de los acontecimientos imprevisibles en los asuntos históricos.
http://thisisnthappiness.com/
Los acontecimientos tipo Cisne Negro fueron descritos por Taleb en su libro de 2007 (revisado y completado en 2010), El Cisne Negro. Taleb se refiere a casi todos los grandes descubrimientos científicos, hechos históricos, y logros artísticos como "cisnes negro", (sin dirección, inesperados). Señala como ejemplos de eventos Cisne Negro: Internet, el ordenador personal, la Primera Guerra Mundial y los ataques del 11 de septiembre.
En concreto, afirma Taleb que: "Lo que llamamos un Cisne Negro (y con mayúscula) es un evento con los tres atributos siguientes. En primer lugar, es un caso atípico, ya que se encuentra fuera del ámbito de las expectativas regulares, porque no hay nada en el pasado que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad. En segundo lugar, conlleva a un impacto extremo. En tercer lugar, a pesar de su condición de rareza, la naturaleza humana nos hace inventar explicaciones de su presencia después de los hechos, por lo que es explicable y predecible a posteriori".

http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_cisne_negro
http://thisisnthappiness.com/

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El rey Sebastián y los sebastianes

Las Cortes de Tomar, que se reunieron en abril de 1581, fueron una ocasión histórica. Allí se confirmó la unión de toda la península bajo una sola corona. Las Cortes juraron fidelidad al rey y reconocieron a su hijo, el príncipe Diego, como su sucesor. A cambio, el rey Felipe II confirmó todos los privilegios y la independencia de Portugal, en términos similares a aquellos que habían unido a otros reinos de la Península con Castilla hacía más de un siglo. Para acallar los continuos rumores de que Sebastián aún estaba vivo y que regresaría para reclamar su trono, el rey dispuso que se trajera el supuesto cuerpo del rey Sebastián desde África.

Pero las historias siguieron circulando, difundidas principalmente por el clero, que se oponía a la sucesión española y esperaba el regreso del rey. Se seguía diciendo que el rey estaba vivo en África y que vivía con los árabes en las montañas. Entre las leyendas que surgieron referidas al rey desaparecido, hubo una que sugería que el monarca deseaba expiar sus pecados vagando siete años por el desierto en penitencia y soledad, después de lo cual reaparecería. Los siete años expirarían en 1585, una fecha que, consecuentemente, muchos aguardaron con emoción. En 1584 hubo rumores que hablaban de que habían identificado en un pueblo de la frontera hispano-lusa a un joven que algunos tomaron por el rey desaparecido. Las autoridades lo arrestaron y lo enviaron a Lisboa, donde fue identificado como el hijo de un alfarero del pueblo, y enviado a galeras de por vida.
Desde aquel momento en adelante, los sebastianes se multiplicaron. Pero 1585 transcurrió sin que hubiera indicio alguno todavía del rey ausente.
Años después, toda la historia volvió a agitarse de nuevo. En agosto de 1598, João de Castro, que por entonces estaba en París, recibió una carta de un noble portugués residente en Venecia, informándole de que un viajero que pasaba por la ciudad había revelado que él era realmente don Sebastián. El hombre, que parecía un miserable vagabundo, había sido acogido por un posadero que había tenido lástima de él y fue el primero al que reveló la información. Las noticias no tardaron en difundirse, y llegaron a oídos de un noble exiliado portugués que vivía en Venecia. Un miembro del personal de la casa del noble, que había estado al servicio de Antonio de Carato, fue a ver al vagabundo, y confirmó que este mostraba todos los indicios de ser el rey desaparecido. El transcurso de veinte años habría cambiado naturalmente el aspecto de Sebastián, de modo que la cuestión del parecido no era ya un gran problema. Más trascendental era la cuestión de explicar por qué el rey no había hecho nada por revelar su identidad durante dos décadas. En este punto, el supuesto Sebastián tenía que contar una larga y enrevesada historia.
Decía que se las había arreglado para escapar tras la famosa batalla de Alcazarquivir, en compañía de un puñado de nobles portugueses. Habían intentado pasar a Portugal, pero sintió remordimientos por el desastre al que había conducido a su país y decidió no regresar. En vez de eso, partió hacia Egipto, y luego viajó a Etiopía, donde visitó al mítico rey cristiano Preste Juan. Tras un par de años allí, volvió a emprender sus viajes, y fue a Persia, donde sirvió en el ejército durante seis años de guerras contra los turcos. Tras Persia, consiguió llegar a Jerusalén y luego a Constantinopla, desde donde pasó a Hungría, Moscovia y Suecia, luego enfiló hacia el sur, hasta Londres, en Inglaterra, donde visitó al pretendiente del trono portugués, Antonio de Crato. Luego fue a Holanda y finalmente a París, donde pasó un año, y luego bajó a Italia, junto al Mediterráneo. A todo esto, tuvo una visión que le indicó que debería hacer todos los esfuerzos posibles para recuperar su trono de Portugal. Haciéndose llamar ahora El Caballero de la Cruz, partió hacia Roma con el propósito de descubrirse ante el papa. Sin embargo, lo habían asaltado por el camino y le habían robado todas sus ropas y propiedades, y nunca consiguió ver al papa. Y así fue como había acabado, pareciendo un pobre pordiosero, en Venecia.
Por presiones de la corona española fue encarcelado. El pretendiente permaneció prisionero durante dos años, y fue sometido a múltiples interrogatorios. Y fue en ese momento cuando la historia dio un giro tan sorprendente como inexplicable. A pesar de varios intentos por poner a prueba la memoria del prisionero y preguntarle por detalles íntimos de la vida de Sebastián, el mendigo salió airoso de todas las pruebas. Podía repetir detalles de conversaciones que los embajadores venecianos de la época habían mantenido con Sebastián, demostró que tenía una fortaleza física semejante a la del rey (que había sido capaz de levantar a un hombre con un brazo), y fue identificado como Sebastián por personas que habían conocido al rey veinte años atrás.
 
El Senado de Venecia evidentemente no quería verse arrastrado a un conflicto político. A mediados de diciembre de 1600, un tribunal especial decretó la libertad del prisionero, con la condición de que abandonara el territorio de la república inmediatamente. Si no lo hacía, sería enviado a galeras. Algunos amigos trasladaron al prisionero a Padua, donde aquella misma noche -el 15 de diciembre- se entrevistó con personajes clave y se ofreció para que le hicieran un examen físico. Las personas allí reunidas, todas portuguesas, parecieron aceptar las pruebas físicas que mostró. Sin embargo, tenían dos pequeñas dudas. El hombre que tenían ante sí, a diferencia de Sebastián, tenía una piel demasiado morena, lo cual atribuyeron al efecto del sol africano. Más importante, tal vez, era el hecho de que cometió varios errores graves hablando portugués, pero esto también podía pasarse por alto, considerando que había pasado tantísimos años fuera de su país natal.

Los partidarios quedaron convencidos y lo dispusieron todo para trasladar a Sebastián aquella misma noche a Francia, por temor de que pudiera ser capturado por los españoles. Resultó que el embajador español en Venecia había seguido cada movimiento del pretendiente, que fue obviamente capturado a finales de mes en los dominios del gran duque de la Toscana.
 
Entre tanto, los seguidores de Sebastián andaban atareadísimos por toda Europa intentando conseguir que se aceptara la identidad real de aquel hombre, como un requisito necesario para su puesta en libertad. Los líderes políticos eran reacios a comprometerse, sabiendo que eso les acarraría conflictos con España, que junto a sus aliados dominaba Italia tanto política como militarmente. Al final, el gran duque tomó una decisión, y el lunes de Pascua de 1601 los toscanos entregaron a su prisionero a los españoles, que lo escoltaron hasta la costa y lo pusieron a bordo de una nave con destino a Nápoles. En Nápoles, por seguridad, fue alojado en un castillo.
 
Finalmente, el mercader calabrés a finales de abril de 1602 fue condenado de por vida a galeras, por impostor. Se le hizo desfilar por las calles de Nápoles a lomos de un burro y ataviado con un gorro de arlequín. Para sus seguidores, este trato no era más que una reedición del modo en que Jesús fue tratado en su camino al Calvario. De hecho, todas las descripciones posteriores de lo que le ocurrió están basadas exclusivamente en resúmenes escritos por sebastianistas, que no dejan de mencionar su actitud regia cuando fue atado al duro banco en la galera, la rapidez con la que todo el mundo lo reconoció como el verdadero Sebastián y el respeto que inspiraba en todo aquel que lo veía. Cuando su galera llegó a Cádiz, se dijo que el duque de Medina Sidonia había bajado al puerto y lo había reconocido como el verdadero rey.
 
De repente, en enero de 1603, el remero desapareció del puesto que solía ocupar. ¿Había escapado o lo habían matado? Aquello resultó ser el final de la historia: lo sacaron de la galera y lo llevaron a una prisión para posteriormente ser condenado a la amputación de su mano derecha y colgado el 23 de septiembre.