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jueves, 14 de enero de 2016

Nerón y los cristianos

Uno de los momentos más universalmente reconocibles de la historia romana, los cristianos devorados por las fieras en el Coliseo, acusados de haber provocado el incendio que devastó Roma en el año 64, ante el deleite de las masas y los aplausos de Nerón, nunca tuvo lugar. Este anfiteatro fue construido después del reinado del último emperador de la estirpe de Augusto, que gobernó durante 14 años entre 54 y 68 y que se suicidó ante la certidumbre de que iba a ser asesinado a los 31 años. Pero, además, cada vez se acumulan más indicios que indican que, en realidad, Nerón nunca persiguió a los cristianos. Un artículo que acaba de ser publicado en el Journal of Roman Studies de la Universidad de Cambridge ofrece una contundente batería de argumentos que demuestran que aquella primera represión, en la que en teoría fueron ajusticiados los apóstoles Pedro y Pablo y que sienta las bases del martirologio cristiano, es un mito. Su autor es un catedrático de estudios clásicos de la Universidad de Princeton, Brent D. Shaw. No es el primer erudito que pone en duda uno de las muchas leyendas que rodean a Nerón, pero el asunto no se había analizado hasta ahora con tanta minuciosidad. De hecho, la mayor parte de lo que se conoce de Nerón fue escrito por Tácito, Suetonio y Dion Casio, todos de la clase senatorial o aristocrática. Tácito y Suetonio escribieron sus obras más de cincuenta años después de su muerte, mientras que Dion Casio lo hizo 150 años después. Estos historiadores se contradicen en una serie de eventos de la vida del emperador, como la muerte de Claudio, la muerte de Agripinila y el Gran Incendio de Roma de 64, aunque emiten una condena común al emperador.
La investigación de Shaw ha tenido cierto impacto e incluso aquellos que no comparten totalmente sus conclusiones defienden la solidez de sus argumentos. G.W. Bowersock, profesor emérito de Historia Antigua en Princeton, escribe en el último número de The New York Review of Books que el artículo de Shaw está “cuidadosamente razonado” y sostiene que “puede alterar de forma dramática la visión de los primeros cristianos”. Sin embargo, al igual que biógrafos de Nerón como Edward Champlin o Donatien Grau, Bowersock sí cree que se produjeron asesinatos de cristianos tras el incendio.
Los argumentos de Shaw, autor de ensayos como Sacred Violence: African Christians and Sectarian Hatred in the Age of Augustine (2011), se basan sobre todo en un análisis del párrafo del historiador romano Tácito en el que describe las persecuciones, el único documento que habla de ellas aparte de una breve referencia de Suetonio. En sus Anales, escritos unos 60 años después del incendio de Roma, Tácito escribe: “Nerón buscó rápidamente un culpable e infligió las más exquisitas torturas sobre un grupo odiado por sus abominaciones, que el populacho llama cristianos. Cristo, de quien toman el nombre, sufrió la pena capital durante el principado de Tiberio de la mano de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilatos, y esta dañina superstición resurgió no sólo en Judea, fuente primigenia del mal, sino también en Roma, donde todos los vicios y los males del mundo hallan su centro y se hacen populares. Por consiguiente, se arrestó primeramente a todos aquellos que se declararon culpables; entonces, con la información que dieron, una inmensa multitud fue presa, no tanto por el crimen de haber incendiado la ciudad como por su odio contra la humanidad. Todo tipo de mofas se unieron a sus ejecuciones. Cubiertos con pellejos de bestias fueron despedazados por perros y perecieron, o fueron crucificados, o condenados a la hoguera y quemados para servir de iluminación nocturna, cuando el día hubiera acabado”. 
 Henryk Siemiradzki. Nerón en Jerusalén

El profesor de Princeton sostiene que se trata de “un completo anacronismo”, que en realidad Tácito hablaba más de su época que de la de Nerón, donde los cristianos todavía eran muy minoritarios en Roma y es muy posible que ni siquiera fuesen conocidos por ese nombre. Si las acusaciones hubiesen tenido tal magnitud, es insólito que ningún otro autor hablase de ellas, que no exista ningún documento que las describa. Para Shaw, sin duda se produjeron persecuciones después del incendio, dado que Nerón necesitaba encontrar cabezas de turco, pero no pudieron ir dirigidas a los cristianos, que entonces no estaban señalados como un culto pernicioso. “La conexión específica de los cristianos con el gran fuego de Roma se desarrolló más tarde. La mayoría de las fuentes que han llegado hasta nosotros indican que en torno al año 100”, escribe.

Sus argumentos van más allá de Tácito y estudia lo poco que se conoce de la muerte de Pedro y de Pablo. Sobre el primero, apenas se tiene información, ni siquiera si fue ejecutado y tampoco si ocurrió en Roma o Jerusalén. Lo más probable es que muriese en torno al año 50. En cuanto a Pablo —un apóstol cuya vida analiza Emmanuel Carrère es su último libro, El Reino— fue ejecutado en Roma, en torno al año 60, pero la acusación no tenía nada que ver con el hecho de ser cristiano, sino por agitador. “Nerón fue muy famoso, amado por el pueblo, pero sin embargo fue odiado por el Senado y otras élites de Roma, que le describieron como un ser maligno”, explica Shaw. “Al construir su historiografía, autores cristianos como Eusebio* encontraron muy fácil retomar esos argumentos. Marco Aurelio persiguió a cristianos pero fue siempre definido por esas mismas élites como un gran gobernante”. La gran historiadora Mary Beard lo dice de otra manera: “Nunca sabremos si emperadores como Nerón fueron depuestos porque eran malos o fueron definidos como malos precisamente porque fueron depuestos”.

* El historiador más mendaz de la Antigüedad, según Jacob Burckhardt.

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/11/actualidad/1449837567_576654.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Eusebio_de_Cesarea
https://es.wikipedia.org/wiki/Ner%C3%B3n

lunes, 12 de enero de 2015

Las persecuciones contra los cristianos en Roma

La historia tradicional de la persecución del cristianismo dice que el Imperio romano sentía un odio especial contra la nueva religión pero, según los especialistas en religiones antiguas Freke y Gandy, no era así.
Según la historia tradicional del cristianismo, numerosos cristianos sufrieron persecuciones horribles por parte de los romanos desde el primer momento. En realidad, no se persiguió legalmente a los cristianos hasta mediados del siglo III. Las anteriores persecuciones habían ido dirigidas contra individuos aislados o se habían limitado a una ciudad determinada por cuestiones muy puntuales. No se veía a los cristianos como una amenaza especial y, por tanto, tampoco se les oprimía de forma especial. 

Pero en el año 250 la peste se extendió por el mundo antiguo y diezmó poblaciones enteras. El Imperio estaba al borde del derrumbamiento y el culto cristiano se convirtió en el chivo expiatorio de las desgracias de los romanos. El emperador Decio ordenó a los cristianos que ofrecieran a los dioses sacrificios de animales por la salud y el bienestar del Imperio, e instigó la primera persecución general contra los que se negaron a obedecer. Duró sólo un año, pero se repitió con Valeriano en 257-259 y de nuevo con Diocleciano entre 303-305. En toda su historia, por tanto, el cristianismo fue perseguido de forma oficial durante cinco años.
Ahora sabemos que los propagandistas cristianos exageraron de modo disparatado la escala de estas persecuciones, incluso de la llamada «Gran Persecución» de Diocleciano. A mediados del siglo III, el cristiano Orígenes escribe que los «pocos» cristianos que habían muerto por su fe eran «fáciles de contar».
Durante las persecuciones de la época de Decio, en la enorme ciudad de Alejandría, diez hombres y siete mujeres sufrieron por ser cristianos, lo que no parece un número desorbitado.
En realidad, con frecuencia los gobernadores romanos no mostraban ningún deseo de hacer daño deliberadamente a los cristianos. Si éstos no querían participar en los rituales obligatorios del Imperio, se les ofrecía una solución intermedia. Por ejemplo, si se negaban a comer carne que fuera producto de un sacrificio, ¿no podían ofrecer incienso? Un gobernador pregunta en tono de súplica a un aspirante a mártir: «¿Quieres esperar unos cuantos días para pensártelo? ¿No ves qué tiempo tan agradable tenemos? Si te matas, te privarás de todos los placeres».
Resulta irónico pero a menudo eran los propios cristianos quienes buscaban el martirio. Un grupo de ellos se dirigió al gobernador de Asia y le rogó que los ejecutase, ¡pero el gobernador se negó y les dijo que eran libres de tirarse por un acantilado o ahorcarse si tantas ganas tenían de morir!
Además, y a pesar de lo que afirma la tradición, no hay ninguna prueba de que las persecuciones que desencadenaron los romanos causasen un incremento significativo del número de cristianos. El cristianismo no despegó realmente hasta que lo adoptó el emperador Constantino, momento en que el martirio dejó de ser una opción porque los cristianos pasaron a ser un grupo favorecido y protegido.
Fuentes:
Freke, T. y Gandy, P.: Los misterios de Jesús. Grijalbo, Barcelona, 2000