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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Meteoritos y volcanes acabaron con los dinosaurios

Una nueva investigación sugiere que el asteroide o cometa que se estrelló contra la Tierra hace 66 millones de años sacudió el planeta con tanta violencia que provocó una erupción volcánica masiva en la India, una doble catástrofe que acabó con los dinosaurios y el 70 por ciento de las especies de la Tierra.
Un grupo de geólogos de la Universidad de Berkeley (California), ha descubierto que el impacto del asteroide en la Tierra de hace 66 millones de años modificó abruptamente la actividad volcánica y que estos dos componentes, tomados de manera conjunta, explican la extinción de los dinosaurios. Este nuevo estudio incluye las fechas más precisas que se tienen hasta el momento para ubicar las erupciones.
El estudio, publicado en la revista Science, da un giro a la explicación global a la extinción masiva del final del período Cretácico. La teoría actualmente más aceptada es que un objeto del tamaño de una montaña se estrelló en el planeta, dejando la huella de un gran cráter en la punta de la península de Yucatán en México.
Pero también es sabido que un proceso de vulcanismo masivo en la India estaba ocurriendo en la misma época. La coincidencia de estos dos eventos se achacó a una casualidad pero posteriores estudios de las formaciones en el Decan (al oeste de la India) indican que el flujo de lava basáltica comenzó mucho antes del impacto.  Por lo tanto, el asteroide o un cometa no causó la erupción inicial pero podría haber intensificado la actividad volcánica. Si hubiese sido solo por el meteorito o solo por los volcanes, los dinosaurios podrían haber sobrevivido. 
El inicio de estas erupciones se produjo en un margen de 50.000 años —un abrir y cerrar de ojos en términos geológicos— con relación a la extinción. Podría haberlas causado la energía sísmica liberada por el meteorito. "Basándonos en nuestra datación de la actividad volcánica, podemos estar bastante seguros de que ambos (el meteorito y las erupciones) provocaron la extinción masiva. Es casi imposible atribuir los efectos atmosféricos a uno u otro. Ambos sucedieron al mismo tiempo", asegura en la nota de prensa el investigador principal, Paul Renne.

http://www.terceracultura.net/tc/?p=8056
http://elpais.com/elpais/2015/09/30/ciencia/1443630716_942487.html
http://www.teletica.com/Noticias/104205-Erupciones-volcanicas-y-un-meteorito-acabaron-con-los-dinosaurios.note.aspx

sábado, 29 de septiembre de 2012

El carnicero del Somme

En julio de 1916, el general británico Douglas Haig ordenó a once divisiones de soldados ingleses que salieran de sus trincheras y avanzasen hacia las líneas alemanas. Las seis divisiones alemanas comenzaron a disparar con sus ametralladoras. La batalla es recordada principalmente por su primer día, el 1 de julio, en el que los británicos (con unos 110.000 atacantes) sufrieron 57.740 bajas, de las cuales 19.240 fueron mortales. Podían verse todos esos cuerpos retorcidos en tierra de nadie, en el fantasmagórico territorio entre las trincheras enfrentadas.
Haig mantenía unas ideas obsoletas sobre cómo hacer la guerra, más propias de las campañas de mediados del siglo XIX que de una guerra moderna. A diferencia de otros militares de su época, nunca llegó a comprender que la caballería tradicional era un arma en extinción, y que las guerras futuras serían protagonizadas por los nuevos ingenios mecánicos que hicieron su debut en la Gran Guerra, como el carro de combate y el avión. Esta mentalidad caduca es la única que puede explicar, por ejemplo, su obcecación en el uso de inútiles cargas de caballería e infantería durante la Batalla del Somme, a pesar de que él mismo había sido informado de su ineficacia frente a las ametralladoras y trincheras en la Guerra ruso-japonesa de 1905 o en el propio Frente Oriental.
Años después de la Primera Guerra Mundial, el viejo y perspicaz soldado todavía aseguraba que "La ametralladora nunca sustituirá al caballo como instrumento de guerra".
El 1 de enero de 1917, este genio de la estrategia, este hombre clarividente fue ascendido a mariscal de campo.

Ese verano Haig continuó con optimismo hacia la ofensiva final. La tercera batalla de Ypres consistió en una serie de ocho ataques llevados a cabo bajo un torrente de lluvia en un territorio inundado y fangoso. No consiguieron romper el frente enemigo. Todo lo que ganaron fue unos ocho kilómetros que costaron a los británicos alrededor de 400.000 hombres.
Los ciudadanos franceses e ingleses nunca fueron informados de estas carnicerías ni del número de bajas que se estaban produciendo. Tras la batalla, los periódicos londinenses imprimieron lo siguiente:
¿Cómo pueden los civiles ayudar en esta crisis?
Esté animado. Escriba alentadoramente a sus amigos del frente. No crea que sabe más que Haig.

Zinn, Howard: La otra historia de los EEUU
http://es.wikipedia.org/wiki/Douglas_Haig
 

sábado, 18 de abril de 2009

El horror cotidiano


En enero de 2007, el Holocaust Memorial Museum recibió una donación anónima, un álbum de fotografías con la inscripción, Auschwitz 21.6.1944. La singularidad del libro es doble, ya que apenas existen fotos del mayor campo de concentración nazi, el complejo Auschwitz-Birkenau, y además son las primeras fotografías que muestran la vida diaria de los verdugos.

A pesar de no contener ningún nombre, las fechas y restos de un uniforme hacen pensar que el álbum lo creó el Obersturmführer de la SS Karl Höcker, ayudante del comandante de Auschwitz, SS-Sturmbannführer Richard Baer. Höcker estuvo en el campo desde mayo de 1944 hasta la evacuación en enero de 1945 y se le considera responsable de unas 1.000 víctimas.

Las imágenes muestran la vida y actividades de los captores del campo. Lo cotidiano del horror.

Fotos de jóvenes tomando el sol, cantando a coro o relajándose tras la jornada laboral. Las imágenes horrorizan por lo que no muestran: el campo de concentración de Auschwitz en 1944. Este periodo es el de máxima utilización de las cámaras de gas, con la llegada masiva de judíos de Hungría.

En la imagen, un oficial de las SS toma el sol junto a sus ayudantes. Unos metros más allá, las cámaras de gas trabajan a pleno rendimiento.

Soldados que entonan alegres canciones o ríen junto a las enfermeras, jóvenes felices y despreocupados que pasan una tarde en el campo y se divierten junto a sus compañeros. Estos sonrientes muchachos organizaban los pelotones de prisioneros judíos y les obligaban a desnudarse. Un grupo de ellos cortaba el pelo de las mujeres. Seguidamente, los soldados conducían a sus víctimas a toda prisa hacia las cámaras de gas y escuchaban sus espantosos gritos antes de morir. Según el testimonio de algunos supervivientes, se divertían con el espectáculo y hacían las más variadas bromas. Después, inspeccionaban los cadáveres y sacaban el oro de los dientes y los anillos de los dedos.

Cerca de un total de 1.000 hombres y 200 mujeres de las SS sirvieron como supervisores de vigilancia en el complejo de Auschwitz. Junto a los barracones de sus víctimas, sus instalaciones disponían de una panadería, una barbería, garaje, gasolinera, almacenes y pequeños jardines con fuentes y hermosas flores.

En su descripción de los horrores del campo de Treblinka, Vasili Grossman asegura que aquellos alemanes se aplicaban a la tarea de exterminar gente “como si se tratara de cultivar coliflores o patatas”. “Hacían gimnasia; cuidaban apasionadamente su salud y comodidad de su vida cotidiana” – explica. “Cultivaban jardines y lechos de flores junto a sus barracones. Iban de vacaciones a Alemania varias veces al año, porque sus jefes pensaban que su trabajo era demasiado perjudicial para su salud y querían protegerlos”.

“A veces los hombres de las SS organizaban una especie de picnic junto a los hornos —prosigue Grossman— Se sentaban allí, a barlovento, bebían vino, comían y miraban las llamas…” “Organizaban partidos de fútbol, un coro y bailes para los condenados… Una de las principales diversiones eran las violaciones nocturnas y la tortura de las jóvenes más hermosas, seleccionadas de cada transporte de prisioneros. Por la mañana los propios violadores las llevaban a la cámara de gas”.

El comandante al mando de Auschwitz, Rudolf Höss, vivía a escasos metros de los crematorios, junto a su mujer y sus cinco hijos. Los testimonios de quienes le conocieron aseguran que Höss era un padre y marido ejemplar, un hombre tranquilo y de apariencia bonachona. Según Abram L. Sachar, “estaba orgulloso de su ejemplar vida familiar y de la dedicación a sus hijos y sus mascotas. Recordaba con nostalgia cómo se había visto obligado a irse de una celebración navideña para atender tareas en las cámaras de gas”.
“Cuando su canario murió, —explica Sachar— colocó con ternura su cuerpo en una pequeña caja, puso encima una rosa y lo enterró bajo un rosal del jardín”.