Mostrando entradas con la etiqueta historia medieval. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia medieval. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de junio de 2015

Un latin lover en la corte vikinga

Seguramente el relato de la visita de un enviado de Abd al-Rahman a la corte vikinga es fabuloso. Para sus funciones de embajador, Abd al-Rahman escogió a la persona más idónea de su corte, el poeta e historiador jienense al-Gazal, que era famoso tanto por su belleza y apostura como por la astucia y fina inteligencia. Era, en fin, un hombre que, al decir del cronista, «sabía entrar y salir por todas las puertas».
La legación andalusí embarcó en Silves escoltada por una nave vikinga. Después de una azarosa navegación por mares nunca vistos, llegó a la sede del rey de los vikingos. Era «una gran isla en el océano donde había corrientes de agua y jardines». Estaba cerca de otras islas grandes y pequeñas y de un continente: «Es aquél un gran país que exige muchos días para recorrerlo. Sus habitantes eran entonces paganos, pero ahora son ya cristianos pues han abandonado el culto del fuego que era su religión».
El rey normando mandó agasajar espléndidamente a al-Gazal y su séquito, pero los recién llegados, antes de comparecer ante el rey, exigieron que no se les obligara a inclinarse en su presencia aduciendo que esto era contrario a sus costumbres. El rey de los normandos pareció estar de acuerdo. Cuando los andalusíes llegaron a la sala del trono encontraron que el dintel de la puerta de entrada era tan bajo que no había más remedio que inclinarse al entrar. El ingenioso al-Gazal supo eludir este obstáculo. Ni corto ni perezoso, se sentó en el suelo y entró de esta guisa, bien erguida la cabeza, aunque presentando el trasero, hasta que, traspasada la puerta, pudo incorporarse.
El rey vikingo se percató de que al-Gazal era un hombre de gusto y de recursos, y ello le agradó. Al-Gazal leyó la carta que enviaba Abd al-Rahman e hizo entrega al rey de los regalos que portaba: telas preciosas y productos manufacturados de los talleres de al-Andalus.
En el tiempo que se demoró la embajada en tierra de los vikingos, al-Gazal hizo muchas amistades entre los nativos. Tan a gusto se sentía entre los sabios, disputando con ellos sobre asuntos de conocimiento, como en la palestra, donde medía sus fuerzas con los guerreros del país. La reina de los vikingos lo recibió y se prendó de él dejándose ganar tanto por la apostura del andalusí como por los zalameros halagos con que ponderaba la belleza de la dama. «¿Era la reina de los vikingos tan hermosa como tú le asegurabas?», le preguntaron sus amigos al regreso. «Fea no era —contestó al-Gazal—, pero, a decir verdad, yo la necesitaba y al halagarla de aquel modo gané su aprecio y alcancé de ella más de lo que esperaba».
En efecto, prosigue el cronista, la esposa del rey de los vikingos simpatizó de tal manera con al-Gazal que no podía pasar un día sin verlo. Si no iba él, ella mandaba llamarlo y pasaban algún tiempo charlando y él le hablaba de los musulmanes y de su historia, del país que habitaban y de los pueblos de la comarca y, por lo general, después de haberse despedido de ella para volver a su residencia, la reina le enviaba un regalo, consistente en telas, manjares, perfumes o cosas parecidas. Estas visitas frecuentes dieron lugar a murmuraciones en la corte de los vikingos: los compañeros de nuestro embajador le aconsejaron que fuese más prudente, y como él comprendiera que podían tener razón, en adelante procuró espaciar sus visitas a la reina. Cuando ella inquirió por la razón de tal mudanza, él no se la ocultó. Su respuesta le hizo sonreír: «Los celos no existen en nuestras costumbres. Entre nosotros, las mujeres no están con sus maridos sino mientras ellas lo tienen a bien, y una vez que sus maridos han dejado de agradarles, los abandonan».
El relato de la embajada de al-Gazal constituye el más remoto precedente de la tópica aventura veraniega entre la hermosa y liberada nórdica de rubios cabellos y el tan zalamero como apasionado latin lover de las playas mediterráneas.

viernes, 30 de enero de 2015

El zapatero y el rey

María Padilla y Pedro I, grabado de Paul Gervais
Esta leyenda, que me contaba mi padre, está relacionada con la estancia del rey Pedro (el Cruel o el Justo, según quien cuente la historia) en Sevilla y se refiere a lo que sucedió a un arcediano y al hijo de un zapatero.
Un arcediano de la catedral de Sevilla,  un hombre con fama de irascible, tuvo cierto día una discusión con un zapatero en el curso de la cual el eclesiástico, furioso, sacando un puñal, le atravesó el corazón de parte a parte.
Amparándose en su poder y autoridad, el cabildo de la catedral hispalense se reunió y acordó sentenciar al diácono con la prohibición de decir misa durante un año.
Al hijo del zapatero le pareció demasiado benigna la sentencia y, decidido a obtener justicia, se la pidió al rey. Éste le preguntó:
—Y el arcediano, ¿no ha sido castigado?
—Sí, señor; le han condenado a no decir misa durante un año.
—Y tú, ¿te crees capaz de matar al arcediano?
—Sí, señor, en cuanto pueda.
—Ya se verá.
Pocos días después se celebraba una procesión que se interrumpió cuando el zapatero se abalanzó sobre el arcediano, al que dejó seco de una puñalada. Se arremolinaron los espectadores, que sujetaron al asesino, y se disponían a llevarlo a la cárcel cuando el rey, que asistía a la procesión, los interrumpió ordenando que llevasen al matador ante su presencia.
—¿Por qué has matado al arcediano?
—Él mató a mi padre de una puñalada y he querido pagarle en la misma moneda.
El rey se dirigió a los eclesiásticos y les preguntó:
—¿Cómo no fue castigado el arcediano por este crimen?
—Sí, señor; lo fue: fue condenado a no decir misa durante un año.
Y entonces el rey se dirigió al zapatero y le dijo:
- ¿Cuál es tu profesión?
- Zapatero, como mi padre.
- Yo te condeno a no hacer zapatos durante un año.
Y esta fue la justicia del rey don Pedro.

Fuentes:
Mena, José María de: Tradiciones y leyendas sevillanas, Plaza y Janés, Barcelona, 2008
Fisas, Carlos: Historias de la Historia. Planeta, Barcelona, 1989
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_I_de_Castilla#mediaviewer/File:Paul_Gervais_-_Maria_de_Padilla.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_I_de_Castilla#mediaviewer/File:Battle_najera_froissart.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_I_de_Castilla

sábado, 24 de enero de 2015

La verdadera historia del cinturón de castidad


Un cinturón de castidad es una braga de hierro que supuestamente se obligaría a usar a algunas mujeres en la Edad Media para evitar las infidelidades sexuales en ausencia del esposo. Su efectividad se basa en el hecho de que, una vez cerrada con un candado y retirada la llave, resulta imposible que un hombre introduzca el pene en la vagina de la mujer, por la presencia de púas en el cinturón al nivel en el que ésta se encuentra, por lo que constituye un bloqueo para realizar el coito. Se utilizaba cuando los maridos se iban a las Cruzadas, a viajes de negocios o, simplemente, cuando se ausentaban por un largo tiempo. Existían dos llaves: una la tenía el marido y otra un sacerdote. Si el marido no volvía dentro del plazo de cuatro años, el sacerdote le quitaba el cinturón a la mujer.

El objeto ganó popularidad en Inglaterra en el siglo XIX gracias a un libro cuyo contenido lo describía como "una de las cosas más extraordinarias que los celos masculinos hayan realizado". El libro describe cómo era usado el objeto para asegurar la fidelidad de las damas que se quedaban solas en casa mientras sus maridos iban a luchar en las Cruzadas. El origen de este bulo parece encontrarse en Italia, donde apareció (en 1548) un cinturón de castidad en el catálogo del arsenal de la República de Venecia, que pertenecía Francisco II «El Joven», tercer señor de Padua, quien tras enfrentarse en guerra con la República Serenísima, fue conducido a Venecia y estrangulado en la celda junto a su hijo en 1405. Venecia creó una leyenda denigratoria sobre Francisco II por utilizar para su mujer y para sus innumerables amantes cinturones de castidad, «un instrumento de tortura», y por tanto era «un señor sádico perverso y tirano» que legitimaba moralmente a Venecia a incorporarse Padua y a justificar el horrible crimen. Kissinger o Bush no han inventado nada nuevo.

La verdad, sin embargo, es otra. El cinturón de castidad no puede usarse más que durante unas horas, como mucho un par de días. De otra forma, la mujer que lo llevase moriría víctima de infecciones, abrasiones y laceraciones provocadas por el contacto con el metal o, a largo plazo, si el cinturón entraba en contacto con agua, de tétanos causado por la oxidación del cinturón sobre la piel; de hecho, la portadora ni siquiera podría caminar libremente ni mucho menos sentarse.
Es en el siglo XIX cuando los cinturones, más refinados, pequeños y ligeros, son usados (muy esporádicamente) por algunas mujeres de Inglaterra y Francia, como las enfermeras y religiosas que atendían heridos en los frentes de batalla, para evitar las violaciones.

De cualquier modo, el cinturón de castidad es en realidad una invención muy posterior a la Edad Media, como mínimo del Renacimiento, aunque lo cierto es que no existen referencias históricamente probadas anteriores al siglo XIX. Ninguno de los cinturones de castidad que existen fueron hechos en el medievo, todos los expuestos en museos son falsificaciones del siglo XIX.
Fuentes:
http://www.abc.es/20120220/sociedad/abci-gran-mentira-cinturones-castidad-201202201403.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Cintur%C3%B3n_de_castidad

martes, 20 de enero de 2015

Los baños y la higiene en la corte del Rey Sol

Durante la época medieval, las casas de baños municipales desempeñan un papel especialmente importante. Sin embargo, la Iglesia denunció que contribuían a la lujuria y procuró que se cerraran estas instituciones, que en un principio se hallaban exclusivamente destinadas a fines higiénicos. De este modo, las casas de baños desaparecieron poco a poco de las ciudades y la gente empezó a perder el hábito de bañarse. El aseo corporal dejó de tener importancia hasta el punto de que en el siglo XVII, época de un lujo refinado en el vestido, el baño solamente se conocía como una prescripción médica poco frecuente. 
Desde el siglo XVI al XVIII de los baños se huía como del demonio porque los médicos pensaban que el agua por “su presión y calor” abría los poros y ablandaba el cuerpo exponiendo así a los órganos a enfermedades. En los tratados de medicina se decía: “conviene prohibir los baños, porque, al salir de ellos, la carne y el cuerpo son más blandos y los poros están más abiertos, por lo que el vapor apestado puede entrar rápidamente hacia el interior del cuerpo y provocar una muerte súbita”, y en otros se puntualizaba que “calentar los cuerpos era como abrirle las puertas al veneno del aire”. 
A la Iglesia y la medicina se sumaron de modo entusiasta las cortes palaciegas. El mismo Luis XIV era muy reacio al baño, pues le producía vértigos y dolores de cabeza. "El rey jamás se ha podido habituar a bañarse en casa", hace notar melancólicamente Vallot, su médico de cámara, en 1658 en el "Journal de la Santé du Roi".
Uno de los atributos más conocidos de Versalles son sus hermosas fuentes. En un trabajo notable de ingeniería, Luis XIV logró que su palacio tuviera unas fuentes espectaculares pero ningún retrete. Versalles contenía más de 300 habitaciones pero dentro de estas no había ningún baño. Por lo tanto, las 20.000 personas que llegaron a vivir en el palacio tuvieron que buscarse la forma para satisfacer sus urgencias fisiológicas. Los habitantes de Versalles tenían que defecar u orinar en los pasillos, corredores y rincones. Cualquier lugar era idóneo para realizar estos actos tan naturales y ni los nobles más refinados podían evitarlo. Estaban tan arraigados estos actos que, por poner un ejemplo, La ética galante, una publicación escrita en el año 1700, mostraba la forma de presentarse para un joven ante la sociedad educada, y recomendaba: “Si pasas junto a una persona que se esté aliviando, debes hacer como si no la hubieras visto.” En 1715 Luis XIV publicó un decreto según el cual las heces del palacio debía ser retiradas una vez por semana, lo que nos hace imaginar que la frecuencia de limpieza era mucho menor. Lo que prefiero no imaginarme son los olores... 

Imágenes y fuentes:
www.cienciared.com.ar/ra/usr/22/146/1deruisseau.doc
https://elglobodegambetta.wordpress.com/2013/01/02/la-higiene-en-versalles-una-historia-con-mal-olor/
http://creativerehab.tumblr.com/image/108260982641
http://inspirational-imagery.blogspot.com.es/2014/07/franco-matticchio.html

jueves, 8 de enero de 2015

La Península Ibérica sufrió tormentas tropicales en el siglo XVIII y duras sequías en el periodo musulmán

Las primeras medidas meteorológicas de la Península se tomaron en 1724, justo el año en que pasó por Portugal una de las peores tormentas conocidas. Más tarde, en 1816, se sintieron en España los efectos de la erupción del volcán Tambora; y casi mil años antes, en el 898, una sequía en Al-Andalus fue tan severa que sus pobladores llegaron al canibalismo. Son datos rescatados de viejos documentos por investigadores de la Universidad de Extremadura.
El registro oficial de las series meteorológicas en España comenzó alrededor de 1850, pero antes ya se habían anotado medidas puntuales en algunas zonas de la Península Ibérica. Las primeras las remitió en 1724 el médico portugués Isaac Sequeira al físico británico James Jurin, que intentaba formar una red europea de meteorólogos, según recogen documentos guardados en la Royal Society de Londres.
Las anotaciones del médico portugués registran una de las tormentas más fuertes de las que se tiene constancia en territorio peninsular. Pasó por Lisboa el 19 de noviembre de 1724 y afectó a todo el centro y norte de Portugal, causando daños en palacios, iglesias y edificios, además de hundir o inutilizar numerosas embarcaciones en la costa y el río Tajo.
“Los efectos que causó esta bomba meteorológica el día anterior –18 de noviembre– en Madeira, nos hace pensar que se trató de una tormenta tropical”, señalan los investigadores. Tormentas de este tipo, que se asocian a huracanes en el Atlántico, solo se conocen otras dos en España: “Una del año 1842 y la más reciente en 2005, que también se desarrolló en el entorno de Madeira y llegó hasta nuestras costas”.
Pero las investigaciones meteorológicas han llegado mucho más atrás en el tiempo. En concreto, se ha efectuado “el primer intento serio de obtener información climática a partir de fuentes árabes en la península Ibérica”, subraya José Manuel Vaquero, otro de los autores, que recalca: “Estamos hablando de noticias del clima en España hace mil años”.
“Recopilando estas informaciones podemos decir que ocurrieron importantes sequías en Al-Ándalus entre 748-754, 812-823 y 867-879, unos periodos en los que encontramos muchas referencias a sequías y hambrunas asociadas, que incluso hicieron que la gente emigrara hacia el norte de África”. Los científicos destacan una llamativa referencia: “En el año 898 una sequía, probablemente corta pero muy severa, llevó a los andalusíes a practicar el canibalismo para poder sobrevivir, según algunos crónicas, aunque seguramente también influyeran otros factores socioeconómicos o epidemias”.
http://flickrhivemind.net/User/juan
%20del%20pozo/Interesting
Otros datos revelan que el clima en Córdoba, una de las ciudades más importantes del mundo por entonces, mostró una mayor frecuencia de la nieve y el granizo en el período 971-975 respecto a las medias actuales. Este estudio se ha publicado en la revista The Holocene.
Los cambios climáticos se aprecian en otras épocas con la presencia de una extensa red de neveros o pozos de nieve, ventisqueros y glaciares que se construyeron y mantuvieron entre los siglos XVI y XIX a lo largo del Mediterráneo, algunos ubicados en áreas donde no nieva en la actualidad un solo día al año. El almacenamiento y distribución de hielo eran un negocio que involucraba secciones enteras de la población rural. En este periodo se produce la Pequeña Edad de Hielo, un período frío que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX. Puso fin a una era extraordinariamente calurosa llamada óptimo climático medieval, período entre los años 700 al 1200, cuando las temperaturas fueron más elevadas que en la actualidad, hasta el punto de poder explotar agrícolamente Groenlandia.
http://es.wikipedia.org/wiki/Sierra_Nevada_(Espa%C3%B1a)
Hay también una amplia evidencia de que durante ese período los glaciares se extendieron en los Pirineos, fundiéndose desde entonces. Es más, los remanentes del glaciar de Sierra Nevada que finalmente sucumbió al final del siglo XX se originaron en este momento y no eran, como a veces se dice, restos de la última verdadera Edad de Hielo. Los últimos verdaderos glaciares de Sierra Nevada y los Picos de Europa se fundieron a finales del siglo IX. 

Fuentes:
http://www.agenciasinc.es/Noticias/La-peninsula-iberica-sufrio-tormentas-tropicales-en-el-siglo-XVIII-y-duras-sequias-en-el-periodo-musulman
http://www.teinteresa.es/
http://www.tiemposevero.es/ver-reportaje.php?id=67

jueves, 4 de diciembre de 2014

La invención de las narices judías

En 1940 los nazis estrenaron una película de propaganda llamada El Judío Eterno. La película pretendía mostrar a los judíos en su "estado original", "antes de ponerse la máscara de europeos civilizados."  Por encima de todo, los realizadores se centraron en los rostros judíos, ojos, narices, barbas y bocas, confiando en que la visión de ciertas características estereotipadas despertarían respuestas de odio y desprecio.
Der Ewige Jude                                                 Cartel de la película
El diseñador del cartel de la película, de hecho, se centró en el rostro, evitando símbolos más obvios de la identidad judía. Posiblemente, en ese momento, el cartel no necesitara del título de la obra. En la Europa de 1940, esta representación de lo judío estaba muy generalizada: representaciones similares de judíos se podían ver en carteles, folletos, periódicos, libros de texto y cuentos para niños.
Jesús ante Pilatos (Juan 19: 5), Egbert Codex, alrededor del año 985
Esta imagen del judío, sin embargo, estaba lejos de ser "eterna". Aunque el antisemitismo es notoriamente "el odio más antiguo," hasta el año 1000 de nuestra era, no había prototipos fácilmente distinguibles del judío en el imaginario occidental y mucho menos el modelo estereotipado de nariz aguileña. 
Monumentos y manuscritos anteriores representaban profetas hebreos, ejércitos de Israel y reyes judaicos que eran identificables sólo por el contexto, en ningún caso identificables como diferentes a otros sabios, soldados o reyes. Incluso los personajes judíos nefastos, como los sacerdotes que instaron a Pilatos a crucificar a Cristo en el Egbert Codex (980), eran visualmente irreconocibles como miembros de un pueblo en particular.

Sin embargo, el aspecto de los judíos en el arte occidental cambiaría con el tiempo. En 1267, dos concilios de la iglesia ordenaron que los judíos debían ser representados con "sombreros puntiagudos", como sus antepasados ​​solían hacer (¿?)." 
Miniatura del Diálogo contra judíos
de 
Pedro Alfonso
Las manifestaciones de la fe cristianas cambiaron al final de la Edad Media y con ellas también se modificó la postura ante el pueblo judío. Cada vez en más lugares, a los judíos se les obligaba a señalar su condición como tales. Por ejemplo, en la Castilla de 1412 se ordena que los judíos se dejen barba y lleven un distintivo rojo cosido a la ropa para poder ser reconocidos

En el siglo XIV se termina el periodo de «tolerancia» hacia los judíos, pasándose a una fase de conflictos crecientes. Según Joseph Pérez, «lo que cambia no son las mentalidades, son las circunstancias. Los buenos tiempos de la España de las tres religiones había coincidido con una fase de expansión territorial, demográfica y económica; judíos y cristianos no competían en el mercado de trabajo: tanto unos como otros contribuían a la prosperidad general y compartían sus beneficios. El antijudaísmo militante de la Iglesia y de los frailes apenas hallaba eco. Los cambios sociales, económicos y políticos del siglo XIV, las guerras y las catástrofes naturales que preceden y siguen a la Peste Negra crean una situación nueva. La gente se cree víctima de una maldición, castigada por pecados que habría cometido. El clero invita a los fieles a arrepentirse, a cambiar de conducta y regresar a Dios. Es entonces cuando la presencia del «pueblo deicida» entre los cristianos se considera escandalosa»

La creciente virulencia del antijudaísmo doctrinal de la Iglesia alimentó y justificó los estereotipos antijudíos surgidos en los ámbitos populares. Por medio de las predicaciones de las ordenes mendicantes se difundió la imagen del «judío como ser abyecto y miserable, personificación de toda clase de vicios y maldades». Es en este contexto en el que surgen una serie de leyendas y mitos antijudíos que tendrán una larga pervivencia y que justificarán la violencia antijudía.
Nace entonces un estereotipo del judío según el cual los judíos eran sucios, olían mal, eran malvados y cómplices de los criminales, cobardes, avaros, taimados y maestros del engaño.

Perez, Joseph: Los judíos en España. Marcial Pons, Madrid, 2005. ISBN: 9788496467033
http://es.wikipedia.org/wiki/Judensau
http://www.nybooks.com/blogs/gallery/2014/nov/14/invention-jewish-nose/

sábado, 26 de julio de 2014

Caballeros y armaduras

Es muy común ver en televisión y en películas a los caballeros de la Edad Media que apenas pueden moverse por culpa de sus armaduras, además de que, a pesar de cargar con tanta defensa, terminan siendo asesinados por un arco u otra espada. En realidad, las armaduras no eran tan pesadas y eran extremadamente difíciles de atravesar.
Las armaduras más pesadas tenían un peso aproximado de 23 kilogramos, casi el mismo que el equipo de un soldado actual, y quienes fabricaban armaduras se aseguraban de que estas permitieran una gran movilidad a su usuario.
En tiempos modernos se han hecho pruebas con personas no entrenadas para ser caballeros usando estas armaduras, demostrando que el usuario puede rodar y moverse casi con completa libertad. Ahora imagina a alguien que desde su infancia se ha entrenado usando estas armas y armaduras.
Las armaduras eran totalmente capaces de repeler un golpe de una espada y, combinando la ropa de piel que se usaba debajo de la armadura, hacían casi imposible matar a alguien con una espada. La única forma de causar una herida mortal era apuntando la espada hacia la cara, con la esperanza de atravesar el necesario hueco en el casco y encajarla en el ojo.
En las películas también vemos a los caballeros caer cuando una flecha los atraviesa. En realidad para derrotar a un caballero con un arco se necesitaba de muchas flechas. Existen muchos escritos de caballeros regresando de la batalla tan llenos de flechas que los escritores los describían como puercoespines, sin estar siquiera heridos.

jueves, 25 de abril de 2013

Gutenberg: el inventor que cambió el mundo y murió arruinado

Hasta mediados del siglo XV, los libros se difundían a través de las copias manuscritas de monjes y frailes dedicados exclusivamente al rezo y a la réplica de ejemplares por encargo del propio clero o de reyes y nobles.
No todos los monjes copistas sabían leer y escribir. Realizaban la función de copistas, imitadores de signos que en muchas ocasiones no entendían, lo cual era fundamental para copiar libros prohibidos que hablasen de medicina interna o de sexo. Las ilustraciones y las mayúsculas eran productos decorativos y artísticos del propio copista, que decoraba cada ejemplar que realizaba según su gusto o visión. Cada uno de esos trabajos podía requerir hasta diez años.
La intención inicial de Gutenberg fue la de hacer varias copias de la Biblia en menos de la mitad del tiempo de lo que tardaba en copiar una el más rápido de todos los monjes copistas del mundo cristiano, y que éstas no se diferenciaran en nada de las manuscritas por ellos.
En vez de utilizar las habituales tablillas de madera, que se desgastaban con el uso, confeccionó moldes en madera de cada una de las letras del alfabeto y posteriormente rellenó los moldes con hierro, creando los primeros «tipos móviles». Tuvo que hacer varios modelos de las mismas letras para que coincidiesen todas con todas, en total más de 150 «tipos», imitando perfectamente la escritura de un manuscrito.
Como plancha de impresión, amoldó una vieja prensa de uvas a la que sujetaba el soporte con los «tipos móviles», dejando el hueco para letras capitales y dibujos. Éstos, posteriormente, serían añadidos mediante el viejo sistema xilográfico y terminados de decorar de forma manual.
En Maguncia, el banquero Johannes Fust le concedió un préstamo con el que, en 1449, publicó el «Misal de Constanza», primer libro tipográfico del mundo. En 1452, Gutenberg da comienzo a la edición de la Biblia de 42 líneas (también conocida como Biblia de Gutenberg).
Lo que Gutenberg no calculó bien fue el tiempo que le llevaría el poner en marcha su nuevo invento, por lo que antes de finalizar el trabajo se quedó sin dinero. Volvió a solicitar un nuevo crédito a Johannes Fust, y ante la desconfianza del prestamista, le ofreció entrar en sociedad. Johannes Fust aceptó la propuesta y delegó la vigilancia de los trabajos de Gutenberg a su sobrino, Peter Schöffer, quien se puso a trabajar codo a codo con él a la vez que vigilaba la inversión de su tío.
Tras dos años de trabajo, Gutenberg volvió a quedarse sin dinero. Estaba cerca de acabar las 150 Biblias que se había propuesto, pero Johannes Fust no quiso ampliarle el crédito y dio por vencidos los anteriores, quedándose con el negocio y poniendo al frente a su sobrino, ducho ya en las artes de la nueva impresión como socio-aprendiz de Gutenberg.
Gutenberg salió de su imprenta arruinado y se cuenta que fue acogido por el obispo de la ciudad, el único que reconoció su trabajo, hasta su muerte pocos años después de reconocerse el trabajo.
Peter Schöffer terminó el trabajo que inició su maestro y las Biblias fueron vendidas rápidamente a altos cargos del clero, incluido el Vaticano, a muy buen precio. Pronto empezaron a llover encargos de nuevos trabajos.
 

viernes, 19 de abril de 2013

Gregorio Magno y los ángeles

Beda el Venerable, en su obra Historia ecclesiastica gentis anglorum(Historia eclesiástica del pueblo inglés), cuenta la anécdota de cómo a Gregorio Magno (540-604) se le ocurrió la idea de evangelizar Inglaterra.
En una oportunidad, Gregorio se fijó en unos cautivos que estaban en el mercado público de Roma para ser vendidos como esclavos. Los cautivos eran altos, bellos de rostro y todos rubios, lo que llamó mucho la atención de Gregorio. Movido por la piedad y la curiosidad preguntó de dónde provenían. «Son anglos», respondió alguien. «Non angli sed angeli» («No son anglos sino ángeles»), señaló Gregorio, ejem...
Este episodio motivó a Gregorio para enviar misioneros al norte, trabajo que estuvo a cargo del obispo Agustín de Canterbury.
Cuando Agustín llegó a Inglaterra escribió una carta a Gregorio, preguntándole qué debía hacer con los recintos paganos donde se practicaban sacrificios humanos. La respuesta de Gregorio (escrita en el Libro de Beda) consistió en ratificar una práctica tradicional (en cuevas, dólmenes, recintos sagrados, etc)  que la Iglesia venía realizando desde el siglo IV : «No destruyan los santuarios, límpienlos», en referencia a que los santuarios paganos debían respetarse y ser (re)configurados para el culto católico.

http://es.wikipedia.org/wiki/Gregorio_Magno
 

viernes, 7 de diciembre de 2012

Leonor de Aquitania

Nieta de Guillermo IX de Aquitania, también llamado el trovador. El porqué de este apelativo se debe a que fue el primer y, tal vez, el mejor trovador de la lengua provenzal. Sus dominios eran más extensos que los del mismo rey francés, quien le debía guardar pleitesía. Tiene en su honor el haber sido excomulgado en dos ocasiones, delito mayor de esa época, ambas veces por líos de faldas y una de ellas por robarle la esposa a un súbdito suyo. Sus poemas, de contenido audaz y atrevidos aun ahora, le dieron la merecida fama que conserva hasta el sol de hoy. Su hijo, también llamado Guilliermo, murió en una peregrinación a Santiago de Campostela, por lo que su nieta, Leonor, pasó a ser la heredera única de uno de los mayores ducados de Europa.
A los quince años, Leonor se casó con el futuro rey de Francia, Luis VII, que poco después del matrimonio subió al trono. Luis era un mojigato a carta cabal y su mojigatería redundaba en una castidad tal que sólo ocho años más tarde le nació a la pareja su primera hija, y eso a pesar de que él estaba locamente enamorado de Leonor, que, según dicen, era una mujer mucho más bella que rica.
En esos días, el famoso predicador Bernardo de Claraval convenció a Luis VII de que partiera a Tierra Santa formando parte de la II Cruzada, lo que se convirtió para el rey en un verdadero dilema: por una una parte, no quería dejar a su bella esposa rodeada de tanto súbdito enamoradizo, pero por otra, tampoco quería que lo acompañara en una aventura plena de peligros. Leonor decidió ir por derecho propio, pues ella era el mayor señor feudal de Francia y todos ellos se disponían a partir en dicha cruzada.
El rey se consolaba pensando que al tenerla a su lado no le podría ser infiel; gran error, porque apenas llegaron a Antioquía, Leonor se enamoró de su tío Reimundo de Poiters, regente del lugar. Guapo, elegante y seductor, y Leonor casada con un beato que creía que el sexo, incluso dentro del matrimonio, era el mayor de los pecados.
Los cuernos no por ser reales son livianos, y Luis regresó a París trayéndolos consigo. Lo acompañó su mujer de mala gana. Ni siquiera el papa de Roma logró convencerlo de que los portara dignamente, porque apenas pudo, anuló la boda sin importarle las pérdidas materiales, con lo que Leonor quedó libre y dueña de fabulosas riquezas y para continuar sin obstáculos su incestuosa aventura con su adorado amante, lo que no pudo concretar: un tío de Saladino le había cortado la cabeza para enviarla de regalo al califa de Bagdad.
Leonor no se anduvo por la ramas y, sin guardar las apariencias, a menos de dos meses de la separación se casó con Enrique Plantagenet, once años menor que ella, quien poco después se convertiría en Enrique II, rey de Inglaterra, con lo que este país pasó a poseer un territorio casi diez veces mayor que el de Francia. Enrique y Leonor tuvieron ocho hijos, uno de ellos fue el afamado Juan sin Tierras y otro, el más afamado todavía, Ricardo Corazón de León. Y como Leonor no tenía la cara dura de su exmarido para aguantar cornamenta alguna, se rebeló junto con sus hijos contra la férula del rey, porque este tenía, igual que cualquier monarca que se respete, una amante de turno.
Leonor, a raíz de sus segundas nupcias, estableció su corte en Poiters, donde dio rienda suelta a un sueño que había proyectado con su abuelo Guillermo IX en el transcurso de toda su vida: el fomento de los trovadores y el desarrollo de la lírica y la corte de los caballeros, con torneos incluidos.
Los trovadores eran los encargados de ensalzar el amor cortés, caballeresco y noble; este sentimiento era generalmente adúltero y dio origen a la palabra cortesana. Practicar el amor clandestino ennoblecía a los amantes, particularmente al varón que había ensalzado a la dueña de su corazón mediante la poesía romántica y había concretado lentamente en el lecho sus aspiraciones amorosas. La dama de sus sueños era ocultada del dominio público disfrazándola poéticamente con otro nombre; pero casi todos sospechaban de quien se trataba, ya que sólo los enamorados son los únicos que piensan que su amor es invisible. El idioma en que se escribía este tipo de poesía era el occitano, lengua que se hablaba en el sur de la actual Francia.
 
En 1200, y contando con casi 80 años, da muestras de una fortaleza impresionante cuando decide viajar hasta Castilla, cruzando los Pirineos, para escoger entre sus nietas, las infantas de Castilla -hijas de su hija Leonor y de Alfonso VIII de Castilla- a la que se convertiría en esposa del hijo de Felipe II Augusto, el futuro Luis VIII. La escogida sería Blanca, una de las reinas de Francia más célebres, regente del reino en tres ocasiones y modelo de virtud y habilidad política.


 

martes, 13 de noviembre de 2012

La historia dormida de Yazirat Qadis (Isla de Cádiz)

Cádiz, fenicia y romana, también fue musulmana. Yazirat Qadis (Isla de Cádiz) volvía a emerger de sus cenizas en periodo almorávide hasta brillar con luz propia bajo dominio almohade, cuando llegó a convertirse en la primera ciudad andalusí incorporada al emergente imperio marroquí. De aquella relevante urbe delimitada por el recinto amurallado del barrio del Pópulo existen pocos vestigios y escasas fuentes documentales. Pero suficientes como para certificar que significó mucho más que el poblado de pescadores del que erróneamente se hablaba.

Los recientes y
últimos hallazgos localizados en la calle José María Rancés, en la finca donde presumiblemente se erigirá la recreación de las termas romanas de Cádiz, vuelven a recordarnos esta parcela adormilada de nuestro pasado, siempre eclipsado por las fastuosas Gadir y Gades.

En este solar ubicado junto a la iglesia de Santa Cruz acaban de aparecer cimentaciones de varias construcciones de época almohade, acompañadas de abundante material y enseres domésticos vinculados a estos vestigios, entre los que figuran una vasija almohade con la decoración típica de la época, piedras de molino y abundante cerámica.

Un yacimiento al que se suman otros cuatro repartidos por el
Pópulo, que desde los años 80 -cuando comenzó la exhumación del Teatro Romano- han dejado al descubierto un tramo de muralla musulmana y de una torre minarete -en la calle San Juan de Dios-, abundante material cerámico y alguna estructura de edificaciones domésticas sobre las gradas del teatro, además de un enterramiento en Santa María, que delimitaría el casco urbano.  La muralla medieval, tradicionalmente asociada a la obra de Alfonso X, se asienta sobre la muralla musulmana, fechada entre finales del siglo XI y principios del XII. "Lo que hizo el rey cristiano fue terminar de repararla", afirma el especialista en cerámica islámica, Francisco Cavilla. "Así consta en la correspondencia que Alfonso X mantuvo con el pontífice de la época".
Otro de los enclaves arquitectónicos de las ciudades islámicas es el Castillo de la Villa construido sobre el Teatro Romano, denominado en las fuentes musulmanas como Castillo del Teatro. "Aquí se han documentado restos de viviendas en las que se aprovecharon las galerías del teatro como almacenes o vertederos". "Asimismo, las tres puertas del Pópulo también existían entonces, mientras que el cementerio musulmán se ubicaría en Santa María. Necrópolis que marcaría el límite urbano de la ciudad", comenta el profesor de la UCA, Juan Abellán.

Ésta es la historia tímidamente narrada y excavada de una urbe que comenzó a crecer en el siglo XI, en periodo almorávide, "alcanzando su máximo apogeo en el siglo XII". Momento que coincidió con la implantación de las dinastías norteafricanas, que aumentarían la conexión entre los territorios de la Península Ibérica y el Magreb, posicionando a Cádiz entre las vías comerciales del Atlántico. Es la historia todavía dormida de Yazirat Qadis, todavía subyacente, pero latente, bajo el barrio del Pópulo.
 
Más en http://terraeantiqvae.com/profile/GuillermoCasodelosCobos

lunes, 25 de abril de 2011

Ani, la ciudad fantasma de las 1001 iglesias

Abandonada por sus habitantes, una vez próspera y poderosa, la ciudad de Ani está situada en la parte turca de la zona militarizada en la frontera de Turquía y Armenia.

Hoy es una ciudad fantasma, pero sus habitantes armenios llegaron a sumar cerca de 200 mil. En sus buenos tiempos fue una gran ciudad que rivalizaba con Constantinopla, El Cairo o Bagdad como centro de cultura y de comercio.


Galería de fotos en http://www.kuriositas.com/2011/01/ani-ghost-city-of-1001-churches.html