sábado, 25 de abril de 2026

Sexo entre hombres neandertales y mujeres sapiens: el cromosoma X

Una reciente investigación coordinada por la Universidad de Pensilvania y publicada en la revista Science ha transformado radicalmente nuestra comprensión de los encuentros prehistóricos entre los humanos modernos y los neandertales: el apareamiento preferente entre hombres neandertales y mujeres humanas.
Durante años, el estudio del genoma humano reveló la existencia de "desiertos neandertales" en el cromosoma X, áreas donde el ADN de nuestros primos extintos es casi inexistente, lo que llevó a los científicos a suponer que estos genes eran biológicamente "tóxicos" o incompatibles y que, por tanto, habían sido purgados por la selección natural.
Sin embargo, el equipo liderado por la genetista Sarah Tishkoff y los investigadores Alexander Platt y Daniel Harris ha propuesto una explicación mucho más social y menos “biológica” tras analizar el reverso de esta historia genética.
Al examinar los genomas de mujeres neandertales descubiertas en Altai, Chagyrskaya y Vindija, los científicos hallaron un patrón en la nuestra: mientras que los humanos modernos carecen de ADN neandertal en sus cromosomas X, los neandertales mostraban un exceso del 62% de material genético sapiens en comparación con sus otros cromosomas. Este desequilibrio sorprendente apunta directamente a un sesgo sexual consistente en el que los apareamientos ocurrieron de manera predominante entre varones neandertales y mujeres humanas modernas. Debido a que la herencia de los cromosomas sexuales es asimétrica —los padres solo pasan su cromosoma X a sus hijas, mientras que las madres lo pasan a ambos sexos—, esta dirección específica del flujo genético explica perfectamente por qué entró tan poco ADN neandertal en el cromosoma X de la reserva genética humana, mientras que el ADN sapiens inundó las poblaciones neandertales.
“Encontramos un patrón que indica un sesgo de género: el flujo genético se produjo predominantemente entre hombres neandertales y mujeres humanas anatómicamente modernas”, afirma Platt, coautor principal del artículo, lo que resultó en la pérdida de los cromosomas X del ADN neandertal en los humanos modernos.
“Hace aproximadamente 600.000 años, los ancestros de los humanos modernos y su especie más emparentada, los neandertales, divergieron, formando dos grupos distintos”, afirma Tishkoff, profesor universitario David y Lyn Silfen de Genética y Biología en la Facultad de Medicina Perelman y la Facultad de Artes y Ciencias . “Nuestros ancestros evolucionaron en África, mientras que los ancestros de los neandertales evolucionaron y se adaptaron a la vida en Eurasia. Pero esa separación distaba mucho de ser permanente”. De hecho, aunque el ADN neandertal que persiste en las personas hoy en día proviene de un episodio de mestizaje ocurrido entre 49.000 y 45.000 años atrás (apenas unos miles de años antes de la desaparición de los neandertales), el análisis genético de una mujer neandertal que residió en Siberia hace aproximadamente 122.000 años descubrió rastros de relaciones anteriores entre neandertales y Homo sapiens y estimó que esos apareamientos ocurrieron unas 5.000 generaciones antes del nacimiento del neandertal siberiano, es decir, hace aproximadamente 250.000 años.
Los modelos matemáticos utilizados en el estudio confirmaron que la preferencia de pareja es la explicación más plausible para este fenómeno, descartando que la incompatibilidad reproductiva o la toxicidad genética fueran las barreras principales. Estos hallazgos revelan que el comportamiento social y las dinámicas de grupo desempeñaron un papel crucial en la configuración del genoma humano, desafiando la visión tradicional de que nuestra evolución fue impulsada únicamente por la supervivencia del más apto. Aunque la naturaleza exacta de estas interacciones antiguas sigue siendo un misterio, el hecho de que el patrón sea tan fuerte sugiere que la preferencia por esta dirección de mestizaje persistió a través de múltiples generaciones y diversos episodios de contacto separados por miles de años.
“Las preferencias de apareamiento ofrecían la explicación más sencilla”, afirma Platt. Esto es, los hombres neandertales preferían a las mujeres humanas o viceversa ¿Eran los hombres neandertales quienes buscaban a las mujeres sapiens? ¿Fueron ellas quienes los eligieron? ¿Existieron alianzas entre distintos grupos humanos? ¿Fueron violaciones?
Según Tishkoff y sus coautores, el sesgo de apareamiento que han descubierto refleja aspectos de las culturas y los comportamientos sociales de ambas especies. El equipo no se atrevió a especular si el acto sexual fue consensuado o forzado. Sin embargo, para Steven Churchill, paleoantropólogo de la Universidad de Duke que no participó en la investigación, el hallazgo implica agresión. Si los machos de una especie monopolizan a las hembras de la otra, afirma, "es difícil conciliar eso con otra cosa que no sea una interacción competitiva y hostil".
Bibliografía:

viernes, 24 de abril de 2026

¿Quién fue el primer ser humano?

Cuando tratamos esta cuestión, en primer lugar, es necesario definir qué consideramos como ser humano: desde el punto de vista formal, el hombre es un animal bípedo, con un cerebro muy desarrollado y dieta omnívora; además, se caracteriza por fabricar herramientas y por ser un animal eminentemente social, cooperativo y capaz de compartir informaciones y conocimientos complejos.
Hoy sabemos que el género se identifica como una rama de los grandes simios que emergió de los australopitecinos, aunque los límites que lo separan de géneros como Australopithecus o Pan (chimpancés y bonobos) plantean un apasionante debate científico. Esta transición se gestó entre el Mioceno tardío y el Plioceno, cuando nuestros antepasados divergieron del linaje de los chimpancés hace entre hace unos 6 a 11 millones de años (un marco amplísimo).
Teniendo en cuenta estas características, actualmente el primer homínido reconocido formalmente como humano es el Homo habilis, cuyo nombre —hombre hábil— fue acuñado por el paleoantropólogo británico Louis Leakey en los años sesenta. Leakey llegó a esta conclusión tras el hallazgo, en la Garganta de Olduvai (Tanzania), de restos fósiles asociados a una industria lítica extremadamente primitiva, conocida como Olduvayense (precursora del Achelense), con una antigüedad estimada entre 2,4 y 1,4 millones de años. 
A partir de estas evidencias, definió al Homo habilis como el primer fabricante de herramientas y, en consecuencia, como la especie fundacional del género Homo.
Ahora vamos con los peros. En la actualidad, sabemos que el bipedismo y el uso de herramientas no surgieron de manera simultánea, como se asumió durante décadas. 
El hallazgo de Lucy (Australopithecus afarensis) lo dejó en evidencia. Esta pequeña hembra, cuyos restos fueron descubiertos en la región de Afar, en Etiopía, vivió hace unos 3,2 millones de años y constituye la primera prueba inequívoca de un homínido plenamente bípedo, pero no asociada a la fabricación de  herramientas.
Las investigaciones más recientes sitúan la aparición del bipedismo en torno a los cuatro millones de años, a partir de los fósiles de Ardipithecus, encontrados en Kenia y Etiopía en la década de 1990. Sin embargo, existen indicios aún más antiguos: un fémur hallado en Kenia y datado en unos 6 millones de años y unas extremidades inferiores descubiertas en Chad de entre 6 y 7 millones de años sugieren que estos primeros homínidos ya podrían haber caminado erguidos. La brecha temporal cada vez mayor entre las herramientas líticas más antiguas y el origen del bipedismo refuerza la idea de que ambos procesos evolucionaron de manera independiente. 
Pero debemos tener en cuenta varias cuestiones. 
La primera es señalar que el hecho de no tener restos de instrumentos no significa necesariamente que estos bípedos no los creasen. Todos hemos creado artefactos de madera o de materiales más fáciles de modificar que una piedra. Es lógico pensar que, antes de crear útiles de piedra, se hiciesen herramientas con estos materiales (maderas, huesos, conchas o caparazones) que han desaparecido por su mayor fragilidad y su menor resistencia al paso del tiempo.
También hay que puntualizar que estos bípedos estaban perfectamente adaptados a su entorno y, posiblemente, fueran más rápidos y ágiles que nosotros. Es necesario descartar la imagen de seres andando torpemente, como los simios actuales. La selección natural es una jueza implacable y una locomoción ineficiente habría condenado a estas especies a una extinción inmediata, impidiendo que sus restos llegaran hoy a nuestras manos.
Además, a este escenario se suma otro dato: el Homo habilis no estuvo solo. Otras especies, como el Homo rudolfensis, descubierto en Kenia y datado en 2,4 millones de años, podrían disputarle el título de primer representante del género Homo. Esto abre la posibilidad de que las industrias líticas más antiguas no pertenezcan exclusivamente al Homo habilis. De hecho, la zona de Afar ha proporcionado herramientas con una antigüedad de entre 2,6 y 2,5 millones de años.
Los descubrimientos continúan ampliando —y complicando— el panorama. Aunque rodeados de controversia, en el yacimiento de Dikika (también en Afar) se han documentado marcas de corte sobre huesos de 3,4 millones de años, y en Lomekwi (Kenia) se han encontrado herramientas que alcanzan los 3,3 millones de años. A medida que las fechas del bipedismo se alejan hacia los 7 millones de años y las de la industria lítica retroceden hacia los 4 millones, la fecha y la identidad del primer ser humano siguen constituyendo un apasionante enigma.

Bibliografía: 
 (imágenes)

viernes, 10 de abril de 2026

El rey del porno. Alfonso XIII

La historia oficial suele retratar a los monarcas entre óleos solemnes, uniformes de gala y discursos de Estado, pero Alfonso XIII, el bisabuelo de nuestro actual rey, prefirió añadir a su legado un toque de celuloide mucho más crudo y menos protocolario. Mientras España se desangraba en el Rif o se asomaba al abismo de la dictadura de Primo de Rivera, el apodado "rey playboy" dedicaba sus energías más creativas a una industria que no era apta para todos los públicos. No se trataba solo de una afición pasiva de un aristócrata aburrido; Alfonso XIII fue, con todas las letras, el primer gran promotor y productor de cine pornográfico en España. Una faceta que nos revela a un Borbón mucho más preocupado por los "asuntos de bragueta" que por los de las Cortes. Ya sabemos que no fue el primero ni será el último. Su nieto, el actual rey emérito, es bien conocido por la facilidad con la que se desabrochaba esa misma bragueta, lo mismo que los reconocidos puteros Fernando VII y Alfonso XII.
Bajo el pomposo y nada sutil nombre de Royal Films, una productora barcelonesa liderada por los hermanos Ramón y Ricardo de Baños, el monarca dio rienda suelta a sus fantasías más íntimas. Resulta casi cómico imaginar al Conde de Romanones, un prócer de la patria, actuando como intermediario para encargar películas donde el sexo no conocía de censuras ni de morales cristianas. Lo más fascinante de este "negocio real" es que el Rey no se limitaba a poner la firma o el dinero; participaba activamente en el guion, aportando ideas que hoy calificaríamos de "casposas" o "rancias", y que incluso supervisaba los castings. Las actrices eran reclutadas en los bajos fondos del Raval barcelonés, prostitutas que pasaban de las calles a la pantalla bajo la mirada crítica de un soberano que buscaba exactamente lo que quería ver.
Las tramas de estas cintas, de las que se cree que hubo hasta setenta, son un espejo de la psicología de un hombre que entendía el poder como una herramienta de placer. Los títulos que han sobrevivido —"El confesor", "El ministro" y "Consultorio de señoras"— no dejan mucho a la imaginación: en ellos, figuras de autoridad como curas, políticos o médicos se aprovechaban sexualmente de mujeres que acudían a ellos en busca de ayuda.
Es una ironía sangrienta que un rey que ostentaba la máxima autoridad permitiera que sus películas reflejaran ese abuso de poder tan descarnado, mientras él mismo proyectaba estas cintas en una sala privada del Palacio Real ante su círculo de "amigotes". Mientras el pueblo vivía en un ambiente dominado por una moral trentista y profundamente conservadora, el palacio se convertía de noche en un cine erótico donde el monarca se sentía un hombre moderno y cosmopolita*.
Pero si la producción de estas películas ya es digna de una novela, su redescubrimiento roza el surrealismo español más puro. Tras el exilio del rey en 1931 y su posterior muerte en Roma, se pensó que este tesoro sicalíptico se había perdido para siempre, pues el propio monarca había ordenado destruir gran parte de su colección. Sin embargo, la realidad superó a la ficción cuando, en los años noventa, tres de estas cintas aparecieron en un convento de Valencia. Que el porno del rey terminara custodiado por monjas es el cierre perfecto para una historia marcada por la hipocresía y la transgresión de un hombre que, como su nieto, padecía una verdadera adicción al sexo. 
Hoy, esas películas mudas, en blanco y negro pero con un contenido sexual explícito que aún hoy resulta escandaloso, descansan en la Filmoteca Valenciana. Alfonso XIII pasará a los libros de texto por su huida hacia el exilio y por ser el último Borbón antes de la República, pero en la memoria "golfa" de este país, siempre será el rey que, entre amantes y coches de lujo, decidió que España necesitaba sus propios "guiones castizos" para calentar las noches de palacio. Los reyes no tienen vida privada. En este caso, sus vicios han terminado siendo parte de nuestra historia audiovisual más bizarra.

* Para hacernos una idea de la "moralidad" del monarca, basta esta curiosidad. En el libro Adiós a Hollywood con un beso, Anita Loos relata una anécdota reveladora sobre el monarca. Según la escritora, cuando el Borbón visitó la meca del cine se empeñó en conocer a Roscoe (Fatty) Arbuckle, un actor que se había hecho muy popular por los papeles cómicos que interpretaba en producciones mudas.
Ante la insistencia del rey, su anfitrión tuvo que explicarle que "Fatty" (apodo que se había ganado por su tripa prominente) estaba apartado de la industria cinematográfica a raíz del "escándalo Arbuckle". El comediante había sido juzgado por la muerte de una joven actriz (Virginia Rappe), a la que supuestamente había violado de forma salvaje con una botella de champán.
Al escuchar la historia (según la versión de Loos) Alfonso habría exclamado: "Vaya, qué injusticia. ¡Si eso le podía haber pasado a cualquiera!".

Bibliografía: