La historia oficial suele retratar a los monarcas entre óleos solemnes, uniformes de gala y discursos de Estado, pero Alfonso XIII, el bisabuelo de nuestro actual rey, prefirió añadir a su legado un toque de celuloide mucho más crudo y menos protocolario. Mientras España se desangraba en el Rif o se asomaba al abismo de la dictadura de Primo de Rivera, el apodado "rey playboy" dedicaba sus energías más creativas a una industria que no era apta para todos los públicos. No se trataba solo de una afición pasiva de un aristócrata aburrido; Alfonso XIII fue, con todas las letras, el primer gran promotor y productor de cine pornográfico en España. Una faceta que nos revela a un Borbón mucho más preocupado por los "asuntos de bragueta" que por los de las Cortes. Ya sabemos que no fue el primero ni será el último. Su nieto, el actual rey emérito, es bien conocido por la facilidad con la que se desabrochaba esa misma bragueta, lo mismo que los reconocidos puteros Fernando VII y Alfonso XII.
Bajo el pomposo y nada sutil nombre de Royal Films, una productora barcelonesa liderada por los hermanos Ramón y Ricardo de Baños, el monarca dio rienda suelta a sus fantasías más íntimas. Resulta casi cómico imaginar al Conde de Romanones, un prócer de la patria, actuando como intermediario para encargar películas donde el sexo no conocía de censuras ni de morales cristianas. Lo más fascinante de este "negocio real" es que el Rey no se limitaba a poner la firma o el dinero; participaba activamente en el guion, aportando ideas que hoy calificaríamos de "casposas" o "rancias", y que incluso supervisaba los castings. Las actrices eran reclutadas en los bajos fondos del Raval barcelonés, prostitutas que pasaban de las calles a la pantalla bajo la mirada crítica de un soberano que buscaba exactamente lo que quería ver.
Las tramas de estas cintas, de las que se cree que hubo hasta setenta, son un espejo de la psicología de un hombre que entendía el poder como una herramienta de placer. Los títulos que han sobrevivido —"El confesor", "El ministro" y "Consultorio de señoras"— no dejan mucho a la imaginación: en ellos, figuras de autoridad como curas, políticos o médicos se aprovechaban sexualmente de mujeres que acudían a ellos en busca de ayuda. Es una ironía sangrienta que un rey que ostentaba la máxima autoridad permitiera que sus películas reflejaran ese abuso de poder tan descarnado, mientras él mismo proyectaba estas cintas en una sala privada del Palacio Real ante su círculo de "amigotes". Mientras el pueblo vivía en un ambiente dominado por una moral trentista y profundamente conservadora, el palacio se convertía de noche en un cine erótico donde el monarca se sentía un hombre moderno y cosmopolita*.
Pero si la producción de estas películas ya es digna de una novela, su redescubrimiento roza el surrealismo español más puro. Tras el exilio del rey en 1931 y su posterior muerte en Roma, se pensó que este tesoro sicalíptico se había perdido para siempre, pues el propio monarca había ordenado destruir gran parte de su colección. Sin embargo, la realidad superó a la ficción cuando, en los años noventa, tres de estas cintas aparecieron en un convento de Valencia. Que el porno del rey terminara custodiado por monjas es el cierre perfecto para una historia marcada por la hipocresía y la transgresión de un hombre que, como su nieto, padecía una verdadera adicción al sexo.
Hoy, esas películas mudas, en blanco y negro pero con un contenido sexual explícito que aún hoy resulta escandaloso, descansan en la Filmoteca Valenciana. Alfonso XIII pasará a los libros de texto por su huida hacia el exilio y por ser el último Borbón antes de la República, pero en la memoria "golfa" de este país, siempre será el rey que, entre amantes y coches de lujo, decidió que España necesitaba sus propios "guiones castizos" para calentar las noches de palacio. Los reyes no tienen vida privada. En este caso, sus vicios han terminado siendo parte de nuestra historia audiovisual más bizarra.
* Para hacernos una idea de la "moralidad" del monarca, basta esta curiosidad. En el libro Adiós a Hollywood con un beso, Anita Loos relata una anécdota reveladora sobre el monarca. Según la escritora, cuando el Borbón visitó la meca del cine se empeñó en conocer a Roscoe (Fatty) Arbuckle, un actor que se había hecho muy popular por los papeles cómicos que interpretaba en producciones mudas.
Ante la insistencia del rey, su anfitrión tuvo que explicarle que "Fatty" (apodo que se había ganado por su tripa prominente) estaba apartado de la industria cinematográfica a raíz del "escándalo Arbuckle". El comediante había sido juzgado por la muerte de una joven actriz (Virginia Rappe), a la que supuestamente había violado de forma salvaje con una botella de champán.
Al escuchar la historia (según la versión de Loos) Alfonso habría exclamado: "Vaya, qué injusticia. ¡Si eso le podía haber pasado a cualquiera!".
Bibliografía:
newtral.es/alfonso-xiii-cine-porno/20220605/
https://www.elindependientedegranada.es/ciudadania/peli-porno-alfonso-xiii-que-calento-granada-1917-fulmino-teatro-alhambra
https://elpais.com/elpais/2020/07/15/icon/1594801844_900794.html
https://www.rtve.es/television/20251209/series-ena-rey-playboy-alfonso-xiii-productra-cine-erotico/16843016.shtml
https://www.lasexta.com/programas/al-rojo-vivo/alfonso-xiii-aficion-cine-porno-elegia-actrices-implicaba-guiones-ponia-dinero_202205316296011e42136300014b7b8f.html
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