lunes, 8 de octubre de 2012

Víctor Jara

Las de Víctor Jara son historias de amor eternas, sin patria, bandera ni tiempo. Sus protagonistas son trabajadores textiles y campesinos, obreros y mineros, cuyos amores, sueños e ilusiones los cuenta de forma delicada y discreta, con un lirismo responsable y consciente, nacido de la empatía de quien tiene un profundo respeto para las personas. Son personajes que siempre tienen un nombre… como Amanda y Manuel (llamados así por sus padres), protagonistas de la estremecedora historia de amor en los tiempos de la fábrica de Te recuerdo Amanda (1969).
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El pasado 28 de septiembre Víctor Jara hubiera cumplido ochenta años. Y casi cuarenta han pasado de su trágica muerte, a la edad de 41 años, asesinado a manos de los sicarios con uniforme militar del dictador Augusto Pinochet. Fue en el estadio de Santiago de Chile, hoy llamado Estadio Víctor Jara, en aquel septiembre negro de 1973, apenas cinco días después del bombardeo del palacio de La Moneda y el asesinato del presidente Salvador Allende.
«Somos cinco mil en esta pequeña parte de la ciudad. Somos cinco mil ¿Cuántos seremos en total en las ciudades y en todo el país? ... ¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, terror y locura!»… Estas fueron sus últimas palabras, anotadas en un cuaderno pocas horas antes de morir.
Casi cinco lustros han pasado del comienzo de la lentísima transición democrática chilena, iniciada con el plebiscito que puso fin al régimen militar de Pinochet en 1988, aunque se mantuvo en el cargo de comandande en jefe de las Fuerzas Armadas del Chile democrático durante una década más, para luego convertirse en senador vitalicio. 
Los asesinos de Víctor Jara y de decenas de miles de personas detenidas y torturadas, en algunos casos delante de las televisiones de todo el mundo, continúan andando libres, impunemente, por las calles del país, como incurables nostálgicos del «orden», la «seguridad» y la «disciplina».

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