miércoles, 9 de enero de 2013

El secreto de las pinturas rupestres

Los hombres del Paleolítico no escogieron al azar las paredes donde pintaron mamuts, bisontes, ciervos y caballos. La mayoría de las pinturas rupestres fueron ejecutadas en cavidades que amplifican la intensidad y duración de los sonidos, y donde hay numerosos ecos.
Los estudios realizados a fines de la década de 1980 por Iegor Reznikoff y Michel Dauvois, muestran que las cuevas constituyen un universo sonoro a todos los efectos extraordinario.
"Es ilusorio querer comprender el significado del arte rupestre limitándose al aspecto visual", dice Yegor Reznikoff, señalando que no es concebible mirar las pinturas rupestres como simples escenas de caza. Cuando ellos encendían las antorchas, las voces les daban "un significado ritual, un efecto chamánico".
La asociación entre el sonido y la imagen en el arte rupestre se ha confirmado en España en los abrigos rocosos de la región de Valltorta, al norte de Valencia (Journal of Archaeological Science, diciembre de 2012). Las pruebas acústicas utilizadas -la voz humana, un silbato y golpes de manos- han demostrado que también hay pinturas concentradas en zonas que se caracterizan por una fuerte resonancia acústica y muchos ecos. Menos célebre que el arte magdaleniense, el arte parietal levantino es mucho más reciente (de hace unos 10.000 a 6.500 años) que el de la cueva de Chauvet (30.000 años) o Lascaux (18.000 años). Realizados por ganaderos y agricultores, las pinturas representan, muy esquemáticamente, a animales -muchas cabras- y a seres humanos cazando y en lucha.
En Francia, las investigaciones acústicas se han llevado a cabo en las cuevas de Portel, Niaux, Oxocelhaya y Isturiz, en los Pirineos, y en Arcy-sur-Cure, en Borgoña. En todas estas cuevas entre el 80% y el 90% de las obras pictóricas se encuentran sobre paredes donde los sonidos resuenan mucho, lo cual está lejos de ser la norma. A través de su investigación, Iegor Reznikoff se dio cuenta de que el sonido y las imágenes son inseparables. En la cueva de Portel, que ha sido cartografiada al completo, no hay ninguna pintura en una gran sala con paredes perfectamente lisas, sin ninguna resonancia.

4 comentarios:

JV Araújo dijo...

Recuerdo que en su día me impresionó mucho El presente eterno, el estudio de Sigfried Giedion sobre arte rupestre. Luego leí en alguna parte que se publicó en España a principio de los 80, y que tuvo su importancia en la aparición de la pintura primitivista que se puso tan de moda en esa época. Todo vuelve (menos la mocedad).

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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