jueves, 29 de enero de 2015

Los disparatados científicos del Hyperclub

En octubre de 1920, en medio de un revolucionado ambiente científico que intentaba asimilar la mecánica cuántica, la relatividad y otras nuevas ideas que parecían contradecir el razonamiento lógico, un grupo de intelectuales españoles con mucho sentido del humor fundaron en Madrid el Hyperclub.
Era una sociedad selecta y solamente aceptaba socios que hubieran llevado a cabo algún proyecto insensato, o que presentaran algún estudio que fuera contra la lógica o la intuición.
“La falta de sentido común era el ideal del club, y sus miembros debían personificar este ideal al formular sus proyectos”, escribe Thomas Glick, profesor de Historia medieval española e Historia de la ciencia y la tecnología en la Universidad de Boston (EEUU).
En sus reuniones solamente se tenían en cuenta ideas y proyectos disparatados, como, por ejemplo, la propuesta del aviador José Rodríguez Díaz de Lecea de perseguir avutardas hasta derribarlas con las alas del aeroplano; o la transcripción al verso en castellano del Tratado de Mecánica Celeste del científico Laplace que hizo el aviador vasco Legórburu.
Era frecuente que el ingeniero Emilio Herrera, presidente de la sociedad, llevara al club las extravagantes propuestas que le llegaban de ciudadanos que aseguraban saber cómo llegar a la Luna o diseñar un motor que no necesitara combustible.
Ingenieros, intelectuales y pilotos militares se mezclaban en las reuniones que tenían lugar en el Aeroclub de Madrid, cerca de un hospital psiquiátrico que los miembros consideraban paso previo obligatorio para la entrada en el Hyperclub.
“De acuerdo con los estatutos, escritos por el propio Herrera, el presidente debía referirse a los miembros de usted, pero los miembros debían utilizar el informal ‘tú’ cuando se dirigían al presidente”, indica Glick.
Al comenzar la guerra civil española, cada miembro tomo partido por el bando al que se consideraba más afín. El grupo quedó disuelto y el Hyperclub desapareció.
Emilio Herrera y Ricardo Baroja, hermano del novelista Pío Baroja, fueron dos de los simpatizantes de la República. El primero acabó exiliado en Francia y el segundo se retiró a su caserío de Vera de Bidasoa (Navarra). 
Tras la guerra se cartearon para mantener el contacto y recordar sus divertidas reuniones. En una de las cartas, Ricardo Baroja le pide a Herrera, por entonces Ministro de Asuntos Militares de la República en el exilio, que le facilite un avión y un piloto para bombardear el palacio del Pardo. La contestación de Herrera no se hace esperar, diciéndole que su petición mostraba tal falta de cordura que le hacía merecedor del título de presidente del Hyperclub.

Fuentes:
http://www.agenciasinc.es/Reportajes/Reservado-el-derecho-de-admision-solo-cientificos-con-ideas-disparatadas
http://www.designboom.com/art/fruit-and-vegetable-light-radu-zaciu-01-28-2015/
http://thisisnthappiness.com/post/101117236584/like-me

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