viernes, 30 de diciembre de 2016

El sesgo de confirmación

http://www.swiss-miss.com/2016/09/unusual-backpack.html
En 1979, un equipo de la Universidad de Stanford llevó a cabo un experimento con sujetos que tenían una opinión muy formada sobre la pena capital, con la mitad de ellos a favor y la mitad en contra.
Cada uno de estos sujetos leyó las descripciones de dos estudios: una comparación de los estados de los Estados Unidos con y sin pena de muerte y una comparación de las estadísticas de asesinatos en un estado antes y después de la introducción de la pena de muerte. Tras una lectura rápida de la descripción de cada estudio, se les preguntó a los sujetos si sus opiniones habían cambiado. Después leyeron una relación mucho más detallada del procedimiento de cada estudio y tuvieron que considerar en qué medida consideraban bien elaborada y convincente la investigación. 
De hecho, los estudios eran ficticios. A la mitad de los sujetos se les dijo que una clase de estudio apoyaba el efecto disuasorio y que el otro lo había minado, mientras que a otros sujetos se les presentaron las conclusiones cambiadas.
Los sujetos, tanto los defensores como los detractores, relataron un ligero cambio en sus posiciones en la dirección del primer estudio que habían leído. Una vez que leyeron las descripciones más detalladas de los dos estudios, casi todos volvieron a sus creencias originales, independientemente de las pruebas aportadas, resaltando los detalles que apoyaban su punto de vista y desatendiendo cualquier detalle contrario. Los sujetos describieron los estudios que apoyaban su punto de vista preexistente como superiores a aquellos que lo contradecían, de modo detallado y específico. Escribiendo sobre un estudio que pareció minar el efecto disuasorio, un defensor de la pena de muerte escribió: «La investigación no cubrió un período lo suficientemente largo de tiempo», mientras que un detractor comentó sobre el mismo estudio: «No hay ninguna prueba fuerte que pueda contradecir las investigaciones que se han presentado».
Los resultados ilustraron que la gente establece estándares más altos en las pruebas para hipótesis que están en contra de sus expectativas vigentes. Este efecto, conocido como «sesgo de desconfirmación», ha sido apoyado por otros experimentos, como el de Taber y Lodge (2006)
Antes de las investigaciones actuales, el fenómeno ya había sido observado de manera anecdótica por escritores, como el historiador griego Tucídides, que escribió en Historia de la Guerra del Peloponeso: «Pues los hombres tienen por costumbre (…) rechazar con razonamientos lo que no les gusta».
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También, un pequeño cambio en la formulación de una pregunta puede afectar al modo en el que se busca entre la información disponible y las conclusiones que se alcanzan. 
Eldar Shafir (de la Universidad de Princeton) lo demostró en 1993 usando un caso ficticio de custodia infantil. 
Los sujetos leyeron de múltiples maneras que el padre A era razonablemente adecuado para ser el tutor. El padre B tenía una mezcla de cualidades destacadas positivas y negativas: una relación cercana con el niño pero a su vez un trabajo que le alejaría de él durante períodos largos. Cuando preguntaron «¿Qué padre debería tener la custodia del niño?», el sujeto buscó atributos positivos y una mayoría escogió al padre B. Sin embargo, cuando la pregunta era «¿a qué padre se le debería negar la custodia del niño?» buscaron atributos negativos y de nuevo una mayoría contestó que el padre B, lo que implicaba que el padre A debería tener la custodia.

Imágenes y fuentes:

2 comentarios:

Ramón Pérez dijo...

Con lo que se demuestra que tenemos que estar siempre muy prevenidos frente a nuestros propios razonamientos.

Diego Iguña dijo...

Cierto. Varios estudios parecen ratificar que lo que pensamos (y lo que recordamos) es menos fiable y consecuente de lo que creemos.
http://diegoiguna.blogspot.com.es/2016/08/decepcion-y-recuerdo-el-experimento.html
http://diegoiguna.blogspot.com.es/2016/08/por-que-votamos-un-partido-neurociencia.html
Saludos Ramón