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viernes, 9 de febrero de 2024

Efecto placebo

En un estudio que realizaron Alia Crum y Ellen Langer de la Universidad de Harvard, se evaluó si la relación entre el ejercicio y la salud está mediada por cierto estado mental. 
Las investigadoras entrevistaron a más de ochenta camareras de habitación que trabajaban en siete hoteles diferentes. 
Las trabajadoras manifestaron que pensaban que realizaban poco o ningún ejercicio diario aun cuando en sus trabajos estas corrían diariamente por los hoteles donde trabajaban. 
Las científicas informaron a la mitad de las camareras que, debido a su trabajo, ya estaban cumpliendo o superando las recomendaciones de treinta minutos de ejercicio diario. 
Un mes después de esta primera entrevista, las mujeres que fueron informadas creían que estaban haciendo más ejercicio que nunca y todas ellas mostraron una disminución en el peso, la presión arterial, la grasa corporal, la relación cintura-cadera y el índice de masa corporal, e incluso desarrollaron una presión arterial más baja a pesar de que en realidad no hacían más ejercicio que antes. 
La otra mitad de trabajadoras que no fueron informadas que estaban cumpliendo o superando las recomendaciones de ejercicio diario no mostraron cambios significativos. 
Estos resultados sugieren que, si uno cree que está haciendo suficiente ejercicio, sí puede perder peso. Se piensa que esto ocurre a través del efecto placebo.

Leído en Por qué tenemos el cerebro en la cabeza, de Pedro Maldonado

martes, 9 de enero de 2024

Estereotipos, prejuicios y educación

Un ejemplo interesante sobre el impacto de la educación y los estereotipos lo encontramos en un estudio de tres investigadores del departamento de psicología de la Universidad de Arizona, Michael Johns, Toni Schmader y Andy Martens. 
En este estudio tomaron a tres grupos de niñas y niños de características similares 
Al primer grupo de niños y niñas se les hizo un examen que se les presentó explícitamente como un examen de Matemáticas. Después de analizar los resultados, observaron que los niños tuvieron un mejor rendimiento en esta prueba. 
Seguidamente, estos investigadores realizaron la misma prueba con un segundo grupo de niñas y niños, pero en esta oportunidad no mencionó la palabra matemáticas; solamente les informaron de que era un ensayo de resolución general de problemas. 
En este caso, niños y niñas tuvieron exactamente el mismo rendimiento. 
Más interesante aún, los investigadores tomaron un tercer grupo de niños y niñas, realizando la misma prueba: esta vez, sin embargo, se les informó, como la primera vez, que este era una prueba de Matemáticas, pero también se les advirtió sobre el prejuicio infundado de que las niñas eran peores para las Matemáticas que los niños. 
Como resultado de esta intervención, el rendimiento de la prueba fue similar entre niños y niñas. 
Este estudio ejemplifica bastante bien el potencial impacto de la intervención social sobre el rendimiento en tareas cognitivas, y cómo la manifestación de capacidades intrínsecas en niños y niñas se ven enmascaradas por nuestros prejuicios culturales.

Leído en Pedro Maldonado: Por qué tenemos el cerebro en la cabeza.

sábado, 21 de julio de 2018

El efecto mariposa. La teoría del caos

La teoría del caos es la denominación popular de la rama de las matemáticas, la física y otras ciencias (biología, meteorología, economía, entre otras) que trata ciertos tipos de sistemas complejos y sistemas dinámicos muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales. Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, imposibilitando la predicción a largo plazo. Esto sucede aunque estos sistemas son, en rigor, deterministas, es decir; su comportamiento puede ser completamente determinado conociendo sus condiciones iniciales.

Aunque Poincaré, a finales del siglo XIX,  fue el primero en pensar en la posibilidad del caos, en el sentido de un comportamiento que dependiera sensiblemente en las condiciones iniciales, el verdadero creador de la teoría del caos se sitúa en la década de 1950 cuando se inventaron los ordenadores y se desarrollaron algunas intuiciones sobre el comportamiento de los sistemas no lineales. Esto es, cuando se vieron las primeras gráficas sobre el comportamiento de estos sistemas mediante métodos numéricos. 

En 1963 Edward Lorenz trabajaba en unas ecuaciones, las mundialmente conocidas como ecuaciones de Lorenz, que esperaba predijeran el tiempo en la atmósfera, y trató mediante los ordenadores de ver gráficamente el comportamiento de sus ecuaciones. Los ordenadores de aquella época eran muy lentos, por eso se dice que Lorenz fue a tomar un té mientras el ordenador hacía los cálculos, y cuando volvió se encontró con una figura que ahora se conoce como atractor de Lorenz.

Pensó que se había cometido algún error al ejecutar el programa y lo intentó repetidas veces, logrando siempre el mismo resultado hasta que se dio cuenta de que algo pasaba con el sistema de ecuaciones simplificado con el que estaba trabajando. Después de estudiar detenidamente el problema y hacer pruebas con diferentes parámetros (tanto iniciales como las constantes del sistema), Lorenz llegó a la conclusión de que las simulaciones eran muy diferentes para condiciones iniciales muy próximas. Al llegar a la misma, recordó que en el programa que él había creado para su sistema de meteorología con la computadora Royal McBee, se podían introducir un máximo de 3 decimales para las condiciones iniciales, aunque el programa trabajaba con 6 decimales y los 3 últimos decimales que faltaban se introducían aleatoriamente. Lorenz publicó sus descubrimientos en revistas de meteorología, pasando desapercibidos durante casi una década.

Los modelos de predicción por ordenador habían logrado cambiar la meteorología, que había pasado a ser considerada una verdadera ciencia. Las evaluaciones del European Center insinuaban que el mundo ahorraba miles de millones de dólares al año gracias a predicciones que eran, estadísticamente, mejor que nada. Sin embargo, transcurridos unos tres días, los más notables pronósticos mundiales se convertían en especulativos, y, pasados seis o siete, en despreciables. 
Lorenz intentó explicar su idea mediante un ejemplo hipotético. Sugirió que imaginásemos a un meteorólogo que hubiera conseguido hacer una predicción muy exacta del comportamiento de la atmósfera, mediante cálculos muy precisos y a partir de datos muy exactos. Podría encontrarse una predicción totalmente errónea por no haber tenido en cuenta el aleteo de una mariposa en el otro lado del planeta. Ese simple aleteo podría introducir perturbaciones en el sistema que llevaran a la predicción de una tormenta.
De aquí surgió el nombre de efecto mariposa que, desde entonces, ha dado lugar a muchas variantes y recreaciones.

Se denomina, por tanto, efecto mariposa a la amplificación de errores que pueden aparecer en el comportamiento de un sistema complejo. Por culpa de meteoros insignificantes —y para un pronosticador global, lo son las tormentas y ventiscas —, cualquier predicción se deteriora en seguida, «el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tempestad en Nueva York».
El péndulo doble es uno de los sistemas caóticos más simples que existen. Se observa su trayectoria irregular, además dando al péndulo una posición inicial ligeramente diferente se obtiene una trayectoria completamente diferente pasado un tiempo (https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_caos)

domingo, 22 de enero de 2017

El Efecto Zenón Cuántico

Ya sabemos que Aquiles tenía un problema a la hora de alcanzar a una tortuga en una carrera. Pero además de eso tenía problemas para disparar flechas.
Esta nueva paradoja de Zenón con la flecha podemos resumirla así:
Todo lo que ocupa un espacio exactamente igual a su tamaño en un instante de tiempo está en reposo. Por lo tanto en cada instante de tiempo la flecha está en reposo y no puede escapar del espacio que ella ocupa. De ahí podemos concluir que la flecha no se mueve.
El truco aquí está en considerar que el tiempo está, en cierto sentido, compuesto por instantes puntuales y discretos en los que la flecha no se mueve y por tanto el movimiento no se produce. La flecha está congelada.
Pero esta es otra historia.
En un grupo de investigación del NIST (National Institute of Standards and Technology, de Colorado) se realizó un experimento donde se puso a prueba el llamado efecto Zenón cuántico.
Seleccionaron unos iones 30 y los pusieron en un estado de energía determinado. Los iones tienen algunos estados de energía permitidos; para hacer un símil, es como un podio de las olimpiadas que constara sólo de dos escalones. La primera posición será la de máxima energía y la segunda, la de mínima energía.
Para que el ion pueda subir o bajar en el podio tiene que absorber o emitir luz (fotones).
Lo que hicieron en este experimento fue exponer a unos miles de iones a una fuente de luz —en este caso particular, eran microondas—. Al cabo de 256 milisegundos realizaron la observación y todos los iones se habían colocado en la primera posición del podio.
Al iniciar el experimento la probabilidad de encontrar los iones en la segunda posición era de un 100% y al finalizar los 256 milisegundos lo que obtenían era una probabilidad del 100% de encontrarlos en la primera posición. Entremedio simplemente podemos imaginar que la probabilidad iba disminuyendo en la segunda posición y aumentando en la primera.
Lo que hizo el grupo de investigación del NIST fue observar la transición a los 128 milisegundos, y de nuevo a los 256 milisegundos (cuando se suponía que ya habían subido todos a la primera posición del podio). Sin embargo, lo que encontraron en esta última medición fue que sólo el 50% de los iones habían conseguido realizar la transición a la primera posición.
¿Qué podía haber frenado al resto de los iones a subir al primer puesto?
https://es.pinterest.com/pin/419538521508046530/
El efecto Zenón cuántico lo explicaba: al hacer la medición a la mitad del proceso, muchos de los iones se encontraban camino del primer escalón del podio. Al ser observados se tuvieron que definir (como en el experimento de la doble ranura: o bien izquierda, o bien derecha) y puesto que estaban más cercanos a la segunda posición, se localizaban en ella. De ese modo, después de esta primera medición, la transición tenía que volver a empezar. Al medir por segunda vez los iones —después de los 258 milisegundos— sólo un 50% habían logrado subir a la primera posición.
Emocionados, los científicos repitieron el experimento con más mediciones entremedio consiguiendo, acorde con las predicciones teóricas del efecto Zenón cuántico, que cada vez menos iones finalizasen la transición a la primera posición del podio.

La conclusión a la que llegaron era prometedora. Se puede «congelar» el cambio de un sistema cuántico —y mantenerlo en el estado deseado— simplemente midiéndolo muchas veces.
Pero la física cuántica nos sorprende aún más cuando se descubre que en la mayoría de las ocasiones en las que uno mide repetidamente sobre un sistema cuántico en lugar de frenar su evolución, la acelera. A esto se le denomina efecto anti-Zenón cuántico.

sábado, 14 de enero de 2017

Entrelazamiento y superposición

Todos reconoceréis en este dibujo un cubo representado en dos dimensiones.
Pero este esbozo tiene una particularidad: si dejáis que vuestro cerebro interprete las tres dimensiones espaciales podéis visualizar cómo la cara frontal del cubo es o bien el cuadrado de la izquierda o bien el de la derecha. Ambas interpretaciones son igual de correctas. Vuestra percepción del cubo puede ir variando, pero nunca podréis ver las dos caras al mismo tiempo.
Si ahora os pedimos que tapéis el dibujo con la mano y os preguntamos: ¿cuál de las dos partes es la frontal?, no podréis darnos una respuesta, pues sin verlo —sin colapsarlo— el cubo se encuentra en una superposición: ambas caras están al frente y al final simultáneamente.
Por supuesto que en este caso no se produce una superposición cuántica, pero es un buen ejemplo sobre la percepción que nos puede ayudar a comprenderla.
Ahora complicaremos el juego para entender el entrelazamiento.
Dibujaremos dos cubos como el anterior. Al observarlos nos sucederá lo mismo, pero en esta ocasión, cuando interpretamos que el cuadrado izquierdo está al frente del primer cubo, automáticamente el segundo cubo se comporta igual, y viceversa. Están entrelazados. Sin embargo, al taparlos con la mano ambos vuelven a estar indefinidos.
Imaginad ahora que rompéis esta página por la mitad. Uno de los cubos os lo quedáis vosotros y el otro lo enviáis a un amigo lejano. Si estas ilustraciones siguiesen las normas cuánticas del entrelazamiento, cada vez que observaseis el cubo que os habéis guardado y determinaseis qué cara es la frontal, vuestro amigo vería exactamente la misma que vosotros. Existiría una correlación perfecta. Así funciona el entrelazamiento cuántico.

Fernández-Vidal, Sonia: Desayuno con partículas. Plaza y Janés. Barcelona. 2013
http://www.sticksandstonesagency.com/txt-stefan/#&gid=1&pid=8

sábado, 7 de enero de 2017

Los monos y las bananas

En 1967 un equipo de científicos liderado por Stephenson realizó el siguiente experimento: encerraron a cinco monos en una jaula, en cuyo centro situaron una escalera con unas apetitosas bananas en lo más alto.
El mono más espabilado y rápido enseguida se aventuró a subir los peldaños para hacerse con el botín. En ese mismo instante, los científicos rociaron al resto de los monos, que estaban en el suelo, con chorros de agua helada.
Al cabo de poco tiempo, los monos dedujeron que cada vez que uno de ellos subía a por las bananas, los que quedaban abajo recibían, como castigo, el chorro de agua fría.
Como resultado del aprendizaje, cada vez que alguno hacía el ademán de subir por la escalera, el resto se lanzaba encima del aventurero y se ensañaban con él para disuadirle de que llevase a cabo su hazaña.
Con el tiempo ninguno de los monos se atrevía a subir la escalera, a pesar de la tentación de las bananas.
En ese momento, los científicos decidieron cambiar a uno de los monos. El recién llegado, al ver las fantásticas frutas, se dispuso a subir la escalera. El resto de los monos lo bajaron rápidamente, propinándole una buena paliza. Después de intentarlo en otras ocasiones y recibir palizas una y otra vez, el nuevo integrante del grupo cesó en su empeño, pese a que nunca entendió el porqué de tantos golpes.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió exactamente lo mismo. En esta ocasión, el primer sustituto se apuntó con entusiasmo a propinarle la paliza al novato.
Los científicos fueron cambiando uno a uno a los monos hasta que no quedó ninguno de los originales. Cinco monos que habían cejado en su empeño de subir a por las bananas, y que además golpearían al que se atreviese a ir a por ellas, a pesar de no haber recibido jamás un chorro de agua fría.
Ninguno de ellos conocía, por tanto, la razón por la que "no se podía" subir la escalera.
Este experimento ratifica lo que la experiencia (ver la entrada de Los elefantes) la teoría política (el concepto de la hegemonía de Gramsci resulta incómodamente cercano) y otras experiencias de psicología social  (ver Indefensión aprendida) habían subrayado: las tradiciones, percepciones, explicaciones, valores y creencias de un grupo llegan a ser vistos como leyes de validez universal o de referencia en la sociedad cuando no son más que costumbres y normas instauradas por el uso y por su eficacia como instrumento de control.

Fernández-Vidal, Sonia: Desayuno con partículas. Plaza y Janés. Barcelona. 2013

lunes, 2 de enero de 2017

El tamaño del átomo

"Ésta es la visión que tenemos de un átomo, ¿verdad? En realidad esta ilustración no está, ni mucho menos, a escala. Imaginemos que el núcleo del átomo fuese del tamaño de una pelota de tenis de mesa. Si la colocásemos en el centro de un gran estadio de fútbol, el electrón sería más pequeño que la punta de un alfiler y daría vueltas alrededor de la última grada. Todo lo demás, porterías, asientos, césped, etcétera, estaría completamente vacío.
Si pudiésemos agrupar todos los átomos que forman la humanidad, los de todos y cada uno de los seres humanos que habitamos el planeta, si juntásemos las partículas que forman esos átomos, quitando el espacio vacío entre ellas, toda la especie humana cabría en un simple terrón de azúcar."
En la mecánica cuántica, el electrón no sigue un solo camino, se sitúa aquí y allí, en una región alrededor del núcleo que se llama la nube electrónica u orbital atómico. 
Los orbitales del electrón pueden adoptar diversas formas características dependiendo de la naturaleza del átomo. Esta forma del orbital atómico define el tamaño del átomo. 
Así, el diámetro de la nube electrónica alrededor del núcleo, es decir, el diámetro de todo el átomo es del orden de 0,1 nanómetro o una diez mil millonésima parte de un metro. Un átomo es tan pequeño que se podrían alinear 10 millones de átomos en un milímetro.
*Fernández-Vidal, Sonia: Desayuno con partículas. Plaza y Janés. Barcelona. 2013
Bryson, Bill: Una breve historia de casi todo, RBA, Barcelona, 2004

sábado, 10 de diciembre de 2016

¿Qué es un agujero negro?

Un agujero negro es una región finita del espacio en cuyo interior existe una concentración de masa lo suficientemente elevada como para generar un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar de ella.
Juan Carlos Ortega en su libro El Universo para Ulises pone un ejemplo muy ilustrativo para entender qué es un agujero negro. 
http://www.theatlantic.com/photo/2016/09/images-from-offworld/499790/
Pide a Ulises que lance una piedra hacia arriba. La piedra cae. Después lo convierte en un superhéroe y le pide que lance de nuevo la piedra a una velocidad inmensa pero la piedra vuelve a caer...
"La cuestión que podemos plantearnos en este instante es la siguiente: ¿hay alguna velocidad a la que podamos tirar la piedra hacia arriba para conseguir que ésta no regrese jamás? Es una pregunta extraordinaria, y su respuesta nos ofrece la clave para entender la esencia de algunos fenómenos curiosos del universo. Esa velocidad existe, e incluso tiene un nombre. Los físicos la llaman velocidad de escape.
En nuestro planeta, la velocidad de escape es de aproximadamente 11 kilómetros por segundo. Eso significa que, si se lanza con fuerza cualquier cosa hacia arriba a esa velocidad —o a una velocidad superior—, jamás regresará a la Tierra. Continuará en línea recta hacia arriba sin que la gravedad de nuestro planeta pueda hacer nada por recuperarla.
Esos 11 kilómetros por segundo necesarios para que nada regrese al suelo representan una velocidad aplicable sólo a nuestro planeta. Si la Tierra fuera más masiva, atraería a los objetos con más fuerza y, por lo tanto, la velocidad de escape tendría que ser mayor. 
Podemos realizar un ejercicio de imaginación y especular sobre lo que ocurriría en planetas más grandes que el nuestro. Supón que vivimos en un mundo enorme, con una atracción gravitatoria fenomenal que requiera una velocidad de escape de, por ejemplo, 100 kilómetros por segundo. Y nada nos impide ir más allá y aumentar todavía más la masa de nuestro planeta imaginario desde cuya superficie lanzamos piedras hacia arriba. ¿Qué tal un planeta con mucha masa cuya velocidad de escape fuera, pongamos por caso, 150.000 kilómetros por segundo? Ésa es una velocidad enorme, la mitad de la de la luz. En ese caso, sí que tendrías que ser un superhéroe enormemente poderoso para otorgarle a una piedrecita semejante velocidad. Pero podemos imaginarlo sin problema. Tus músculos son impresionantes y lo consigues. La piedra abandona el planeta ultramasivo y no regresa más.
Estamos a punto de llegar a un callejón sin salida, porque si continuamos aumentando la masa de nuestro mundo imaginario, podemos suponer que es tan enorme que la velocidad de escape sea de 300.001 kilómetros por segundo, la velocidad de la luz y un poquito más.
http://illusion.scene360.com/art/84324/jie-ma/
¿Qué pasaría entonces? Muy fácil: que la velocidad que tendríamos que aplicar a una piedra lanzada hacia arriba para que jamás regresara a nuestro masivo planeta sería la de la luz y un poquito más.
Pero ningún objeto puede viajar más rápido que la luz, por tanto, un planeta tan masivo como éste tendría una asombrosa cualidad: nada podría escapar de él. Todo regresaría a su superficie siempre.
¿Cómo sería un planeta así? Vamos a suponer que lo tenemos muy lejos de la Tierra y que lo miramos a través de un telescopio. ¿Qué veríamos exactamente?
Para que pudiéramos hacerlo, la luz tendría que llegar hasta él, rebotar y viajar hasta tus ojos. Pero la velocidad de escape de ese mundo hipotético es un poquito más alta que la velocidad de la luz. Por tanto, para que los rayos incidieran sobre su superficie, rebotaran y regresaran a tus ojos, tendrían que salir de allí a la velocidad de escape. Y esa velocidad es superior a la de la luz. Por tanto, para que lo pudieras ver, la luz tendría que abandonar el planeta a una velocidad superior a la de la luz. La luz tendría que ir más rápido que la luz, lo cual es una contradicción. Conclusión: no podrías verlo jamás.
Un objeto tan masivo, capaz de no dejar escapar nada, ni siquiera la luz, sería perfectamente invisible para ti y para todo el mundo. Resultaría indistinguible del oscuro espacio vacío. Dicho de otro modo: sería negro, completamente negro. Los científicos tienen un nombre para esas cosas tan masivas. Les llaman agujeros negros.
El concepto agujero negro parece algo muy moderno. Su nombre nos evoca todo lo relacionado con los misterios de la nueva cosmología, pero en realidad su existencia ya fue sostenida por un muchacho que nació el día de Navidad del año 1724.
Se llamaba John Michell y ya desde pequeño tuvo una gran vocación religiosa. Acabó convirtiéndose en clérigo, cosa que no le impidió dedicarse a lo que más le gustaba: la geología, inventando incluso varios aparatos tremendamente útiles para medir los movimientos sísmicos. Michell expuso en una carta la posibilidad de que una estrella muy masiva pudiera tener tanta atracción gravitatoria que ni siquiera la luz escapara de ella. Sería un cuerpo oscuro, invisible a través de cualquier telescopio, puesto que ningún rayo de su luz nos llegaría. Todos serían devorados como si la estrella fuera un monstruo gigante.
Ute Kraus CC 2.0 Attribution Sharealike License
Esta idea quedó guardada en el cajón de la ciencia porque todos los físicos de la época la consideraban imposible. Tuvieron que pasar muchísimos años hasta que, en 1968, un físico llamado John Wheeler acuñó el término agujero negro para los objetos que un desconocido geólogo del siglo XVIII había imaginado en soledad.

http://eltamiz.com/2008/02/10/la-vida-privada-de-las-estrellas-los-agujeros-negros/
https://es.wikipedia.org/wiki/Agujero_negro
Ortega, Juan Carlos: El Universo para Ulises, Planeta, 2013.

miércoles, 20 de julio de 2016

Los perros no ladran

http://cocteldemente.com/dimitra-milan-un-canto-a-la-belleza/
Aunque los perros descienden directamente del lobo salvaje (Canis lupus), su ladrido constituye una diferencia significativa respecto a su especie antecesora. Aunque los lobos ladran, lo hacen solo en situaciones muy específicas, cuando compiten por la comida, por ejemplo, especialmente los lobeznos. Según Coppinger y Feinstein, los perros ladran en secuencias largas y rítmicas, pero los ladridos de los lobos adultos tienden a ser breves y aislados. En comparación con los lobos, que nunca ladrarían durante horas como un perro doméstico, los perros ladran mucho más frecuentemente y en mayor diversidad de situaciones.
De hecho, hay estudios que afirman que en estado salvaje los perros no ladran. Sólo los que han tenido contacto con humanos lo hacen.
El motivo por el cual los perros domésticos ladran no está claro. Existen tres posibles explicaciones. Algunos autores consideran que que es una imitación del habla humana, por lo que, desde el punto de vista del perro, quienes ladran son los humanos y él simplemente se adapta a las circunstancias. Otros expertos, teniendo en cuenta que es una actitud propia de los lobeznos, piensan que el hecho de que los perros no hayan abandonado esta forma de expresión se debe a su dependencia e inmadurez. Otra posible causa que otros señalan sería el proceso de domesticación y selección por la que una tendencia mayor a ladrar podría haber sido útil para el hombre como sistema de alarma.


http://www.ardengrange.es/por-que-los-lobos-no-ladran/
Peter Villanueva Hering:  Errores falacias y mentiras 

lunes, 18 de enero de 2016

¿Aumenta la familia Homo?: Homo gautengensis

Un equipo internacional, liderado por la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, identificó y nombró en 2010 la especie Homo gautengensis, la cual, dicen, sería la primera especie Homo reconocida. Consideran descubierta una nueva rama del árbol genealógico humano, una especie de poco peso, pequeña estatura y amante de las plantas masticables correosas.
La identificación se basa en un cráneo parcial (conocido sólo por el número de catálogo del museo, Stw 53), junto con los restos de otros dos cráneos, mandíbulas, varios dientes y otros huesos encontrados, en distintas ocasiones, en Sterkfontein y otras cuevas cercanas.
Tras un examen detallado y una comparación con los otros fósiles, los científicos afirman que era lo suficientemente diferente como para justificar su calificación como una propia especie y que surgió antes que el Homo habilis.
Los datos de los fósiles demostraron que el Homo gautengensis caminaba erguido en el sur de África hace ya 2 millones de años y, plenamente desarrollado, sería de poco más de un metro de altura y con un peso alrededor de 50 kg.
Existió hasta quizá hace unos 600.000 años, pero los científicos no creen que diera origen a nuestra propia especie, Homo sapiens. Sus dientes molares y premolares eran relativamente grandes, lo que sugiere que su dieta incluía material vegetal para el que se requiere mucha masticación.
"Las herramientas de piedra que utilizaba eran bastante primitivas, pero éstas y el uso del fuego nos muestran que trataba de usar la tecnología para obtener y quizás preparar su comida", afirma el científico Darren Curnoe.
Sus restos fueron encontrados en las mismas cuevas que las de dos parientes lejanos en el árbol genealógico humano, el Australopithecus robustus y el Australopithecus africanus. Esta especie ha sido asignada a menudo a Homo habilis (Hughes y Tobias, 1977) y a Australopithecus africanus (Ronald Clarke, 2013).
Colin Groves, profesor en la Escuela de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Australiana, afirma que: "Coexistieron una serie de especies diferentes de protohumanos, tal vez de corta duración, que vivieron en el oriente y el sur de África en un período entre hace 2 y 1 millón de años"
Según sus defensores, el homo gautengensis parece haber sido un omnívoro más especializado y adaptado a la vida en tierra firme, mientras que el Australopithecus africanus, era más parecido a un mono, tenía los brazos más largos y otras adaptaciones para trepar a los árboles.
Fuentes:
Journal of Comparative Human Biology.
http://terraeantiqvae.com/group/prehistoria/forum/topics/un-nuevo-analisis-de-un-craneo#.VLz_T7CG_ng
http://paleoantropologiahoy.blogspot.com.es/2013/03/homo-gautengensis.html
http://news.discovery.com/human/get-ready-for-more-protohumans.htm

martes, 15 de diciembre de 2015

El cerebro, nuestra caja de herramientas

Investigadores del Dartmouth Collegue (Estados Unidos) revisan esta semana en la revista Trends in Cognitive Sciences de Cell Press las últimas publicaciones de neurociencia social, y argumentan que nuestra capacidad para responder a los retos de una cultura que cambia rápidamente proceden de la capacidad de nuestros cerebros para reutilizar de forma flexible sus recursos neuronales desarrollados a lo largo de la evolución.
"Esta reutilización nos permite hacer mucho con muy poco", destaca la coautora del trabajo, Thalia Wheatley, que añade: "Nuestros cerebros tienen maleabilidad para crear nuevas combinaciones a partir de cálculos preexistentes y realizar esas computaciones con rapidez y flexibilidad en nuevos contextos".
La capacidad espacial que adquirió el cerebro en su evolución la usamos hoy para saber lo ‘cercana’ que resulta otra persona. Del mismo modo, la maquinaria neuronal que se creó para procesar rostros y objetos se ha reutilizado para leer, y nuestras antiguas vivencias en pequeños grupos de cazadores-recolectores todavía se manifiestan cuando personificamos en alguien problemas universales como el hambre o la pobreza.
La doctora Wheatley, del departamento de Ciencias Psicológicas y del Cerebro del Dartmouth Collegue, describe tres tipos de reutilización que puede efectuar el cerebro. Cada uno sucede en tres escalas de tiempo diferentes.
El primero - la reutilización evolutiva - se muestra en todos los animales, y revela cómo la evolución "utiliza lo que está en la habitación" para resolver un nuevo problema. Esto ocurre lentamente, a lo largo de las vidas, mediante la selección natural. Por ejemplo, nuestro cerebro ha desarrollado la capacidad de la representación espacial del medio que lo rodea, y en la sociedad moderna se ha reutilizado y aplicado al concepto de lo ‘cercana’ o ‘próxima’ que está una persona a nosotros, dentro de un entorno social.
Las otras dos formas de reciclaje que se encuentran en los seres humanos dependen de las capacidades cognitivas sociales. Por una parte está la reutilización cultural, referida al proceso por el cual las invenciones culturales -como la lectura, la música y los sistemas de creencias- se adquieren en la vida por circuitos cerebrales preexistentes de elección entre opciones. "Por ejemplo, no evolucionamos directamente a leer. En su lugar, cada vez más investigaciones sugieren que leemos por la reutilización de la maquinaria neural que en principio evolucionó para procesar los rostros y los objetos", explica Parkinson.
Finalmente, la denominada reutilización instrumental sucede sobre la marcha, no sólo dentro de una vida. Es la forma en que intencionalmente y creativamente pulsamos nuestros antiguos botones evolutivos para influir los comportamientos propios y ajenos. Por ejemplo, la forma más eficaz para concienciar y solicitar ayuda para problemas globales -como el hambre, la pobreza y la enfermedad-, no es un análisis racional de los hechos, sino personificar en alguna ‘víctima’ concreta claramente identificada con el problema.
Los investigadores sugieren que esto se debe a que nuestro comportamiento social se puso a punto en pequeñas grupos familiares de cazadores-recolectores, que vivieron estrechamente juntos, en lugar de en grandes sociedades anónimas globalmente interconectadas como la actual. Esta información resulta de interés en las campañas de donación de las ONG y para hacer frente a la indiferencia de la gente en temas como el calentamiento global.
“Entender lo que está en nuestra caja de herramientas cognitivas es un primer paso para comprender cómo podemos utilizarla más eficazmente ante los problemas modernos que nuestros cerebros todavía no han conseguido resolver", concluye Wheatley.

Imágenes y fuentes:
http://www.agenciasinc.es/Noticias/El-cerebro-recicla-habilidades-ancestrales-para-afrontar-nuevos-retos
http://ineedaguide.blogspot.com.es/2015/04/tais-sirole.html
https://www.lensculture.com/articles/thierry-konarzewski-enosim-wasted-souls#slide-21
http://www.fubiz.net/2015/12/07/tiny-famous-van-gogh-paintings-on-matchboxes/

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Meteoritos y volcanes acabaron con los dinosaurios

Una nueva investigación sugiere que el asteroide o cometa que se estrelló contra la Tierra hace 66 millones de años sacudió el planeta con tanta violencia que provocó una erupción volcánica masiva en la India, una doble catástrofe que acabó con los dinosaurios y el 70 por ciento de las especies de la Tierra.
Un grupo de geólogos de la Universidad de Berkeley (California), ha descubierto que el impacto del asteroide en la Tierra de hace 66 millones de años modificó abruptamente la actividad volcánica y que estos dos componentes, tomados de manera conjunta, explican la extinción de los dinosaurios. Este nuevo estudio incluye las fechas más precisas que se tienen hasta el momento para ubicar las erupciones.
El estudio, publicado en la revista Science, da un giro a la explicación global a la extinción masiva del final del período Cretácico. La teoría actualmente más aceptada es que un objeto del tamaño de una montaña se estrelló en el planeta, dejando la huella de un gran cráter en la punta de la península de Yucatán en México.
Pero también es sabido que un proceso de vulcanismo masivo en la India estaba ocurriendo en la misma época. La coincidencia de estos dos eventos se achacó a una casualidad pero posteriores estudios de las formaciones en el Decan (al oeste de la India) indican que el flujo de lava basáltica comenzó mucho antes del impacto.  Por lo tanto, el asteroide o un cometa no causó la erupción inicial pero podría haber intensificado la actividad volcánica. Si hubiese sido solo por el meteorito o solo por los volcanes, los dinosaurios podrían haber sobrevivido. 
El inicio de estas erupciones se produjo en un margen de 50.000 años —un abrir y cerrar de ojos en términos geológicos— con relación a la extinción. Podría haberlas causado la energía sísmica liberada por el meteorito. "Basándonos en nuestra datación de la actividad volcánica, podemos estar bastante seguros de que ambos (el meteorito y las erupciones) provocaron la extinción masiva. Es casi imposible atribuir los efectos atmosféricos a uno u otro. Ambos sucedieron al mismo tiempo", asegura en la nota de prensa el investigador principal, Paul Renne.

http://www.terceracultura.net/tc/?p=8056
http://elpais.com/elpais/2015/09/30/ciencia/1443630716_942487.html
http://www.teletica.com/Noticias/104205-Erupciones-volcanicas-y-un-meteorito-acabaron-con-los-dinosaurios.note.aspx

viernes, 5 de junio de 2015

La viruela, Turquía y las vacunas

En el año 1718 una epidemia de viruela invadió Inglaterra, y lady Montagu, esposa del embajador de Inglaterra en Turquía, envió una carta a una de sus amigas de Londres en la que les explicaba que en aquel país la viruela era casi desconocida gracias a un sistema un poco raro y extraño: unas viejas curanderas picaban a las personas con agujas llenas de pus seco procedente de un enfermo varioloso. Cosa extraña: pocos días después, los enfermos presentaban los primeros síntomas de la enfermedad, pero ésta, en vez de desarrollarse, desaparecía milagrosamente. La fiebre no duraba más que una semana como máximo; añadía la embajadora que las circasianas, célebres por su belleza, muy apreciada en los mercados de esclavas de Samarcanda, eran inoculadas con este pus para preservar su cuerpo de las feas huellas que afeaban el cuerpo de las que habían sufrido la viruela. 
“Mercado de esclavas circasianas en Constantinopla”
Por su parte, el embajador de Francia, decía: «Aquí se toma la viruela como en Francia se toman las aguas». Al parecer, las damas de Constantinopla o Estambul se reunían en casa de las curanderas como las damas de París se reunían para tomar el té. La curandera preguntaba amablemente en qué parte del cuerpo quería ser inoculada porque se sabía que la operación dejaba una pequeña huella.
Se corrían riesgos; por ejemplo, el de contagiarse con otra enfermedad que sufriese el primer paciente o donador. Hoy sabemos de los riesgos de contraer una hepatitis usando jeringuillas u otros instrumentos empleados anteriormente por un individuo atacado de esta enfermedad.
A su regreso a Londres, lady Montagu mostró a las damas de la corte la pequeña cicatriz que había dejado la inoculación y explicó que había hecho lo mismo con sus hijos, que así quedaban inmunes a la viruela. La nuera del rey quiso ser la primera paciente en ser inoculada, pero antes se ensayó el método en seis condenados a muerte y en algunos niños inoculados. Todos quedaron inmunes.
Eduardo Jenner era un médico del Gloucestershire que había observado que las campesinas que ordeñaban las vacas enfermas se contagiaban a veces de la enfermedad debido a alguna pequeña herida en las manos y que con ello quedaban inmunes a la viruela. Jenner se preguntó si sería esta enfermedad de las vacas la misma que la viruela de los humanos.
La viruela había costado la vida a doscientos mil ingleses en un siglo, a catorce mil parisienses en un año y de los cincuenta mil irlandeses que comprendían la población total de la isla habían muerto dieciocho mil. Jenner quiso comprobar si era cierto que quien hubiese sufrido la fiebre vacuna era inmune a la viruela y se decidió a dar un paso transcendental que podía costarle la carrera. Cogió el pus de una vaca enferma y lo inoculó a un niño. Al cabo de siete días el pequeño se quejó de fiebre, dolor de cabeza y temblores: exactamente como un enfermo de viruela. Jenner estaba espantado. ¿Habría acaso cometido un crimen? Dos días después el niño se había restablecido. Su nombre ha pasado a la historia: se llamaba James Phipps. Cuando el niño estuvo curado Jenner continuó su experimento e inoculó a James pus de viruela humana. De ello se siguió una pequeña inflamación y nada más. Dos meses más tarde Jenner inoculó otra vez pus de viruela humana sin que se produjese efecto alguno. La vacuna estaba descubierta.
Entusiasmado, Jenner redactó una memoria sobre sus experimentos y la envió a la Academia Real de Medicina, la cual se la devolvió, no viendo en el texto más que absurdas tonterías.
Se decidió entonces a imprimirla por su cuenta, pero las invectivas y los sarcasmos empezaron. Se le acusó de querer envenenar a la población, se le tachó de loco y los más benévolos le creían un visionario. Pero poco tiempo después Napoleón se hizo vacunar y ordenó la vacuna obligatoria para todo su ejército. La hermana de Napoleón, Elisa, gran duquesa de Lucca y de Piombino, fue la primera soberana que hizo obligatoria la vacunación en su Estado.

domingo, 24 de mayo de 2015

Así olvidamos

Cuando recordamos algo, el cerebro provoca que olvidemos recuerdos similares  que pueden interferir con la evocación de esa memoria. El asunto de fondo se sospechaba. Desde hace tiempo, sabemos que al evocar un recuerdo podemos alterarlo y parece evidente que el cerebro debe ser selectivo con la información que almacena, pero el hallazgo de Maria Wimber va un poco más allá: es la primera vez que se documenta el proceso por el que el cerebro se libra de cierta información que considera irrelevante o que interfiere con lo que queremos recordar.
Un esquema de las pruebas realizadas durante el estudio - Foto Wimber et al.
Para su trabajo, publicado este lunes en Nature Neuroscience, los científicos realizaron una serie de tareas con voluntarios mientras monitorizaban su actividad cerebral. Las pruebas consistían en presentar una misma palabra con dos imágenes diferentes (o bien una cara o bien un objeto) y preguntar después qué foto se mostró primero con esa palabra. Por ejemplo: se les ponía la palabra "arena" junto a una foto de Marilyn Monroe y un sombrero y se les preguntaba después qué imagen iba acompañando primero a esa palabra.
https://www.behance.net/nadiahalsagoff
El resultado, después de muchas pruebas, fue que los voluntarios tendían a olvidar sistemáticamente la imagen que descartaban en el momento de responder. Es decir, si decían Marilyn Monroe, el recuerdo del sombrero parecía quedar borrado en pruebas posteriores. Mediante el escáner de resonancia magnética funcional, los investigadores pudieron ver, además, qué estaba sucediendo en sus cerebros en función de los patrones de actividad de sus áreas visuales. Y aquí viene la parte más interesante: el patrón de actividad asociado a la imagen descartada (en este caso el sombrero)  se iba debilitando después de la pregunta y cuanto más débil aparecía en el escáner, más probable era que el sujeto la hubiera olvidado.
¿Y qué significa todo esto en términos que podamos entender? Los autores del estudio consideran que es la primera vez que se aísla un mecanismo de olvido adaptativo que permite al cerebro gestionar mejor los recursos y evita que datos similares interfieran. "Sorprendentemente", escriben, "recordar una experiencia pasada puede causar que olvidemos". Si tenemos en la cabeza dos acontecimientos que se han producido en circunstancias similares o que interfieren entre sí por lo que sea, el cerebro lo manda a la papelera por este nuevo mecanismo documentado por los autores del trabajo.

http://vozpopuli.com/next/58985-asi-olvidamos-el-cerebro-suprime-los-recuerdos-que-compiten-entre-si

viernes, 8 de mayo de 2015

Investigación y futuro

- Gato de Cheshire ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
- Eso depende en gran parte al sitio al que quieras llegar- contestó el minino.
- No me importa mucho el sitio... siempre que llegue a alguna parte- dijo Alicia
- ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el gato- si caminas lo suficiente!

El precio que pagamos por la previsión del futuro es la desazón que ello engendra. Sin duda, el augurio de una calamidad no resulta muy divertido. Cándido, con su optimismo desbordante, era mucho más dichoso que Casandra. Pero necesitamos de los componentes fatalistas de nuestra naturaleza para sobrevivir. Ellos fueron los artífices de una serie de doctrinas que aspiran en lo posible a interpretar el futuro y que han sido causa y origen de la ética, la magia, la ciencia y los códigos legales.
La ventaja que procura el pronóstico de las catástrofes radica en la posibilidad de adoptar medidas para impedir que se produzcan, sacrificando las ganancias inmediatas en favor de unos beneficios a más largo plazo. Una sociedad que, como resultado de esta capacidad de anticipación, alcanza un alto nivel de seguridad material, genera el tiempo libre necesario para impulsar el progreso social y tecnológico.
Incluso cuando parece obvio que el incremento del saber y la inteligencia son el único modo de salir de las dificultades que nos acechan y la única vía de acceso a un futuro halagüeño para la humanidad (o un futuro a secas), en la práctica no siempre se adopta esta postura. A menudo los gobernantes olvidan la diferencia entre beneficios a corto y a largo plazo. Las ventajas prácticas de mayor trascendencia han surgido de los progresos científicos más inverosímiles y en apariencia menos prácticos. Las ondas electromagnéticas son, hoy, la base sobre la que se sustenta nuestra civilización: internet, televisión, radio, telefonía, etc.
Las ondas electromagnéticas fueron introducidas por el físico escocés James Clerk Maxwell como elemento corrector y complementario del sistema de ecuaciones diferenciales parciales hoy conocidas como las ecuaciones de Maxwell. El nombre que les asignó inicialmente fue el de corriente de desplazamiento y si propuso su introducción fue, ante todo, porque suponía conferir un mayor atractivo estético a dicho sistema de ecuaciones.
El universo es intrincado y fascinante. Arrancamos secretos a la naturaleza por las sendas más insólitas. Si no consolidamos la investigación básica, si no se propicia la adquisición de conocimientos por su valor intrínseco, nuestras opciones de futuro quedarán peligrosamente limitadas. Basta con que un físico entre mil dé con algo como la corriente de desplazamiento para convertir el respaldo de este millar en una fabulosa inversión social. Sin una estimulación decidida, continuada y amplia de la investigación corremos el riesgo de comernos las semillas que utilizamos para la siembra, conseguimos atajar el hambre un invierno más pero renunciamos a la última esperanza de supervivencia de cara al siguiente. Sin cuidar a nuestros investigadores, obligados a marcharse porque aquí no tienen futuro, estamos haciéndonos más pobres, más atrasados, más incultos, más dependientes, más tontos, sin futuro.

martes, 5 de mayo de 2015

El doctor Semmelweis

Lavarse las manos es un gesto habitual, un gesto tan normal que si se piensa que gracias a él se han salvado miles de madres nos parece inverosímil y, no obstante, es así.
Antes de Semmelweis, un 20 por ciento de las madres morían al dar a luz; en tiempos de epidemia, esta cifra llegó a subir hasta el 96 por ciento. La causa, la fiebre puerperal.
En 1818 nacía en Buda, capital de Hungría, Ignaz Fülóp Semmelweis.
Estudió medicina con gran aprovechamiento e ingresó como ayudante del profesor Klin en uno de los dos pabellones de maternidad del Hospital de Viena, capital entonces del imperio austrohúngaro. Dos pabellones había destinados a la maternidad; uno, el dirigido por el profesor Klin; otro, dirigido por el profesor Bartch. Semmelweis, entusiasta de su oficio, consistente según sus palabras a ayudar al fenómeno más bello de la vida que es la maternidad, se desolaba al ver que la fiebre puerperal causaba tan grande mortandad entre las parturientas. Un día comparó los libros de la maternidad de Bartch y la maternidad de Klin y vio con sorpresa que la mortandad en la primera de ellas era notablemente inferior a la de la segunda, en la que él mismo trabajaba, y ello, actuando sobre su curiosidad científica, le llevó a examinar los diversos sistemas de partos que podían efectuarse. No encontró más que una sola diferencia: en la maternidad Bartch los partos eran efectuados por comadronas; en la de Klin, por internos y estudiantes de medicina. Pretextando una reorganización de la maternidad, hizo que las comadronas pasasen de una a otra y, cosa extraña, la mortandad descendió allí donde actuaban las comadronas. Es decir, que las muertes eran más frecuentes en los partos ayudados por médicos o estudiantes aventajados que normalmente usaban métodos más científicos que no los empíricos usados por las comadronas.
Semmelweis hizo conocer estos resultados a los directores de ambas maternidades, los cuales se encogieron de hombros indicando que tal vez ello se debía a la brusquedad propia de los estudiantes, que procedían con menos delicadeza que las comadronas; pero el profesor Klin, visto que su sala era en la que se producía más mortandad, consintió en que la mitad de los estudiantes fuesen sustituidos por comadronas, y la mortandad descendió, pero no se le dio mayor importancia. Se decía que la fiebre puerperal era el tributo que las mujeres del pueblo debían pagar por la maternidad, barbaridad ésta que sería incomprensible hoy en día. Semmelweis hizo notar que las mujeres de la nobleza o simplemente acomodadas que parían en sus casas no eran víctimas de una mortandad tan grande. Para él estas consideraciones eran como una pesadilla.
«El sonido de la campanilla anunciando el viático ha entrado para siempre en mí turbando la paz de mi alma. Todos los horrores de los que cada día soy impotente testigo me hacen la vida insoportable. No puedo continuar en este estado, en donde todo lo veo oscuro excepto el número implacable de muertes».
En el año 1847, cuando un sabio anatomista de Viena, el profesor Kolletchka, procediendo a la disección de un cadáver se hirió en una mano, murió víctima de una fiebre repentina. Charlando con los colegas, Semmelweis se dio cuenta de que ciertas manifestaciones de la fiebre causante de la muerte de Kolletchka eran similares a las de la fiebre puerperal. Aquello le hizo meditar y de pronto, como un relámpago, todo se iluminó. Los estudiantes que ayudaban en los partos procedían de los cursos de anatomía en donde se efectuaban las disecciones. Eran ellos los que llevaban en sus manos el origen de la muerte de las parturientas y entre ellos estaba el mismo Semmelweis, que varias y frecuentes veces pasaba de una sala a otra. Él, que quería ayudar la vida, era el causante de muchas muertes, de tantas y tantas muertes que en sueños le habían atormentado y despierto le habían afligido.
Sin quererlo él era un asesino.

Al día siguiente hizo instalar lavabos en la entrada de la sala de partos.
Todos los estudiantes fueron obligados a lavarse las manos con una solución de cloruro de cal. En pocos días la mortalidad por fiebre puerperal descendió a menos del uno por ciento. El milagro se había producido: todo consistía en lavarse las manos. Pasteur no había todavía dado a conocer el mundo de los microbios ni Jenner había descubierto la asepsia, pero Semmelweis, intuitivamente, la había puesto en práctica.
¿Cree el lector que ello fue el triunfo de Semmelweis? Pues está equivocado.
Los estudiantes encontraron molesto, e incluso ofensivo, el hecho de tener que lavarse las manos, y profesores y alumnos estuvieron acorde que el descenso de la mortalidad era pura coincidencia. Uno de los que se sublevó contra la orden fue el profesor Klin, y Semmelweis le cortó el paso a la sala de partos; indignado el profesor, le expulsó del hospital, con gran escándalo en el cuerpo médico de Viena, que impidió a Semmelweis ejercer la medicina.
Ello alteró sus facultades mentales, se le vio errar alrededor del hospital cada día más sombrío y de peor humor. Empezó a sufrir de manía persecutoria, hasta cierto punto justificada. Se veía rodeado de enemigos por todas partes, gritaba, apostrofaba a los transeúntes, hasta que un día empezó a correr por las calles gritando, hasta que llegó al hospital. Allí se dirigió corriendo hasta la sala de disección donde los alumnos estaban disecando un cadáver. Semmelweis se apoderó de un escalpelo, apartó a empujones a alumnos y profesores y empezó a cortar el cadáver y después a sí mismo, mezclando sus heridas con la infección cadavérica. Los asistentes reaccionaron, pero demasiado tarde, la herida que se había producido era muy profunda. La infección ganó terreno, su fiebre era similar a la fiebre puerperal que él había inoculado inconscientemente a tantas y tantas madres. Su infección era mortal.
Pocos días después moría en el manicomio.
En Buda, en la casa donde nació, situada en la calle que lleva hasta el Baluarte de los Pescadores, se conserva la casa en donde nació Semmelweis, hoy convertida en pequeño museo. Una discreta lápida recuerda que allí vio por primera vez la luz el hombre que descubrió el sistema de salvar a muchas madres.

viernes, 1 de mayo de 2015

El mar Mediterráneo se volvió a llenar de agua en unos dos años

Hace cerca de seis millones de años el mar Mediterráneo quedó aislado del resto de océanos del mundo y por evaporación se secó casi por completo. El fenómeno dio lugar a la formación de enormes depósitos de sal. A este episodio se le conoce como Crisis de Salinidad del Mesianense.
Pero la conexión entre el Atlántico y el Mediterráneo se restableció de nuevo hace poco más de cinco millones de años por causas que aún no están claras. Pudo deberse a una subida general del nivel de mar, a movimientos tectónicos o a una combinación de ambas.
Fue una inundación tremendamente rápida, de proporciones catastróficas, que llevó al llenado del mar Mediterráneo en unos dos años.
Como consecuencia, el Mediterráneo se llenó de nuevo en un proceso conocido como la inundación Zancliense. Se ha pensado que esta inundación fue un proceso lento, de miles de años de duración, pero recientes simulaciones por ordenador realizadas en la Universidad de Sevilla muestran que fue una inundación tremendamente rápida, de proporciones catastróficas, que llevó al llenado del mar Mediterráneo en unos dos años.
Vista tridimensional del mar de Alborán con el nivel del agua después de 15 días de inundación. / US
“Por lo que hoy es el mar de Alborán discurría una enorme corriente de agua procedente del Atlántico a más de 100 km por hora”, explica el catedrático de la Universidad de Sevilla, José María Abril, quien añade que el caudal era de unos 100 millones de metros cúbicos por segundo (500 veces más grande que el del Amazonas).
Por su parte, el profesor Raúl Periáñez confirma que el nivel del mar en el Mediterráneo subía a una tasa de unos siete metros cada día y se llenó por completo en unos dos años. 

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