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miércoles, 7 de agosto de 2019
El Precio de Escocia. La colonia escocesa de Darién
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domingo, 22 de julio de 2018
Voltaire
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El más famoso de los filósofos de la Ilustración se llamaba François Marie Arouet y publicó su obra con el seudónimo de Voltaire. Autor de lúcidos ensayos y sátiras incisivas contra la tiranía, su sarcasmo se convirtió en el arma más decisiva contra sus enemigos.
Cuando murió Luis XIV y el Regente de Francia, el duque de Orleans, vendió la mitad de los caballos de las cuadras reales para sanear las cuentas de la monarquía, Voltaire escribió un panfleto diciendo que más le hubiera valido expulsar a la mitad de los asnos que pacían en la Corte Real.
Como consecuencia de uno de estos panfletos, Voltaire fue encarcelado en la Bastilla. Después de un tiempo, el Regente le perdonó e incluso le concedió una pensión. Voltaire aceptó con una condición:
- Majestad, os agradezco que os ocupéis de mi manutención pero os suplico que de ahora en adelante no os ocupéis de mi alojamiento.
En otra de las anécdotas que se cuentan de Voltaire (y que he escuchado adaptada a algún otro, como Unamuno) era su admiración por la obra del médico, fisiólogo y poeta suizo Albrecht von Haller, al que elogiaba constante y públicamente.
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En una ocasión, alguien le comentó que Haller criticaba y despreciaba sus escritos.
Voltaire no se arredró y, con su acostumbrado ingenio, apostilló:
-Bueno, no hay que ser dogmáticos, es posible que tanto el señor Haller como yo estemos equivocados.
González Calero, Pedro: Filosofía Para Bufones. Ariel, Barcelona, 2007.
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jueves, 8 de enero de 2015
La Península Ibérica sufrió tormentas tropicales en el siglo XVIII y duras sequías en el periodo musulmán
Las primeras medidas meteorológicas de la Península se tomaron en 1724, justo el año en que pasó por Portugal una de las peores tormentas conocidas. Más tarde, en 1816, se sintieron en España los efectos de la erupción del volcán Tambora; y casi mil años antes, en el 898, una sequía en Al-Andalus fue tan severa que sus pobladores llegaron al canibalismo. Son datos rescatados de viejos documentos por investigadores de la Universidad de Extremadura.
El registro oficial de las series meteorológicas en España comenzó alrededor de 1850, pero antes ya se habían anotado medidas puntuales en algunas zonas de la Península Ibérica. Las primeras las remitió en 1724 el médico portugués Isaac Sequeira al físico británico James Jurin, que intentaba formar una red europea de meteorólogos, según recogen documentos guardados en la Royal Society de Londres.
El registro oficial de las series meteorológicas en España comenzó alrededor de 1850, pero antes ya se habían anotado medidas puntuales en algunas zonas de la Península Ibérica. Las primeras las remitió en 1724 el médico portugués Isaac Sequeira al físico británico James Jurin, que intentaba formar una red europea de meteorólogos, según recogen documentos guardados en la Royal Society de Londres.
Las anotaciones del médico portugués registran una de las tormentas más fuertes de las que se tiene constancia en territorio peninsular. Pasó por Lisboa el 19 de noviembre de 1724 y afectó a todo el centro y norte de Portugal, causando daños en palacios, iglesias y edificios, además de hundir o inutilizar numerosas embarcaciones en la costa y el río Tajo.
“Los efectos que causó esta bomba meteorológica el día anterior –18 de noviembre– en Madeira, nos hace pensar que se trató de una tormenta tropical”, señalan los investigadores. Tormentas de este tipo, que se asocian a huracanes en el Atlántico, solo se conocen otras dos en España: “Una del año 1842 y la más reciente en 2005, que también se desarrolló en el entorno de Madeira y llegó hasta nuestras costas”.
Pero las investigaciones meteorológicas han llegado mucho más atrás en el tiempo. En concreto, se ha efectuado “el primer intento serio de obtener información climática a partir de fuentes árabes en la península Ibérica”, subraya José Manuel Vaquero, otro de los autores, que recalca: “Estamos hablando de noticias del clima en España hace mil años”.
“Recopilando estas informaciones podemos decir que ocurrieron importantes sequías en Al-Ándalus entre 748-754, 812-823 y 867-879, unos periodos en los que encontramos muchas referencias a sequías y hambrunas asociadas, que incluso hicieron que la gente emigrara hacia el norte de África”. Los científicos destacan una llamativa referencia: “En el año 898 una sequía, probablemente corta pero muy severa, llevó a los andalusíes a practicar el canibalismo para poder sobrevivir, según algunos crónicas, aunque seguramente también influyeran otros factores socioeconómicos o epidemias”.
| http://flickrhivemind.net/User/juan %20del%20pozo/Interesting |
Los cambios climáticos se aprecian en otras épocas con la presencia de una extensa red de neveros o pozos de nieve, ventisqueros y glaciares que se construyeron y mantuvieron entre los siglos XVI y XIX a lo largo del Mediterráneo, algunos ubicados en áreas donde no nieva en la actualidad un solo día al año. El almacenamiento y distribución de hielo eran un negocio que involucraba secciones enteras de la población rural. En este periodo se produce la Pequeña Edad de Hielo, un período frío que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX. Puso fin a una era extraordinariamente calurosa llamada óptimo climático medieval, período entre los años 700 al 1200, cuando las temperaturas fueron más elevadas que en la actualidad, hasta el punto de poder explotar agrícolamente Groenlandia.
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| http://es.wikipedia.org/wiki/Sierra_Nevada_(Espa%C3%B1a) |
Hay también una amplia evidencia de que durante ese período los glaciares se extendieron en los Pirineos, fundiéndose desde entonces. Es más, los remanentes del glaciar de Sierra Nevada que finalmente sucumbió al final del siglo XX se originaron en este momento y no eran, como a veces se dice, restos de la última verdadera Edad de Hielo. Los últimos verdaderos glaciares de Sierra Nevada y los Picos de Europa se fundieron a finales del siglo IX.
http://www.agenciasinc.es/Noticias/La-peninsula-iberica-sufrio-tormentas-tropicales-en-el-siglo-XVIII-y-duras-sequias-en-el-periodo-musulman
http://www.teinteresa.es/
http://www.tiemposevero.es/ver-reportaje.php?id=67
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viernes, 1 de agosto de 2014
Cinco libras por un aborigen. Tasmania
Aunque los británicos la llamaron Black War (Guerra Negra), no se declaró ninguna guerra. De esta forma, denominan los ingleses al exterminio de los aborígenes de Tasmania promovido directamente por el Imperio británico.
La isla de Tasmania está situada a doscientos cuarenta kilómetros al sureste de Australia. La isla estaba poblada por aborígenes de tez negra, pelo rizado, baja estatura (los hombres 1,60 y las mujeres 1,48 metros) y de complexión delgada, dedicados a la caza y la recolección con medios muy rudimentarios.
Tuvieron la mala suerte de que el navegante holandés Abel Tasman Jansen arribase a sus costas en 1642. Hasta que en 1855 comenzó a denominarse Tasmania por su descubridor, se llamaba Tierra de Van Diemen por Anthony Van Diemen, gobernador general de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en aquella época. Más tarde pasaron por allí franceses y británicos que comenzaron a esclavizar a muchos aborígenes.
Desde la llegada de los primeros barcos con colonos europeos en 1772 los habitantes autóctonos tasmanos fueron utilizados como fuerza de trabajo esclava y fuente de placer sexual, fueron torturados y mutilados. Se cazaban y se vendían sus pieles como si fuesen animales peligrosos exóticos.
En 1803, los británicos establecieron una colonia penal en Tasmania y la isla comenzó a recibir lo mejor de cada casa. Con estos indeseables también llegaron colonos dispuestos a conseguir terrenos donde establecerse sin respetar los territorios de caza de los aborígenes. Poco tardaron en llegar los primeros enfrentamientos entre los colonos, apoyados por el ejército británico, y los nativos del lugar que siempre llevaron las de perder. Hacia 1830 el número de tasmanos se había reducido de unos cinco mil a sólo 220 o 72 -según las fuentes- que fueron finalmente recluidos hasta su muerte.
En 1826, el Tasmania Colonial Times justificaba este exterminio como autodefensa:
"No estamos aquí por nuestra labor filantrópica. La autodefensa es la primera ley de la naturaleza. Si el gobierno no elimina a los nativos, serán cazados como fieras".
Para acabar con aquel problema por la vía rápida, en 1828 se autorizó la caza de aborígenes estableciendo una recompensa de cinco libras por la captura de un adulto y dos libras por un niño. En 1860 murió el último hombre tasmano y, como recuerdo, el miserable George Stokell, de la Royal Society of Tasmania, ordenó que desollasen su cuerpo para hacerse una cartera. La última mujer tasmana, Truganini, murió en 1876. El genocidio había terminado.
http://canarias-semanal.org/not/13763/cuando-se-pagaban-cinco-libras-por-la-captura-de-un-aborigen-en-tasmania/
http://www.canningstockrouteproject.com/history/story-aboriginal-guides/
http://es.wikipedia.org/wiki/Tasmania
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martes, 3 de diciembre de 2013
El terremoto de Lisboa
El terremoto de Lisboa de 1755 ha sido el más intenso (en lo que se refiere a devastación pura y concentrada) que se ha registrado históricamente. Tuvo lugar entre las 09:30 y las 11:40 horas del 1 de noviembre y se caracterizó por su gran duración, dividida en varias fases, y por su virulencia, causando la muerte de entre 70 000 y más de 100 000 personas. A las 09:30 se produjo una sacudida lateral súbita que se calcula hoy que tuvo una magnitud de 9 en la escala de Richter* y que se prolongó durante 6 interminables minutos, produciendo grietas gigantescas de cinco metros de ancho que se abrieron en el centro de ciudad. La fuerza convulsiva fue tan grande que el agua se retiró del puerto: los supervivientes que habían huido hacia el espacio abierto que constituían los muelles pudieron observar cómo el agua retrocedió, revelando el lecho del mar cubierto de restos de cargas caídas al mar y de los viejos naufragios. Cuando cesó el temblor, los supervivientes tuvieron sólo tres minutos de calma, tras los cuales se produjo un segundo temblor, un poco menos potente que el primero. Cuarenta minutos después, tres tsunami de entre 6 y 20 metros engulleron el puerto y la zona del centro, subiendo aguas arriba por el río Tajo.
En las áreas no afectadas por el maremoto, los incendios surgieron rápidamente, y las llamas asolaron la ciudad durante cinco días. Más de una hora más tarde se produjo el tercer y último temblor.
El seísmo, seguido del maremoto y el incendio, causaron la destrucción casi total de Lisboa.
De una población lisboeta de 275.000 habitantes, unas 90.000 personas murieron. Otras 10.000 murieron en Marruecos, mientras que en Ayamonte (Huelva) murieron más de 1.000 personas, y se registraron víctimas y daños de consideración en más puntos del sur de España y de toda la península ibérica.
En Cádiz el maremoto alcanzó los 12 metros de altura. A pesar de ello, las murallas que la rodean (que sufrieron graves daños) protegieron a gran parte de la población, y la orden de cerrar las Puertas de Tierra, dada por el gobernador civil, evitaron las muertes y la destrucción que se dieron en el resto de la Bahía de Cádiz. Conil fue destruida, Sanlúcar de Barrameda, El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera sufrieron numerosas víctimas y desperfectos.
Las olas del maremoto llegaron hasta Martinica, Barbados, América del Sur y Finlandia.
* La escala de Richter ha sido siempre bastante
malinterpretada; es una medida arbitraria de los
temblores de la Tierra que se basa en mediciones de superficie.
Aumenta exponencialmente, de manera que un temblor de 7,3 es 50
veces más potente que un
terremoto de 6,3
y 2.500 veces más que uno de 5,3. Teóricamente al menos, no hay un límite superior para un
terremoto... ni tampoco hay, en realidad, uno inferior. La escala es
una simple medición de fuerza, pero no dice nada sobre los daños.
Un terremoto de magnitud 7, que se produzca en las profundidades del
manto (a, digamos, 650 kilómetros de profundidad), podría no causar
absolutamente ningún daño en la superficie, mientras que otro
significativamente más pequeño, a sólo seis o siete kilómetros
por debajo de la superficie, podría provocar una devastación
considerable. Depende mucho también de la naturaleza del subsuelo,
de la duración del terremoto, de la frecuencia y la gravedad de las
réplicas y de las características de la zona afectada. Todo esto
significa que los terremotos más temibles no son necesariamente los
más potentes, aunque la potencia cuente muchísimo, por supuesto.jueves, 28 de noviembre de 2013
La ciencia española y Masson de Morvilliers
¿Qué debe la ciencia europea a España? Nada, constató, porque nada puede esperarse de un país que necesita permiso de los sacerdotes para pensar... sus ceremonias religiosas, sus curas, sus frailes han hecho de esta colosal nación un pueblo de pigmeos.
El artículo "Espagne" publicado en la Encyclopédie méthodique provocó una de las polémicas culturales más célebres del siglo XVIII español y originó un verdadero conflicto diplomático entre Francia y España.
Finalmente y para darle la razón, la Inquisición consiguió en 1788 la incautación "mientras se realizaban las correcciones oportunas" de todos los tomos de la Encyclopedie que habían llegado a Madrid.
Artículo incluido en la Geographie Moderne, tomo I, páginas 554-68, de la Encyclopedie Methodique, París, 1782.
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