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martes, 9 de enero de 2024

Estereotipos, prejuicios y educación

Un ejemplo interesante sobre el impacto de la educación y los estereotipos lo encontramos en un estudio de tres investigadores del departamento de psicología de la Universidad de Arizona, Michael Johns, Toni Schmader y Andy Martens. 
En este estudio tomaron a tres grupos de niñas y niños de características similares 
Al primer grupo de niños y niñas se les hizo un examen que se les presentó explícitamente como un examen de Matemáticas. Después de analizar los resultados, observaron que los niños tuvieron un mejor rendimiento en esta prueba. 
Seguidamente, estos investigadores realizaron la misma prueba con un segundo grupo de niñas y niños, pero en esta oportunidad no mencionó la palabra matemáticas; solamente les informaron de que era un ensayo de resolución general de problemas. 
En este caso, niños y niñas tuvieron exactamente el mismo rendimiento. 
Más interesante aún, los investigadores tomaron un tercer grupo de niños y niñas, realizando la misma prueba: esta vez, sin embargo, se les informó, como la primera vez, que este era una prueba de Matemáticas, pero también se les advirtió sobre el prejuicio infundado de que las niñas eran peores para las Matemáticas que los niños. 
Como resultado de esta intervención, el rendimiento de la prueba fue similar entre niños y niñas. 
Este estudio ejemplifica bastante bien el potencial impacto de la intervención social sobre el rendimiento en tareas cognitivas, y cómo la manifestación de capacidades intrínsecas en niños y niñas se ven enmascaradas por nuestros prejuicios culturales.

Leído en Pedro Maldonado: Por qué tenemos el cerebro en la cabeza.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Sobre la educación de la mujer en el Siglo de Oro


Todas las reinas españolas supieron leer, escribir y dominaban varios idiomas, entre ellos frecuentemente el latín, pero la mujer en general no tenía ninguna cultura y ello es aplicable incluso a damas de alta alcurnia.
Luis Vives escribió a favor de la instrucción femenina pero lo normal era lo contrario. En general, los moralistas del siglo XVI se opusieron a la instrucción femenina, entroncando con la tradición medieval de desconfianza hacia un incremento de la habilidad de las mujeres. Estos no aludían a una supuesta «inferioridad natural», sino que preveían lo que podía suceder y se anticipaban a la reacción contra las "cultas" del siglo XVII. Así, por ejemplo, Juan de la Cerda y Gaspar de Astete se mostraron algo más que cautelosos.

Juan de la Cerda refuta a Vives y se manifiesta en contra de que a todas las mujeres se les enseñe a escribir, «no porque de suyo sea malo», sino porque «habemos visto en nuestros tiempos que de saber las doncellas y otras damas escribir, hanse seguido graves inconvenientes, que de tener la pluma en la mano se recrecen». En conclusión, propone que las doncellas aprendan a leer pero no a escribir, para que así no puedan «responder a los billetes que les envían los hombres livianos». Es consciente de que «muchas hay que saben este ejercicio — escribir— y usan bien de él; mas usan otras dél tan mal, que no sería de parecer que lo aprendiesen todas». Pero se da cuenta de que las mujeres que están decididas a burlar los encierros domésticos lo harán sean analfabetas o no: «…aunque no sepan leer no les faltan otras industrias de mucho ingenio que ellas inventan, con que se entienden con sus consortes sin escribirse; porque todas, como muy amestradas de naturaleza, usan luego de unas señas y meneos, respuestas o palabras, con las cuales, como por cifras, agudamente dan a entender sus dañados conceptos». En definitiva, propone que a las doncellas se las enseñe a bordar, hilar, coser, hacer conservas y guisar, y que no se las deje ni un minuto ociosas.
El jesuita Gaspar de Astete es de la misma opinión. Es necesario controlar a la mujer y un medio eficaz es someterla a través de la cultura (de la falta de ella). Le parece aceptable que todas las doncellas aprendan a leer, pero no que sepan escribir, porque las mujeres no han de ganar «de comer por el escribir ni contar», ni se han «de valer con la pluma como el hombre»; «antes, así como es gloria para el hombre pluma en la mano, y espada en la cinta, así es gloria para la mujer el huso en la mano y la rueca en la cinta y el ojo en la almohadilla». Dice que la doncella cristiana debe contentarse con saber leer, que por no saber escribir no perderá su honor ni su reputación, y que escribir no le es necesario y le puede ser dañoso, «como la experiencia enseña». «Porque muchas mujeres andan y perseveran en malos tratos, porque se ayudan del escribir para responder a las cartas que reciben y como escriben por su mano encubren mejor los tratos que traen y hacen más seguramente lo que quieren, mas si hubiesen de escribir por mano ajena […] cesarían de vivir mal, por no fiar su vida del poco secreto y recato que hay en algunas personas terceras». 
Tanto De la Cerda como Astete son partidarios de que le enseñe a la doncella a leer su madre, en casa, o algún maestro particular de confianza. De la Cerda advierte a la madre que, si contrata a un profesor, no lo deje nunca solo con la discípula, porque en situaciones así «se han sucedido casos muy ruines». Astete afirma que a los chicos es más conveniente llevarlos a aprender a las escuelas públicas y comunes, pero no a las chicas, «porque del trato y de la conversación con los muchachos de la escuela (que suelen ser libres, traviesos y deshonestos) se les puede pegar alguna roña de libertad y malas costumbres». Además, si la niña va a aprender al colegio se acostumbra a salir fuera de casa, «se hace callejera y amiga de ver gente, lo cual en cualquier mujer es cosa reprensible». Como un axioma que se mantendrá hasta el siglo XX, la libertad debe ser exclusivamente patrimonio del hombre.
Según él, en casa deben enseñar a la doncella «a tomar la rueca en la cinta, y el huso en la mano y hacer sus mazorcas, y echar sus telas de lana y lino».

Fuentes:
http://www.vintag.es/2014/04/interesting-vintage-pictures-of-female.html
Vigil, Mariló: La vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII. Siglo XXI, Madrid, 1998.
http://www.liceus.com/cgi-bin/ac/pu/conveniente_matrimonio.asp

domingo, 1 de junio de 2014

Mujeres y matemáticas

Es un lugar común: las niñas y las mujeres tienen una menor capacidad para las matemáticas debido a una diferencia biológica.
Un reciente estudio sobre el rendimiento escolar en matemáticas ha destrozado este presupuesto. La investigación, llevada a cabo por científicos de la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, ha probado que algunas hipótesis que tratan de explicar la brecha de género en el rendimiento en matemáticas no están respaldadas por los datos.
Con datos de 86 países, los investigadores vincularon las diferencias en el rendimiento matemático a factores sociales y culturales. La diferencia está más relacionada con la cultura que con la biología. 
El estudio analizó estos datos para probar la hipótesis expuesta en 2005 por Lawrence Summers de que los hombres difieren más de la media en ambos extremos del espectro y que, por tanto, están más representados en el sector de mayor rendimiento. Sin embargo, utilizando datos internacionales, los científicos de Wisconsin observaron que esta mayor variación masculina en el rendimiento en matemáticas no está presente en algunos países, lo que indica que este factor está más relacionado con la cultura que con la biología. Al examinar los datos en detalle, los autores de Wisconsin señalan otros factores, "las niñas del estudio que viven en algunos países de Oriente Medio, como Bahrein y Omán, no tuvieron muy buenas puntuaciones, pero los niños lo hicieron aún peor; estos resultados no se han relacionado con la cultura musulmana o el tipo de educación no-mixta en las aulas", afirma Jonathan Kane, coautor del estudio junto a Janet Mertz. Por estas razones, Mertz y Kane creen que es mucho más razonable atribuir las diferencias en el rendimiento en matemáticas a factores sociales específicos de cada país.

http://www.sciencemag.org/content/320/5880/1164.summary
http://news.sciencemag.org/math/2014/03/both-genders-think-women-are-bad-basic-math
http://www.mujeryciencia.es/
http://www.20minutos.es/noticia/1247656/0/matematicas/hombres-mujeres/diferencias/
http://thisisnthappiness.com/post/85932392029/chill

martes, 21 de agosto de 2012

Las mujeres de Franco

Tras el periodo republicano, que estableció la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, el franquismo restauró el modelo decimonónico de mujer-esposa-madre recluida en el hogar.
Para lograrlo se apoyó en la legislación estatal -que impedía o dificultaba que la mujer casada trabajara y que subordinaba a la mujer a complemento del hombre- en la Sección Femenina -como organización que intentaba difundir ese modelo de mujer- y en la Iglesia Católica, que justificaba el papel de la mujer sumisa, en casa, pariendo y educando a los hijos en la religión oficial como misiones sagradas.
El franquismo inauguró una época caracterizada por la total eliminación de los derechos de las mujeres, que incluso se traducía en cuestiones tan concretas como las necesidades nutritivas: la ración alimenticia oficial de las mujeres (establecida en las cartillas de racionamiento vigentes hasta 1952) constituía tan sólo el 80 por ciento de la dedicada a los hombres (María Ángeles Arranz). Al no ser consideradas "elementos productivos", sus necesidades materiales se juzgaban menores. Por supuesto, las mujeres no tenían derecho a su ración de tabaco: fumar era de rojas y de fulanas.
Doblemente sometidas, las mujeres fueron víctimas principales de la guerra y de la dictadura. En 1940 había más de 17.000 reclusas consideradas presas políticas. Las que tenían hijos pequeños se vieron obligadas a criarlos en cárceles hacinadas y antihigiénicas, y los hijos mayores les fueron arrebatados e internados en centros de beneficencia: 9050 en 1942, según el Ministerio de Justicia.
Según la primera legislación laboral franquista, las mujeres tenían que dejar el trabajo al casarse, recibiendo una indemnización denominada dote; las mujeres casadas que quisiesen seguir trabajando precisaban de la autorización de sus maridos. Como había ocurrido en la Alemania nazi, para la mujer española la vida se redujo a las tres k: kinder, küche y kierche (niños, cocina e iglesia).
La situación legal de la mujer durante la Dictadura de Franco era plenamente equiparable a la de una minoría de edad prolongada. Los paulatinos y tardíos pasos que van dándose a lo largo del tiempo por imperativos sociológicos no empañan esta consideración franquista, que va a subsistir en cuanto a su núcleo esencial hasta la Constitución de 1978.
Dos ejemplos:
En abril de 1964 el general Franco tuvo que volver sobre sus pasos y revisar un artículo del Código Penal, por el cual los padres y maridos tenían derecho a matar a sus hijas y esposas y los hombres que cometían adulterio con ellas. El "parricidio por honor" estuvo vigente en España entre 1944 y 1964. Si el marido se contentaba con una denuncia, la esposa infiel podía ser condenada hasta a seis años de cárcel.
La Ley de 4 de julio de 1970 eliminó la posibilidad de que el padre pudiera dar a los hijos en adopción sin el consentimiento de la madre y se permitió que las mujeres casadas pudieran seguir trabajando después de contraer matrimonio sin necesidad de permiso del marido.

La Sección Femenina se encargó, sobre todo desde las ciudades, de las tareas de encuadramiento y reeducación. En sus libros de texto, en las declaraciones de sus dirigentes y en su propaganda se encuentran auténticas perlas para el psicoanálisis: "La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular - o disimular- no es más que el eterno deseo de encontrar a quién someterse" (Medina, revista de la Sección Femenina, 3 de agosto de 1944). "Las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles" (Pilar Primo de Rivera, en 1942).
La Iglesia, apoyada por los poderes políticos, impuso una iconografía de la «buena cristiana» que implicó un cambio radical para la mujer. El nacionalcatolicismo fue la ideología del régimen y la Iglesia Católica fue guardiana de la decencia y de la rectitud ideológica de los españoles.
Una moral mojigata, timorata y absurda se adueñó de una sociedad en la que hombres y mujeres buscaban no llamar la atención, no destacar, pasar desapercibidos.
La obsesión por los pecados de la carne fue una preocupación fundamental de la neurosis moral de la Iglesia Católica. Pildain, obispo de Canarias, protestó por la desnudez de las estatuas situadas en lugares o establecimientos públicos y sugirió que se les pusiera un taparrabos. Para él los novios no debían encontrarse nunca solos, pues la concupiscencia les poseería de otro modo.
El diseño se hizo teología. Debajo de cada sotana vibraba Coco Chanel y se escondían anhelos inconfesables y -en algunos casos- inconscientes. Se vigilaban los centímetros y los escotes. Las obsesiones con los pecados de la carne y las preocupaciones de costurera hicieron gastar incontables neuronas, ríos de tinta y sudores, muchos sudores, a nuestros pastores.
Pla y Daniel, que sucedió como primado a Gomá en 1940, receló en voz alta de los pantalones cortos con que vestían los jóvenes falangistas, pues lo que dejaban ver podría excitar a las muchachas (y quizás a algún que otro obispo). Las niñas debían llevar falda hasta las rodillas, y "las que han cumplido doce años deben llevar medias".
Todos los prelados gastaron mucho de su talento en pastorales que condenaron el baile agarrado, la longitud de las faldas, el que estas montaran en bicicleta sin trajes que tapasen lo que no debía enseñarse (casi todo), los baños al aire libre delante de personas del sexo opuesto o atrevimientos de similar importancia para la suerte de la humanidad.

Este control, este sometimiento y juicio continuos, hicieron que la sociedad española y, sobre todo, las mujeres buscasen el anonimato, la ocultación, la vida limitada a la familia. Mimetizarse para sobrevivir. Y sobrevivir con miedo.
Las mujeres como cuerpo social, al igual que la clase obrera o los intelectuales, fueron castigadas por intentar cambiar las reglas del juego. Franco y los suyos impusieron el machismo junto a la defensa de los intereses de su clase. Hijos, nietos, legatarios de aquellos años, los españoles de este siglo somos herederos de aquellos cuarenta años de violación sistemática.