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martes, 16 de diciembre de 2014

Los vikingos en España

Los cristianos los llamaban nordomanii o lordomanii y los musulmanes mayus o «adoradores del fuego». Eran los vikingos.
Desde finales del siglo VIII, los normandos iniciaron el saqueo de las costas francesas y británicas. Carlomagno hizo todo lo posible por defender sus costas, pero era difícil encontrar una estrategia apropiada que contrarrestase las tácticas vikingas. Los diablos rubios mostraban especial predilección por el saqueo de los ricos monasterios e iglesias de los francos, casi todos ellos presas cómodas y sustanciosas puesto que eran ricos y se alzaban cerca del mar o a orillas de ríos, en lugares, por tanto, de fácil acceso para las veloces y ligeras embarcaciones de aquellos bárbaros.
Cuando los ataques se repitieron y fueron haciéndose cada vez más frecuentes, el pánico se adueñó de la tierra. En los rezos de algunas iglesias se incluyó la plegaria A furore normanorum libera nos (Señor, líbranos del furor de los normandos). Un cronista español los definió como gens pagana et nimis crudelissima.
Los vikingos o normandos (hombres del norte) procedían de Noruega, Dinamarca y, en menor medida, de Suecia. Hacia el siglo VII, la población de estos territorios había crecido por encima de lo que permitían sus recursos económicos, agrícolas y comerciales, de modo que a una parte importante de sus gentes no les quedaba más remedio que emigrar o perecer de hambre. A esta forzada emigración contribuían también causas sociales de distinta índole.
Al propio tiempo, un avance técnico fundamental iba a favorecer la expansión vikinga por lugares tan alejados de sus territorios: la incorporación de velas cuadradas abatibles a sus famosos barcos, los drakars.
En agosto del año 844 una la expedición vikinga llegó a Lisboa por el estuario del Tajo, ya en tierra musulmana. Allí causaron muchos estragos en tres días de combates. El gobernador de Lisboa envió correos a Córdoba para avisar a Abd al–Rahman II de la llegada de unos piratas que presumiblemente continuarían hacia el Sur. En efecto, al poco tiempo los vikingos alcanzaron la desembocadura del Guadalquivir. Allí se dividieron en dos grupos: uno iría a saquear Cádiz, la bella ciudad víctima eterna de la piratería, para dirigirse después tierra adentro hasta Medina Sidonia y de allí a Sevilla, y otro, compuesto de unos ochenta navíos, remontaría el río también hacia Sevilla. Después saquearon Coria del Río, y pasaron a cuchillo a la población. Las noticias de la matanza provocaron una ola de pánico en la comarca. Una parte de la población de Sevilla abandonó la ciudad precipitadamente para refugiarse en Carmona, al amparo de sus excelentes murallas, y en otros lugares de la sierra. Finalmente, el primero de octubre, los vikingos atacaron Sevilla: «Imposible calcular el número de muertos y cautivos». Las tropas del emir, muchas de ellas trasladadas precipitadamente desde sus guarniciones fronterizas del Norte, se enfrentaron con los normandos y les causaron las primeras bajas importantes, unos setenta muertos. Pero esta pequeña contrariedad no detuvo a los rubios saqueadores.
Llegaron nuevas tropas para reforzar al ejército andalusí y los vikingos, prudentemente, se fortificaron en Tejada, sufriendo su primera gran derrota. Perdieron quinientos guerreros y cuatro embarcaciones. Añade el cronista: «Gran número de normandos fueron colgados en Sevilla y otros fueron crucificados en el acto sobre los troncos de las palmeras».
La memorable incursión de los normandos contra Sevilla sirvió para que el emir de Córdoba se percatase de la indefensión en que se hallaban sus fronteras marítimas ante aquel tipo de agresiones. Hizo amurallar Sevilla y construyó las atarazanas reales que habrían de dotar a al-Andalus con una flota de guerra capaz de evitar futuros ataques por mar. Esta flota fue dotada de una especie de artillería de fuego, probablemente inspirada en el famoso «fuego griego» de los bizantinos.
De este modo, cuando los normandos hicieron su segunda incursión, en el año 244 de la Hégira —866 de Cristo—, en tiempos del emir Mohammad, la escuadra musulmana les salió al encuentro en la desembocadura del río de Sevilla y los pusieron en fuga: les quemaron algunas naves y se marcharon.
En 858, o al año siguiente, los vikingos volvieron a visitar las costas cantábricas con unas sesenta y dos naves que transportaban, según las hiperbólicas fuentes cristianas, cerca de cuatro mil hombres. Los mandaba el jefe noruego Hasting. El rey de Asturias, Ordoño I, acudió a rechazarlos como antaño su padre.
La expedición normanda siguió el camino de la anterior y descendió por las costas atlánticas sembrando el terror en las poblaciones del litoral. Cuando se proponían remontar el Guadalquivir en busca de las fértiles llanuras béticas, se toparon con la flamante escuadra andalusí y con sus terribles máquinas de fuego. Algunas embarcaciones vikingas resultaron incendiadas; las restantes, prudentemente, se batieron en retirada y enfilaron sus proas hacia aguas menos defendidas. Poco después se registra un desembarco en Algeciras, cuya mezquita mayor incendiaron. Los saqueos prosiguieron por el Norte de África y Baleares.
Es probable que algunos barcos de esta misma expedición remontasen el Ebro. En cualquier caso, los vikingos alcanzaron Pamplona y apresaron a Sancho García, por cuyo rescate obtuvieron la respetable cifra de noventa mil dinares.
De los saqueos de distintas localidades catalanas ha quedado constancia en el testimonio de un monje que escribe: «Vinieron los paganos y saquearon la villa entera y también devastaron la tierra los piratas. Sus habitantes fueron cautivados o abandonaron sus haciendas para emigrar a otros lugares».

Morales Romero, Eduardo: Historia de los vikingos en España, Miraguano, Madrid, 2004
http://www.mundohistoria.org/blog/articulos_web/vikingos_en_espa%C3%B1a
http://es.wikipedia.org/wiki/Los_vikingos_en_la_pen%C3%ADnsula_ib%C3%A9rica
http://www.arteguias.com/historiavikingos.htm
http://books.google.es/books?id=3Z8NgXgRytUC&pg=PA200&dq=vikings+spain&hl=en&sa=X&ei=ZypKUfmgBMPA7AaViYHICw&ved=0CD8Q6AEwAw#v=onepage&q=vikings%20spain&f=false

martes, 3 de diciembre de 2013

El terremoto de Lisboa


El terremoto de Lisboa de 1755 ha sido el más intenso (en lo que se refiere a devastación pura y concentrada) que se ha registrado históricamente. Tuvo lugar entre las 09:30 y las 11:40 horas del 1 de noviembre y se caracterizó por su gran duración, dividida en varias fases, y por su virulencia, causando la muerte de entre 70 000 y más de 100 000 personas. A  las 09:30 se produjo una sacudida lateral súbita que se calcula hoy que tuvo una magnitud de 9 en la escala de Richter* y que se prolongó durante 6 interminables minutos, produciendo grietas gigantescas de cinco metros de ancho que se abrieron en el centro de ciudad. La fuerza convulsiva fue tan grande que el agua se retiró del puerto: los supervivientes que habían huido hacia el espacio abierto que constituían los muelles pudieron observar cómo el agua retrocedió, revelando el lecho del mar cubierto de restos de cargas caídas al mar y de los viejos naufragios. Cuando cesó el temblor, los supervivientes tuvieron sólo tres minutos de calma, tras los cuales se produjo un segundo temblor, un poco menos potente que el primero. Cuarenta minutos después, tres tsunami de entre 6 y 20 metros engulleron el puerto y la zona del centro, subiendo aguas arriba por el río Tajo.
 
En las áreas no afectadas por el maremoto, los incendios surgieron rápidamente, y las llamas asolaron la ciudad durante cinco días. Más de una hora más tarde se produjo el tercer y último temblor.
El seísmo, seguido del maremoto y el incendio, causaron la destrucción casi total de Lisboa.

De una población lisboeta de 275.000 habitantes, unas 90.000 personas murieron. Otras 10.000 murieron en Marruecos, mientras que en Ayamonte (Huelva) murieron más de 1.000 personas, y se registraron víctimas y daños de consideración en más puntos del sur de España y de toda la península ibérica.

En Cádiz el maremoto alcanzó los 12 metros de altura. A pesar de ello, las murallas que la rodean (que sufrieron graves daños) protegieron a gran parte de la población, y la orden de cerrar las Puertas de Tierra, dada por el gobernador civil, evitaron las muertes y la destrucción que se dieron en el resto de la Bahía de Cádiz. Conil fue destruida, Sanlúcar de Barrameda, El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera sufrieron numerosas víctimas y desperfectos.
Las olas del maremoto llegaron hasta Martinica, Barbados, América del Sur y Finlandia.

 

* La escala de Richter ha sido siempre bastante malinterpretada; es una medida arbitraria de los temblores de la Tierra que se basa en mediciones de superficie. Aumenta exponencialmente, de manera que un temblor de 7,3 es 50 veces más potente que un terremoto de 6,3   y 2.500 veces más que uno de 5,3.  Teóricamente al menos, no hay un límite superior para un terremoto... ni tampoco hay, en realidad, uno inferior. La escala es una simple medición de fuerza, pero no dice nada sobre los daños. Un terremoto de magnitud 7, que se produzca en las profundidades del manto (a, digamos, 650 kilómetros de profundidad), podría no causar absolutamente ningún daño en la superficie, mientras que otro significativamente más pequeño, a sólo seis o siete kilómetros por debajo de la superficie, podría provocar una devastación considerable. Depende mucho también de la naturaleza del subsuelo, de la duración del terremoto, de la frecuencia y la gravedad de las réplicas y de las características de la zona afectada. Todo esto significa que los terremotos más temibles no son necesariamente los más potentes, aunque la potencia cuente muchísimo, por supuesto.

 

domingo, 31 de marzo de 2013

Los periplos de Hannón y de Himilcón

Hannón "el Navegante" fue un explorador cartaginés que, apoyado por una flota y varios cientos de colonos, fundó o repobló siete ciudades cartaginesas de la costa atlántica de Marruecos y exploró la costa oeste de África, aparentemente hasta el Golfo de Guinea. Vivió entre 530 a.C. y 450 a.C. aproximadamente.
Se indica que Hannón inscribió su bitácora de viaje en una tablilla que fue colgada en el templo de Baal (a quien los griegos identificaron con Crono) cuando regresó a Cartago. Este relato fue traducido al griego, correspondiendo esta versión al conocido Periplo de Hannón.
Según el texto original en griego, en el que se califica a Hannón como rey, zarpó de Cartago con 60 barcos y 30.000 personas entre hombres y mujeres. Tras pasar las Columnas de Hércules fundó varias colonias.
Algunos intérpretes del periplo afirman que Hannón alcanzó lo que es hoy Sierra Leona y el Cabo Palmas, en parte debido a que su descripción del amanecer y la configuración de la parte norte del cielo, un detalle que los geógrafos griegos encontraron absurdo e imposible.
En la isla que constituyó el término de su viaje, el explorador halló lo que describió como "mujeres velludas", llamadas por los intérpretes lixitas como gorilas. Se piensa que este pasaje puede describir un encuentro prematuro con algunas especies de mono. Posiblemente aquellas "mujeres peludas" eran gorilas —el nombre de esta especie fue tomado de este relato— o quizá chimpancés. Otra teoría postula que las "mujeres peludas" eran efectivamente eso. Como las mujeres descritas son pequeñas, también se ha especulado que Hannón encontrara pigmeos.
El título completo del relato, uno de los pocos conservados de la literatura fenicia, es El viaje de Hannón, comandante de los cartagineses, alrededor de las partes de Libia más allá de la Columnas de Hércules, que depositó en el templo de Crono. La narración fue conocida por Arriano y por Plinio el Viejo, que comenta que Hannón llegó a circunnavegar toda el Africa, saliendo del Mar Mediterráneo por el estrecho de Gibraltar, bordeando toda la costa africana hacia el sur, doblando por el Cabo de la Buena Esperanza, y regresando por el Golfo Arábigo*.
Más o menos por la mismas fechas, según Plinio, otro cartaginés, Himilcón, navegó durante cuatro meses por aguas del Atlántico en busca de las Islas del Estaño, las fabulosas Casitérides: “Cuando el poderío de Cartago era floreciente, Hannón hizo el periplo desde Gades hasta las fronteras de Arabia y publicó el relato de su viaje como hizo también Himilcón, enviado por esa misma época a explorar las costas de Europa”.
La localización de las Islas del Estaño permanece incierta, si bien se han identificado con las islas gallegas, con la Bretaña francesa y con Cornualles. Parece que Himilcón, siguiendo informaciones de los fenicios de Gadir, realizó un viaje de exploración que le permitió llegar a las costas de Bretaña, sur de Inglaterra e Irlanda.
Ni la tentativa de Himilcón, ni aquella otra de Hannón parecen haber tenido continuidad, lo que muchas veces se ha interpretado como signo de fracaso. Recientes descubrimientos en las costas de Galicia, donde se ha encontrado un altar púnico así como restos de ánforas y otras cerámicas del mismo origen, sumados a antiguos hallazgos, sugieren que cartagineses y púnicos gaditanos llegaron a surcar estos mares con mayor frecuencia de lo que hasta ahora se había contemplado.

* Parece cierto que navegantes tirios al servicio del faraón Necao circunnavegaron África algunas décadas antes (600 a.C), seguiendo al historiador y geógrafo griego Herodoto. El rey egipcio, que buscaba una solución alternativa a la de reconstruir un canal que unía el río Nilo y el Mar Rojo, encargó a un grupo de fenicios que circunnavegaran África, tierra que el faraón creía que sería de un tamaño no mucho mayor que su reino. Con ello pretendía comprobar si podía existir una nueva ruta comercial viable. La expedición fenicia tardó tres años en circunnavegar los 36.600 kilómetros del litoral africano.
Fuentes:
http://www.cervantesvirtual.com/bib/portal/antigua/roma_cartago.shtml#roma7
http://www.culturagalega.org/noticia.php?id=3570
http://nuevageografiacanaria.blogspot.com.es/2013/02/navegantes-antiguos-en-el-atlantico.html
http://qarthadast.blogspot.com.es/2008/05/el-periplo-de-himilcn.html

jueves, 24 de enero de 2013

Cádiz, Egipto y doce tumbas púnicas.

Las obras en el solar que ocupaba la antigua sede de la Subdelegación del Gobierno en Cádiz han destapado, entre otros hallazgos arqueológicos, doce tumbas púnicas de los siglos V y IV antes de Cristo que tenían en su interior, además de huesos, más de 300 joyas y amuletos egipcios.
Junto a estas tumbas, en el solar han sido halladas otras dos inhumaciones fenicias del siglo VI antes de Cristo, sin ajuares asociados, y otras veintiocho de época romana, datadas entre el siglo I antes de Cristo y el II después de Cristo. Además, en el mismo lugar ha sido descubierta la traza de los muros defensivos de la ciudad del siglo XVII (con muros, glacis y galerías de minas) y la puerta de entrada original a la ciudad, de las murallas del siglo XVII, junto a dos troneras.
 "Ha sido increíble", ha explicado María Eugenia García, una de las arqueólogas que trabajaba en las prospecciones que se llevan a cabo desde septiembre del 2012 en este solar para la construcción de la nueva sede de la Subdelegación del Gobierno en Cádiz, en la Avenida de Andalucía, muy cerca de la muralla de Puertas de Tierra.
De entre todos los hallazgos, el más relevante, el de las doce tumbas púnicas, se produjo el 19 de diciembre, cuando los arqueólogos estaban a punto de concluir sus sondeos y realizaban unas catas en las zonas donde irán los pilotes del nuevo edificio.
Así descubrieron dos grandes conjuntos funerarios púnicos, datados entre los siglos V y IV antes de Cristo y compuestos cada uno de ellos por seis tumbas realizadas en cajas de sillares de roca ostionera de gran tamaño y con un excelente estado de conservación porque no han sido objeto de expolios.

Todas ellas tenían en su interior restos humanos en muy mal estado de conservación debido, entre otras cosas, a las filtraciones de humedad, así como importantes ajuares.
En total han sido halladas más de trescientas piezas de oro, cornalina, plata o ámbar, entre anillos, pendientes, collares y otras piezas, entre ellas decenas de amuletos de origen egipcio, realizados en material cerámico de acabado exterior vítreo, conocido como fayenza, y que representan dioses como Seth, Horus, Ajet (Ojo de Ra), elementos de la mitología egipcia o zoomorfos como palomas.
El arqueólogo Ricardo Belizón, que también ha trabajado en estas prospecciones, asegura que desde principios de los años 20, cuando se descubrió un conjunto similar sin expoliar en Cádiz, no se producía un hallazgo arqueológico de esta envergadura en la ciudad.


domingo, 16 de diciembre de 2012

Fray Gerónimo de la Concepción.Cádiz: Emporio del Orbe

Fray Gerónimo nació en Cádiz en 1642 y murió en Córdoba (donde era prior del convento de Guadalcázar) en 1697/8,  después de haber publicado su única y magna obra impresa: Emporio de el Orbe. Cádiz Ilustrada, investigación de sus antiguas grandezas, discurrida en concurso del general imperio de España.
La obra fue publicada en Amsterdam en 1690, en todo un alarde editorial que fue posible gracias al apoyo económico prestado por las autoridades municipales gaditanas. Cuenta con un total de 700 páginas, incluyendo láminas, índices y prólogos, dividiéndose su contenido en ocho libros, que se dedican a tratar distintos aspectos de la historia y la geografía de Cádiz y territorios cercanos.
El alarde de erudición empleado por el carmelita es impresionante: se citan un total de 340 autores diferentes. La procedencia de dichas fuentes es muy variada, aparte de los autores clásicos, siendo muy frecuentes también las referencias a las historias de España publicadas durante los siglos XVI y XVII.
Fray Gerónimo muestra una desmedida megalomanía por la Antigüedad, reflejada en su afán de señalar que, en todos los hechos humanos, Cádiz fue la adelantada o participaron en ello los gaditanos.
Por su condición de religioso se para en discriminar los conceptos de fundador y pobladores, señalando como el primero a Tharsis, bisnieto de Noé, y como los segundos a Hércules con sus adeptos.
Según él, Cádiz fue la primera corte de España, el primer lugar donde se enterraba a la gente (pues antes se colgaban de los árboles), el primer sitio donde se elaboró la miel; en Cádiz sitúa los Campos Elíseos; gaditanos fueron los primeros descubridores de América; sus gentes fueron las primeras que abrazaron la fe católica, etc. Por encima de todo destaca que los Reyes Magos pasaron por Cádiz camino de Belén y que Jesucristo descendía de mujer gaditana.
Fray Gerónimo inserta a toda plana la genealogía de Jesucristo para demostrar su ascendencia gaditana a través de Matatías, cuya mujer era sidonia. Matatías era de la familia de los Macabeos y éstos pertenecían a la tribu de Judá, que era la de Cristo según la carne. Ahora bien, los sidonios estaban emparentados con los gaditanos, ergo... Si Aristóteles hubiera leído estas demostraciones, se hubiera vuelto a morir de la impresión.
Bueno, aunque, posiblemente, Aristóteles también era de Cádiz (de Cádiz-Cádiz).
 
Emporio de el Orbe, Biblioteca Digital de la Universidad de Sevilla
Entre sus obras no impresas se encuentran unos escritos para probar que España fue la primera provincia del Occidente en recibir la fe cristiana, y que los Reyes Magos fueron oriundos de tierras hispánicas. Lo que yo te diga, el papa no lo puede evitar y también se copia de uno de Cádiz.

martes, 13 de noviembre de 2012

La historia dormida de Yazirat Qadis (Isla de Cádiz)

Cádiz, fenicia y romana, también fue musulmana. Yazirat Qadis (Isla de Cádiz) volvía a emerger de sus cenizas en periodo almorávide hasta brillar con luz propia bajo dominio almohade, cuando llegó a convertirse en la primera ciudad andalusí incorporada al emergente imperio marroquí. De aquella relevante urbe delimitada por el recinto amurallado del barrio del Pópulo existen pocos vestigios y escasas fuentes documentales. Pero suficientes como para certificar que significó mucho más que el poblado de pescadores del que erróneamente se hablaba.

Los recientes y
últimos hallazgos localizados en la calle José María Rancés, en la finca donde presumiblemente se erigirá la recreación de las termas romanas de Cádiz, vuelven a recordarnos esta parcela adormilada de nuestro pasado, siempre eclipsado por las fastuosas Gadir y Gades.

En este solar ubicado junto a la iglesia de Santa Cruz acaban de aparecer cimentaciones de varias construcciones de época almohade, acompañadas de abundante material y enseres domésticos vinculados a estos vestigios, entre los que figuran una vasija almohade con la decoración típica de la época, piedras de molino y abundante cerámica.

Un yacimiento al que se suman otros cuatro repartidos por el
Pópulo, que desde los años 80 -cuando comenzó la exhumación del Teatro Romano- han dejado al descubierto un tramo de muralla musulmana y de una torre minarete -en la calle San Juan de Dios-, abundante material cerámico y alguna estructura de edificaciones domésticas sobre las gradas del teatro, además de un enterramiento en Santa María, que delimitaría el casco urbano.  La muralla medieval, tradicionalmente asociada a la obra de Alfonso X, se asienta sobre la muralla musulmana, fechada entre finales del siglo XI y principios del XII. "Lo que hizo el rey cristiano fue terminar de repararla", afirma el especialista en cerámica islámica, Francisco Cavilla. "Así consta en la correspondencia que Alfonso X mantuvo con el pontífice de la época".
Otro de los enclaves arquitectónicos de las ciudades islámicas es el Castillo de la Villa construido sobre el Teatro Romano, denominado en las fuentes musulmanas como Castillo del Teatro. "Aquí se han documentado restos de viviendas en las que se aprovecharon las galerías del teatro como almacenes o vertederos". "Asimismo, las tres puertas del Pópulo también existían entonces, mientras que el cementerio musulmán se ubicaría en Santa María. Necrópolis que marcaría el límite urbano de la ciudad", comenta el profesor de la UCA, Juan Abellán.

Ésta es la historia tímidamente narrada y excavada de una urbe que comenzó a crecer en el siglo XI, en periodo almorávide, "alcanzando su máximo apogeo en el siglo XII". Momento que coincidió con la implantación de las dinastías norteafricanas, que aumentarían la conexión entre los territorios de la Península Ibérica y el Magreb, posicionando a Cádiz entre las vías comerciales del Atlántico. Es la historia todavía dormida de Yazirat Qadis, todavía subyacente, pero latente, bajo el barrio del Pópulo.
 
Más en http://terraeantiqvae.com/profile/GuillermoCasodelosCobos

martes, 22 de mayo de 2012

Tiran bombas los fanfarrones


Lo imposible es el refugio de los cobardes. Napoleón Bonaparte.
La conmemoración del bicentenario de la Constitución de 1812 ha vuelto a demostrar una vez más cómo puede utilizarse el pasado para justificar el presente. Políticos, periodistas o historiadores lo hacen a menudo: deforman la historia para adaptarla a sus prejuicios. Es fácil hacerlo escogiendo mitos y distorsionando realidades para llegar al fin deseado. Echan mano de la historia porque la agenda lo exige, pero, en realidad, son piruetas y cabriolas para los espectadores del circo, fuegos artificiales, pura invención.

En el acto oficial que tuvo lugar el pasado 19 de marzo en el Oratorio San Felipe Neri de Cádiz, tanto Mariano Rajoy como el rey Juan Carlos se refirieron a la labor realizada por aquellos diputados como fuente de inspiración para afrontar las dificultades actuales. Escuchamos con sorpresa al presidente del Gobierno equiparar la crisis económica actual con la situación de crisis en la España de 1812 (no lo olvidemos, un país en guerra, invadido por el ejército más poderoso del momento). Y no solo comparaba situaciones tan dispares, sino que al hablar de sus reformas, las identificaba, sin bochorno aparente, con las de los constitucionalistas de Cádiz, que quisieron cambiar la España más retrógrada y caduca por otra basada en los derechos básicos del ciudadano.
Sus reformas, recetas impuestas desde el exterior sin que pinte gran cosa la soberanía popular, se parecen mucho más al Estatuto de Bayona o a la contrarreforma absolutista de 1814 que a la Pepa. Puestos a encajar paralelismos históricos con calzador, hoy son Merkel y los mercados lo que hace dos siglos fue Napoleón*.
Las depresiones económicas suelen ir acompañadas de propósitos egoístas y profundas necedades. En estos días de crisis, se aplaude la intervención de cualquier listo solemne que plantea con voz profunda y la boina calada que son todos iguales o todos hubiéramos hecho lo mismo. Nos han vuelto a convertir en unos aldeanos apegados al terruño de nuestra incredulidad y dispuestos a que nadie vuelva a engañarnos. Una y otra vez, nos dicen que no hay alternativa, que no se puede hacer otra cosa.
Cádiz, sin embargo, supuso apostar por la opción inverosímil, por el triunfo de la tendencia progresista más audaz y humanista posible desde el espectro político existente e imaginable en aquel entonces. Fue una verdadera revolución institucional. Lo que aquí ocurrió fue de todo menos conservador, fue una ruptura con las convenciones, con las costumbres. Cuando en Europa mandaban los principios de la dictadura ilustrada de Napoleón o del absolutismo sacralizado de Francisco I, las Cortes de Cádiz rechazaron a un príncipe francés y apostaron por el retorno al programa revolucionario, a los ideales ilustrados de 1791. Por supuesto eran posturas selectas, burguesas, en algunos casos mojigatas (como en la defensa del estado confesional), derivadas de una minoría escogida de la población, pero eso no quita un ápice de mérito al impulso histórico que buscó no solo edificar un nuevo Estado frente al absolutismo, sino un nueva escala de valores en el hombre y en su contrato social.
Y aquí llega la verdadera revolución gaditana: el servilismo, la verdad revelada y la realidad petrificada son desplazados por el diálogo, el valor de los pactos, la tolerancia y el cambio.
En Cádiz, los súbditos de una monarquía absoluta y decadente se transforman en ciudadanos libres con derechos y deberes. Ciudadanos libres, con su inseguridad y sus miedos, frente a la certidumbre de la cuerda de presos. Ciudadanos que caminan por nuevos senderos, buscan nuevas rutas, cuestionan e incumplen la voluntad de los déspotas, se llamen estos como se llamen: Napoleón o Merkado.
*Napoleón definió a los españoles como "una chusma de aldeanos guiada por una chusma de curas".

domingo, 18 de octubre de 2009

El sarcófago

El arqueólogo e historiador Pelayo Quintero es protagonista de una de las historias más sugerentes del anecdotario gaditano.
El 30 de Mayo de 1887 apareció en la Punta de la Vaca un sarcófago antropoide masculino de la época púnica (s V a C), de factura egipcia y rasgos helenizantes. Para exhibirlo se creó el Museo Arqueológico Provincial.
Desde 1918 a 1939 fue director de dicho museo el Sr. Pelayo Quintero Atauri, que defendió siempre (estaba absolutamente convencido de ello) la existencia de un sarcófago femenino. Durante su mandato la buscó afanosamente durante sus excavaciones, realizó diferentes catas arqueológicas en varios puntos de Cádiz con el fin de localizar dicho sarcófago y, aunque se encontraron muchos restos arqueológicos, nunca logró dar con la ansiada pieza.
Pelayo Quintero vivió en un chalet llamado “La Quinta”, en la calle Parlamento (antigua Ruiz de Alda) hasta 1939 cuando, con 72 años, se trasladó a la ciudad de Tetuán, para hacerse cargo de la Inspección de Excavaciones y de la dirección de su Museo Arqueológico. Falleció en octubre de 1946, al frente de sus responsabilidades en el Protectorado.
Lo realmente curioso es que, años después, un 26 de septiembre de 1980, una excavadora que realizaba su labor en un solar en construcción en la calle Parlamento, sacaron a la luz un sarcófago femenino de mayor antigüedad y más delicada factura artística, justamente en el solar (exactamente, en los cimientos) donde estuvo el chalet “La Quinta”...