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sábado, 21 de enero de 2017

Las mentiras de Benjamín Franklin

En el almanaque Poor Ridiard's, bajo el nombre de Richard Saunders, Benjamín Franklin predijo, mediante un estudio astrológico, la muerte del editor de un almanaque rival, Titan Leeds.
Cuando pasó la fecha, Leeds insistió en que estaba vivo. Y lo estaba, pero a pesar de tamaña evidencia Saunders continuó insistiendo en su muerte hasta que ésta finalmente se produjo mucho después de lo predicho.
Franklin escribió entonces, con total descaro, que los amigos de Titan Leeds por fin habían aceptado su muerte.
Y Franklin siguió mintiendo.
En 1730 publicó la historia de un juicio a un brujo y una bruja a los que sometieron a la prueba de comparar su peso con el de la Biblia (los brujos, como es sabido, tienen menos entidad que la Biblia y por lo tanto pesan menos).
Primero fue en una balanza, en la que los juzgados pesaron más, después arrojaron a los tres al agua: brujo, bruja y Biblia flotaron, lo que era una prueba de la culpabilidad de los dos primeros. Para asegurarse, los jueces decidieron que debían hacer la prueba estando los brujos desnudos, para lo cual, con cristiana clemencia, decidieron posponer el juicio hasta que hiciera buen tiempo.
Esta historia completamente inventada se publicó en la Pennsylvania Gazette, cuyo director era el propio Franklin.
En otra ocasión escribió el capítulo 51 del Génesis, que en la versión aceptada por la Iglesia tiene sólo 50. En este episodio Abraham ofrece refugio a un extranjero, pero lo expulsa después de que éste afirma tener otro dios. Yahveh se aparece a Abraham y le afea la conducta diciendo que, en cualquier caso, tiene que dar cobijo al extranjero.
Las mentiras de Franklin tenían casi siempre un carácter educativo: con otro engaño atacó la esclavitud, y para ello creó un escrito en el que un tal Sidi Mehemet Ibrahim de Algeria, un siglo antes, defendía la esclavitud de los cristianos con los mismos argumentos que usaban los esclavistas en el siglo XIX.
También defendió la igualdad de derechos para ambos sexos. Una tal Polly Baker, acusada de fornicación y con cinco pequeños cuerpos del delito que probaban su falta, hizo un emotivo discurso al final del último juicio. Los argumentos eran que para la fornicación son de uso dos personas, pero sólo se castiga a la mujer; que ella sola cuidaba a sus cinco hijos; que sus acciones no dañaban a nadie; y que el primer amante había sido, precisamente, un magistrado.
El excepcional discurso de Polly fue recogido por un periodista, posteriormente reproducido en todo el mundo y desde entonces citado con frecuencia para defender la igualdad entre los sexos. Posiblemente, si se hubiese fijado bien en el nombre de aquel primer reportero, el mundo hubiese sido más cauto, pues era el propio y mentiroso Benjamín Franklin quien, una vez más, se había inventado el discurso de arriba abajo.

http://ibaiacevedo.com/pictures/yo-me-quedaba
http://grant.photogrvphy.com/winners-gallery/photogrvphy-grant-2016/fine-art/hm/48
https://es.wikipedia.org/wiki/Benjamin_Franklin

lunes, 29 de agosto de 2016

Cortos de vista y predicciones fallidas (y 2)

En 1858, el canciller británico de hacienda, Benjamín Disraeli (1804-1881), que diez años después sería primer ministro, se opuso ferozmente a la idea de que Gran Bretaña invirtiera una sola libra en la construcción del canal de Suez, pues la empresa era «el intento más inútil y totalmente absurdo». Probablemente, parte de esta oposición se debía al hecho de que el canal estaba siendo financiado por Francia. Lo cierto es que considerando el asunto geográfica y políticamente tenía mucho más sentido que la idea fuese inglesa, dado que el nuevo canal iba a ahorrar el largo camino alrededor de África y el cabo de Buena Esperanza para llegar a India. Cuando el Canal quedó terminado en 1869 le fue extremadamente útil para mantener la dominación inglesa sobre la India.
La magnitud de la empresa, por muchos comparada a la construcción de las pirámides, encendió la imaginación de público, periodistas y escritores, entre ellos el joven Julio Verne. Tras publicar en 1863 su novela Cinco semanas en globo, con la que obtuvo un gran éxito, escribió París en el siglo XX, que ni siquiera llegó a ver publicada por ser demasiado fantástica: ya que los franceses estaban siendo capaces de construir el canal de Suez, Verne consideró muy probable que en el siglo XX fueran capaces de llevar barcos hasta París y transformó a la ciudad en una gran ciudad portuaria. El editor de Verne tenía toda la razón, la novela era demasiado fantástica: telegrafía fotográfica -actualmente conocida como fax—, trenes automáticos, luces nocturnas y un faro (pues era una ciudad marina) situado a sólo unos metros de distancia del emplazamiento actual de la torre Eiffel. El editor rechazó la obra diciendo: «Nadie creerá tus profecías».

Tras patentar el teléfono en 1876, Alexander Graham Bell se dirigió a la Western Union, la compañía de comunicaciones más importante entonces en Estados Unidos gracias al telégrafo, y les ofreció el aparato a cambio de 100.000 dólares. William Orton, presidente de la compañía, rechazó la oferta con la frase: «¿Qué uso podría hacer esta compañía de un juguete eléctrico?». En descargo de Orton se puede decir que quizá tuvo que leer la descripción de la patente: «El método de, y el aparato para, transmitir sonidos vocales u otros telegráficamente [...] causando ondulaciones eléctricas de forma similar a como el aire acompaña las vocalizaciones u otros sonidos». Bell posteriormente fundó la Bell Telephone Company, y el teléfono terminó por devorar al gigante de la telegrafía que lo había rechazado.
En la Bell Telephone trabajó el físico americano Chester F. Carlson (1906-1968), y posteriormente en el departamento de patentes de la empresa de productos electrónicos de Nueva York, P. R. Mallory Company. Harto de hacer copias manuales de los dibujos de las patentes y especificaciones, en 1934 comenzó a buscar una forma de mecanizar el trabajo. En 1940 obtuvo la patente del proceso xerográfico y, aunque durante esos años muchas otras empresas e inventores estaban investigando en el mismo terreno, fue rechazado dos veces por la IBM y una vez por Kodak. El total de empresas que prescindieron de su innovación fue más de veinte. En 1947 se presentó a una empresa al borde de la bancarrota, la Haloid Company, que decidió invertir en el invento como medida desesperada. Funcionó, y la Haloid es conocida como la Xerox Corporation. Carlson se hizo multimillonario.
El director de cine mudo D. W. Griffith (1875-1948), autor de El nacimiento de una nación (1915) e Intolerancia (1916), recibió el encargo, junto con otras celebridades de su tiempo, de escribir para el Saturday Evening Post lo que él estimaba que serían los próximos cien años: «No queremos y nunca querremos voces humanas en la pantalla». Su profecía era muy semejante al grito que tres años más tarde dio el presidente de la Warner Brothers, Hany M. Warner, «¿Quién demonios quiere oír hablar a los actores?», o a la frase de Charlie Chaplin en 1928: «Las películas necesitan sonido tanto como las sinfonías de Beethoven necesitan letras».

A finales de la década de los veinte todo era optimismo en los mercados financieros, y eran frecuentes artículos en revistas femeninas con títulos como Todo el mundo puede ser rico en el que se enseñaba la forma de ganar dinero invirtiendo 15 dólares en la Bolsa. El 17 de octubre de 1929, el profesor de ciencias económicas en Yale, Irving Fisher (1867-1947), autor de numerosos libros y teorías, afirmó: «Las bolsas han adquirido lo que parece un nivel alto permanente». El 24 de octubre, una semana más tarde de esta profecía, comenzó la gran depresión. En los años posteriores la predicción de Fisher fue muy citada, a su pesar.

Y, finalmente, una gran predicción musical. Cuando en 1964 los Beatles se preparaban para su primera gira americana, Alan Livingstone, presidente de Capitol Records, su sello en Estados Unidos, pronosticó: «No creo que consigan nada en este negocio».

lunes, 15 de agosto de 2016

Cortos de vista y predicciones fallidas (1)

En 1830 el astrónomo Dyonisius Lamer (1793-1859) anunció que un barco de vapor jamás podría cruzar el Atlántico porque para ello necesitaría más carbón del que podía llevar a bordo. Del ferrocarril dijo algo parecido: los pasajeros morirían ahogados, pues a esa «tremenda» velocidad no podrían respirar.
En 1899, Charles H. Duell, el comisario de la Oficina de Patentes de Estados Unidos, le escribió una carta al presidente de Estados Unidos, William McKinley (1843-1901), pidiéndole que aboliera la oficina de patentes: «Todo lo que se puede inventar ha sido inventado».
El 10 de diciembre de 1903 el New York Times afirmó que era completamente inútil que la gente intentara volar, y advertía a Samuel Langley, en aquel entonces enzarzado en la construcción de una máquina voladora, que abandonara el proyecto y no derrochara tiempo, dinero y prestigio: «La vida es corta, y [Langley] es capaz de realizar servicios a la humanidad incomparablemente mayores de los que pueden ser obtenidos intentando volar. [...] Para estudiantes e investigadores del tipo de Langley hay empleos mucho más útiles». Una semana después de publicarse este texto los hermanos Wright realizaron su primer vuelo exitoso.
Algunos años después, en 1910, el astrónomo americano William H. Pickering escribió que «la imaginación popular a menudo se representa gigantescas máquinas voladoras lanzadas a través del Atlántico y transportando innumerables pasajeros de una forma análoga a nuestros modernos barcos de vapor. [...] Parece seguro decir que tales ideas son completamente visionarias, y que incluso si una máquina pudiera cruzarlo con uno o dos pasajeros el precio sería prohibitivo para cualquiera excepto para aquellos capitalistas que pueden poseer un yate propio». 
El premio Nobel de Física, Albert Michelson (1852-1931), afirmó en 1903 que «las leyes más importantes y fundamentales de la Física han sido todas descubiertas, y éstas están actualmente tan firmemente establecidas que la posibilidad de ser jamás complementadas excede lo remoto».
La cosa tuvo su ironía, porque Albert Michelson, en compañía de Edward Williams Morley (1838-1923), demostró que no había un éter a través del cual viajara la luz, y que un fotón emitido desde la Tierra no tenía una velocidad igual a la de la luz más la de la Tierra, sino sólo la velocidad de la luz. En gran parte impulsado por estos resultados, Einstein desarrolló su teoría de la relatividad, un cambio completo de las leyes de la física sólo dos años después de que Michelson pronunciara su famosa profecía. 
Pero no solo se equivocan científicos y periodistas. 
El gran filósofo (pero pésimo arúspice) Auguste Comte(1798-1857) aseguró que una máquina jamás tendría fuerza suficiente como para escapar del campo gravitatorio de la Tierra y llegar a otros planetas.

Fuentes: 
Peter Villanueva Hering:  Errores falacias y mentiras. 
http://www.malavida.com/listas/tecnologia-de-hoy-imaginada-hace-100-anos-005622 
http://th.physik.uni-frankfurt.de/~jr/physpiceingroup.html

jueves, 4 de agosto de 2016

Sócrates, Mark Twain y el elixir de la vida

La doctrina moral de Sócrates se conoce con el nombre de intelectualismo moral. Según esta teoría, basta con saber lo que es el bien para realizarlo y basta con sa­ber lo que es el mal para no hacerlo. Por tanto, si los hombres hacemos el mal es por ignorancia, porque en el fondo no sabemos lo que hacemos.
Claro que no hemos de confundir las creencias y pensamientos de un individuo con las declaraciones que ese individuo realiza sobre sus pensamientos y creencias, pues una cosa es lo que uno dice creer y pensar, y otra es lo que realmente piensa y cree.
De ahí que, al considerar el abismo que separa el ámbito de nuestras creencias del ámbito de su puesta en práctica, tal vez haya que concluir que el abismo verdadero es el que existe entre lo que decimos que creemos y lo que creemos realmente.
En fin, sea como fuere, el caso es que las ideas sobre moral de poco sirven si no tienen consecuencias prácticas sobre nuestras acciones. Se comprende así la reacción de Mark Twain cuando un industrial, haciendo gala de sus elevados ideales, le confesó que tenía la firme convicción de peregrinar a Tierra Santa y subir al monte Sinaí para leer en voz alta los diez mandamientos. Al parecer, Twain le replicó:
    -Y, en vez de eso, ¿por qué no se queda aquí y los pone en práctica?

La vida de Mark Twain (cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens) estuvo marcada por la enfermedad y la muerte de las personas a las que más quiso: era el sexto de siete hijos, de los que solo tres sobrevivieron a la infancia;  su padre falleció de neumonía cuando él tenía 11 años; su hermano Henry murió  en la explosión del Pennsylvania, vapor en el que trabajaba*; su hijo Langdon murió de difteria con tan solo 19 meses de edad; su hija Susy, de 24 años, murió de meningitis; su esposa Olivia enfermó en 1903 y falleció poco después (en 1904) de un paro cardíaco. 

Un año después de este trágico hecho (en 1905), recibió una carta, firmada por un tal J.H. Todd (uno de tantos charlatanes vendedores de curas y remedios que hacían y hacen su agosto a costa de la desesperación de los demás), acompañada de un panfleto que hablaba maravillas de un remedio llamado Elixir de la Vida, que afirmaba curar, entre otras muchos padecimientos, la meningitis y la difteria (enfermedad que décadas antes había matado a su primer hijo). La respuesta de Twain**, dictada de inmediato a su secretaria, fue la siguiente:

"Querido Señor:

Su carta es un enigma insoluble para mí. La letra es buena y presenta carácter considerable y hay rastros aún de inteligencia en lo que usted dice, sin embargo, la carta y los anuncios que se acompañan profesan ser obra de la misma mano. La persona que escribió los anuncios es, sin duda, la persona más ignorante que vive ahora mismo en el planeta; también, sin duda, él es un idiota, un idiota del grado 33, descendiente de una procesión ancestral de idiotas que se remontan al eslabón perdido. Me desconcierta distinguir cómo la misma mano podría haber construido su carta y sus anuncios. Los rompecabezas me preocupan, me molestan los rompecabezas, los rompecabezas me exasperan; y siempre, por un momento, despiertan en mí un estado mental desagradable hacia la persona que me ha desconcertado. Tras unos momentos a partir de ahora mi resentimiento se habrá desvanecido y pasado, y estaré probablemente incluso orando por usted; pero mientras todavía hay tiempo me apresuro a desear que usted se tome una dosis de su propio veneno por error, y entre rápidamente en la condenación que usted y todos los demás asesinos de medicina de patente se han ganado tan despiadadamente y que tanto merecen."
* Samuel convenció a su hermano Henry para que trabajara con él como piloto fluvial. Henry murió el 21 de junio de 1858 en la explosión del Pennsylvania, vapor en el que trabajaba. Samuel había tenido una premonición de esta muerte en un realista sueño que tuviera un mes antes, lo que hizo que Mark Twain se interesara por la parapsicología; fue uno de los primeros miembros de la Society for Psychical Research (Sociedad para la Investigación Psíquica). Samuel se vio muy afectado y se sintió culpable durante el resto de su vida.
** Y que tantos hoy se merecen cuando anuncian o difunden remedios mágicos y efectivos contra el cáncer siguiendo una estricta dieta de pomelo y vinagre.

González Calero, Pedro: Filosofía Para Bufones. Ariel, Barcelona, 2007.

viernes, 8 de julio de 2016

Mahler, Alma y la novena sinfonía


En noviembre de 1901, su momento de mayor prestigio y reconocimiento, Mahler (1860-1911) conoció a la compositora Alma Schindler, hija del pintor Emil Jakob Schindler e hijastra del pintor Carl Moll, en una reunión social. Inicialmente Alma no se mostró interesada por conocer a Mahler, debido a «los escándalos sobre él y todas las mujeres jóvenes que habían aspirado a cantar en la ópera». Dicho encuentro dio lugar a un rápido noviazgo y Mahler y Alma se casaron en una ceremonia privada el 9 de marzo de 1902, a pesar de la diferencia de edad (Alma tenía diecinueve años menos que el compositor). Por entonces, Alma estaba embarazada de su primera hija, Maria Anna.
Los amigos de la pareja se mostraron sorprendidos por el matrimonio y dudaron de su idoneidad. Burckhard llamó a Mahler «ese judío raquítico degenerado», indigno para una chica de buena familia. Por otro lado, la familia Mahler consideraba a Alma coqueta, poco fiable y demasiado aficionada a ver a hombres jóvenes rendidos a sus encantos. Mahler era por naturaleza temperamental y autoritario (Natalie Bauer-Lechner, su primera compañera, dijo que vivir con él era «estar en un barco que se mece sin cesar de aquí para allá por las olas»). Alma pronto se sintió resentida por haber abandonado sus estudios musicales ante la insistencia de su marido de que sólo podía haber un compositor en la familia. Escribió en su diario: «Qué duro es ser tan despiadadamente privada de [...] lo más cercano al corazón». El requisito de Mahler de que su vida matrimonial estuviera organizada en torno a sus actividades creativas generó tensiones y precipitaron la rebelión por parte de su esposa. Sin embargo el matrimonio se caracterizó por periodos ocasionales de considerable pasión, particularmente por parte de Mahler. En el verano de 1907 Mahler, exhausto por las campañas en su contra en Viena, llevó a su familia a Maiernigg. Poco después de su llegada sus hijas enfermaron de escarlatina y difteria y María, la más pequeña, murió. Inmediatamente después de esta devastadora pérdida, Mahler se enteró de que tenía problemas de corazón, un diagnóstico confirmado posteriormente por un especialista vienés, que ordenó una reducción de cualquier tipo de ejercicio vigoroso. Alma describió que la reacción del autor fue como una sentencia de muerte virtual, aunque el propio compositor, en una carta a ella del 30 de agosto afirmaba que sería capaz de llevar una vida normal. Sin embargo, la enfermedad fue un factor de depresión posterior.
No obstante, el punto culminante de su fama se produce en el verano de 1910 con la primera representación de la Octava Sinfonía en Múnich la última de sus obras estrenada en vida. La ocasión fue un triunfo (según su biógrafo Robert Carr, «seguramente su mayor éxito en vida») pero estuvo ensombrecida por el descubrimiento del compositor, después del evento, de que Alma había comenzado una relación con el joven arquitecto Walter Gropius. Muy angustiado, el compositor buscó el consejo de Sigmund Freud y pareció obtener algún consuelo del psicoanalista. Alma estuvo de acuerdo en permanecer junto a Mahler, aunque la relación con Gropius continuó de forma clandestina. En señal de amor, Mahler le dedicó su Octava Sinfonía. Poco después, el 18 de mayo de 1911, Gustav Mahler fallecía en Viena.
Gustav Mahler tenía una pequeña superstición: Ludwig van Beethoven (1770-1827), Antón Bruckner (1824-1896), Antonin Dvorak (1841-1904) y Franz Schubert (1797-1828), entre otros, habían muerto al terminar sus respectivas novenas sinfonías. Mahler, por prudencia, al terminar su Sinfonía nº8 y comenzar la novena no le dio el nombre de Sinfonía n°9, sino el de La canción de la tierra. Pero era tan sinfonía como las otras, y era la novena. Mahler creyó haber vencido al destino y emprendió la composición de la siguiente, hasta tal punto confiado en haber burlado a los hados fatales de la música romántica que la numeró como novena: argüía que en realidad era la décima (la estratagema era un extraño puente). Acabó esta Sinfonía n°9, pero al poco de empezar la décima su debilitado corazón dejó de responder.
Alma Mahler sobrevivió a su marido en más de cincuenta años y murió en 1964. Se casó con Walter Gropius en 1915, cinco años después se divorció y se casó con el escritor Franz Werfel en 1929. En 1940, publicó una memoria de sus años junto a Mahler, titulada Gustav Mahler: Recuerdos y cartas. 
Peter Villanueva Hering: Errores, falacias y mentiras. Ediciones del Prado, Navarra, 2000.

viernes, 30 de enero de 2015

El zapatero y el rey

María Padilla y Pedro I, grabado de Paul Gervais
Esta leyenda, que me contaba mi padre, está relacionada con la estancia del rey Pedro (el Cruel o el Justo, según quien cuente la historia) en Sevilla y se refiere a lo que sucedió a un arcediano y al hijo de un zapatero.
Un arcediano de la catedral de Sevilla,  un hombre con fama de irascible, tuvo cierto día una discusión con un zapatero en el curso de la cual el eclesiástico, furioso, sacando un puñal, le atravesó el corazón de parte a parte.
Amparándose en su poder y autoridad, el cabildo de la catedral hispalense se reunió y acordó sentenciar al diácono con la prohibición de decir misa durante un año.
Al hijo del zapatero le pareció demasiado benigna la sentencia y, decidido a obtener justicia, se la pidió al rey. Éste le preguntó:
—Y el arcediano, ¿no ha sido castigado?
—Sí, señor; le han condenado a no decir misa durante un año.
—Y tú, ¿te crees capaz de matar al arcediano?
—Sí, señor, en cuanto pueda.
—Ya se verá.
Pocos días después se celebraba una procesión que se interrumpió cuando el zapatero se abalanzó sobre el arcediano, al que dejó seco de una puñalada. Se arremolinaron los espectadores, que sujetaron al asesino, y se disponían a llevarlo a la cárcel cuando el rey, que asistía a la procesión, los interrumpió ordenando que llevasen al matador ante su presencia.
—¿Por qué has matado al arcediano?
—Él mató a mi padre de una puñalada y he querido pagarle en la misma moneda.
El rey se dirigió a los eclesiásticos y les preguntó:
—¿Cómo no fue castigado el arcediano por este crimen?
—Sí, señor; lo fue: fue condenado a no decir misa durante un año.
Y entonces el rey se dirigió al zapatero y le dijo:
- ¿Cuál es tu profesión?
- Zapatero, como mi padre.
- Yo te condeno a no hacer zapatos durante un año.
Y esta fue la justicia del rey don Pedro.

Fuentes:
Mena, José María de: Tradiciones y leyendas sevillanas, Plaza y Janés, Barcelona, 2008
Fisas, Carlos: Historias de la Historia. Planeta, Barcelona, 1989
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_I_de_Castilla#mediaviewer/File:Paul_Gervais_-_Maria_de_Padilla.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_I_de_Castilla#mediaviewer/File:Battle_najera_froissart.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_I_de_Castilla

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Los 10 hábitos de las personas muy miserables

La psicoterapeuta Cloe Madanes ha hecho un interesante ejercicio de psicología inversa y se ha propuesto remarcar algunos hábitos de la gente altamente miserable, es decir, de aquellas personas que, lejos de disfrutar la vida en sus pequeños y grandes asombros y placeres, se dedican a hacérsela miserable, tanto a ellos como a los que tienen la mala suerte de estar en torno suyo.
Y es que ser miserable, lo que se dice auténticamente miserable, es un trabajo de tiempo completo: una forma de arte, incluso, y si observamos con atención, notaremos el cuidado con que las personas se convierten en verdugos de sí mismas.
He aquí las 10 características que hacen de la vida una experiencia insufrible para ti y para los que te rodean:

1. Practica el aburrimiento. Las personas miserables suelen tener un aura de sabelotodos: nada los asombra, y lo que asombra a los demás debe ser rápidamente denunciado como lo que es, una copia burda de algo que ya se conocía. Cultivar el sentimiento de que todo es predecible, de que todo ya ha sido hecho por alguien, de que el tedio es insufrible, puede hacerte ver a tus propios ojos como una persona culta que ha agotado todas las formas de asombro.

2. Adopta una identidad negativa. Si no sabes por dónde empezar puedes asumir algún diagnóstico físico o mental y vivir de acuerdo a él: si estás deprimido vuélvete una Persona Depresiva; si te sientes ansioso, vuélvete una Persona Ansiosa. Simplemente deja que tu diagnóstico condicione todos los aspectos de tu existencia y lograrás vivir como un convaleciente, con todas las ventajas que aporta: la gente estará preocupada constantemente por tu frágil estado.

3. Discute por tonterías. No hablamos de un debate filosófico sino de un asunto de poder: para las personas altamente miserables, tener la razón es más importante que dialogar con el otro para encontrar una verdad común o un terreno de interlocución. 

4. Desconfía de las intenciones de los demás. Uno nunca sabe si un comentario, un halago o una pregunta que nos hacen no es en realidad un insulto o una forma velada de humillación. La gente altamente miserable siempre está pendiente de lo que los otros no dicen, más que de lo que dicen efectivamente.

5. Evita la gratitud a toda costa. La gratitud puede ser el elemento común de todas las vías religiosas, y algo que inmediatamente te ayude a ver lo positivo dentro de las situaciones negativas. Es por eso que debes evitar sentir gratitud a toda costa: nunca digas gracias, por ejemplo.

6. Si todo falla, culpa a tus padres. En cierto sentido, una persona miserable es un niño en busca de afecto. Pero ese niño puede aprender también que sus errores no son suyos (y por tanto no hacerse responsable por ellos), sino que sus defectos y fallas son culpa de quienes nos criaron: los padres.

7. Ten miedo de perder tu trabajo. Quéjate todo el tiempo de lo que haces en tu trabajo y además teme perderlo. Repite tus errores constantemente, actúa de manera servil o francamente hipócrita con tus compañeros o simplemente imagina lo que será morir de hambre en las calles cuando te despidan: esta práctica diaria requiere todo tu esfuerzo y tu angustia.

8. No disfrutes de los placeres de la vida. ¿Música, comida, paisajes naturales, arte? Esas son cosas superficiales para gente tonta que no sabe nada de la vida. Las personas altamente miserables saben que todo placer es transitorio y, de alguna forma, egocéntrico, pues son una distracción que no puede nunca compensar el miserable estado del mundo actual.
9. Glorifica o sataniza el pasado. Dicen que todo tiempo pasado fue mejor, pero el pasado también es el lugar de las oportunidades perdidas, desperdiciadas o ignoradas. Si algún día experimentas placer con el estado actual de tu vida, recuérdate cuando no tenías dinero, cuando te divorciaste, cuando te despidieron de algún trabajo o te pusieron una mala nota en la escuela. "Los malos recuerdos son para siempre”, podría ser un buen eslogan para tener a la vista en cualquier situación.

10. Quéjate. Quéjate. Quéjate. Las personas miserables saben que la crítica podría abrir un fecundo espacio de diálogo: por eso se esfuerzan en permanecer en los lindes de la queja, que no es sino la expresión de su fascinante mente maestra para hallar algo negativo en cualquier situación.

http://pijamasurf.com/

lunes, 2 de diciembre de 2013

Física o filatelia. Ernest Rutheford

La frase «La ciencia es o Física o Filatelia» es posiblemente la más conocida del gran científico neozelandés Ernest Rutheford. 
De hecho, durante mucho tiempo, los físicos fueron (y en algunos casos siguen siéndolo) notoriamente despectivos con los científicos de otros campos. Cuando al gran físico austriaco Wolfgang Paul le abandonó su mujer por un químico, no podía creérselo. «Si hubiese elegido un torero lo habría entendido (comentó asombrado a un amigo). Pero un químico...»
Sobre Rutheford se cuentan muchas anécdotas, era afable y tenía un gran carisma. Físicamente era grande e imponente con una voz que hacía encogerse a los tímidos. En una ocasión, un colega al que le dijeron que Rutherford estaba a punto de hacer una transmisión de radio a través del Atlántico, preguntó secamente: «¿Y porqué utiliza la radio?»
Curiosamente, como si el destino le hubiese querido jugar una broma de mal gusto, le concedieron en 1908 el premio Nobel ¡de Química!

domingo, 1 de diciembre de 2013

El censor que evitó que Franco sufriera abusos deshonestos

La censura es una práctica determinante para mantener el pensamiento único entre los súbditos. En la nacionalcatólica España de Franco  no bastaba con una censura, teníamos dos: una censura religiosa y otra civil.
Los censores de la Iglesia, encargada del control social, moral y doctrinal, hacían constar en las publicaciones la inscripción Nihil obstat (abreviatura de nihil obstat quominus imprimatur, no existe impedimento para que sea impresa). Respecto a la censura civil, por la Ley de prensa de 22 de abril de 1938, la prensa pasaba a convertirse en transmisora de los valores oficiales e instrumento de adoctrinamiento político y los periodistas se transustanciaban en dignos trabajadores al servicio de España.
En cierta ocasión, según cuenta Juan Eslava Galán en De la alpargata al seiscientos, un joven de la localidad de Oliva de la Frontera (Badajoz), que estrenaba una moto de segunda mano, se presentó en casa de su novia para invitarle a dar un paseo. La chica, de intachable moral y de familia cercana al Régimen, pidió el permiso paterno y, aunque a regañadientes, se le concedió.
Delante de la familia, y de los curiosos, subió a la moto a mujeriegas (con las dos piernas a un lado) y le dijo a su novio: cuando quieras. Dio unas vueltas por el pueblo y, con la excusa de probar la moto en carretera, salió del pueblo hasta un paraje escondido donde paró la moto… ¡Bájate, que hoy no te salva ni Franco!
Ese mismo día la pareja de la Guardia Civil se presentó en casa del muchacho y se lo llevó al cuartelillo. El día del juicio no se le ocurrió otra cosa que alegar que su novia, delante de muchos testigos, había dicho cuando quieras… Fue condenado tanto por abusos deshonestos como por ofender al jefe del Estado (¡Bájate, que hoy no te salva ni Franco!).
Un periodista publicó en un diario de Sevilla… “Condenado por abusos deshonestos y ofensas al jefe de Estado“. El censor estuvo rápido y obligó a modificar aquel titular que daba a entender que el jefe del Estado había sido mancillado.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Augusto Bebel y los aplausos

Augusto Bebel fue un tornero alemán del siglo XIX y principios del XX que, junto a otros compañeros, fundó la primera organización de la clase trabajadora alemana: el Partido Socialdemócrata (el SPD). Más tarde fue elegido miembro del Parlamento, donde se convirtió en un orador que fustigó duramente a los representantes de la burguesía germana.
En una ocasión, tras haber tenido una brillante intervención en el hemiciclo, fue sorpresivamente aplaudido por los sectores más reaccionarios de la cámara. Bebel, ante la imprevista aprobación por parte de sus enemigos políticos se quedó meditabundo y, rascándose la cabeza, se preguntó:
"¿Ah, viejo Bebel! ¡Qué tontería habrás dicho para que esta gentuza te aplauda!"

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Los higos y Fernández Flores

Durante la 1ª Guerra Mundial, en la que España se mantuvo neutral, se produjo un aumento de  precios de los productos de primera necesidad que provocó una crisis casi continua entre los años 1916 y 1917. Como ocurre en cualquier momento crítico, -y me acuerdo ahora de muchos remedios mágicos a la actual- las soluciones propuestas fueron variopintas y, a veces, pintorescas.
Fernández Flores contaba, con su corrosivo estilo, la siguiente anécdota: 
Recordará usted que esto de la escasez y la carestía de las susbsistencias era algo para lo que no se encontraba solución.
Cuando el gobierno de Dato se decidió a crear la Comisaría de Abastecimientos, el estado del país era terrible. Y en esto andaba cuando se tuvo noticia de que el ilustre político liberal señor Royo Villanova había inaugurado su cátedra de la universidad de Zaragoza con una lección acerca de las subsistencias...
La gente supuso que se trataría de una divagación más. Pero no: el señor Royo llevaba la idea salvadora, tan sencillo como lo del huevo de Colón: no comer. Es decir, comer muy poquito, casi nada, una pequeñez, una migajita... Pero el señor Villanueva comprendió que no bastaba la teoría, con ser genial, sino que era preciso ofrecer un ejemplo. Y el ejemplo fue él mismo. El señor Royo, en un momento emocionante que nunca podrán olvidar los que lo vieron declaró:
- Aquí, donde me veis, llevo cuatro días comiendo medio kilo de pan y docena y media de higos cada veinticuatro horas.
Hubo un rumor de admiración. Algunas señoras sollozaron.
- Pero no me compadezcáis -añadió-: esos alimentos bastaban para producir en mi organismo 2548 calorías...
Otro rumor prolongado. Un cesante incrédulo gritó:
- ¡Que las enseñe!
- Con esas calorías -siguió el señor Royo- tuve sobrado vigor para el trabajo y una salud admirable. ¿Y sabéis cuánto había gastado en mis refacciones...? Treinta y cinco céntimos diarios: veinticinco en el pan y diez en los higos.
Terminada la conferencia, los presentes fueron desfilando cerca del señor Royo para felicitarle y palparle a la vez, con objeto de convencerse de que aún tenía carne sobre los huesos.
Cuando supo lo ocurrido en Zaragoza, el señor Dato mandó llamar al señor Alas Pumariño y, ya en su despacho, le dijo:
- ¿Se enteró usted de lo que hizo Royo Villanova?
- Sí, señor.
- Comprenderá usted que no podemos dejarle a un liberal la gloria de haber resuelto la cuestión de las subsistencias desde la oposición. Sería la crisis; sería la caída del partido. Usted tiene que hacer algo más sensacional, como comisario. ¿Es usted capaz de vivir con diez higos diarios?
- No, señor.
- ¿Y con doce?
Alas Pumariño suspiró:
- Tampoco.
- ¿Ni siquiera con diecisiete...? Coma usted un higo menos que Royo Villanova y estamos salvados.
Alas Pumariño dejó caer los brazos:
- ¡No puedo, no podré jamás!
Cuando el señor Alas salió del despacho del señor Dato ya no era comisario de Abastecimientos.
 
Wenceslao Fernández Flórez

martes, 26 de noviembre de 2013

Fermor y el gato

Patrick Leigh Fermor, posiblemente el mejor autor de literatura de viajes en lengua inglesa, tuvo una apasionante vida llena de acción y pasiones.
Con 18 años decidió caminar a lo largo de toda Europa, desde Hoek van Holland hasta Constantinopla. Leigh Fermor inició su viaje el 8 de diciembre de 1933, cuando Hitler acababa de llegar al poder en Alemania, con unas pocas ropas, el Oxford Book of English Verse y un volumen de las Odas de Horacio.
Durmió en refugios de pastores, graneros y cabañas, pero también en las casas de campo de la aristocracia y la alta burguesía de Europa Central. A lo largo de su viaje escuchó muchas historias y oyó muchos lenguajes.

http://thisisnthappiness.com/post/278515176/kehoe
Llegó a Constantinopla el 1 de enero de 1935 donde continuó su viaje a lo largo de Grecia. Allí se enamoró del país y de su idioma.
En uno de sus libros, El tiempo de los regalos, el escritor cuenta el origen de un dicho marinero de la región de Mani, el profundo sur griego.

Parece que hubo una vez en que un capitán de barco, preocupado por la gran cantidad de ratas que infestaban su navío, llamó a un sacerdote y le pidió que llevase a cabo el servicio especial para deshacerse de ellas. Se entonaron los cánticos apropiados y el sacerdote roció de agua bendita el barco, de proa a popa. Embolsándose la tarifa habitual, aseguró al capitán que ya no tendría más problemas con esos bichos: el rito jamás había fallado. "Pero hay una cosa", dijo el cura. "¿Qué cosa padre?". El sacerdote inclinó su barbada cabeza hacia la oreja del marino y le susurró: "Consíguete un gato".
 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Un impuesto de un siglo para una guerra de tres meses


La guerra entre EEUU y España empezó y acabó en 1898. El conflicto armado se produjo entre los meses de mayo y julio (aunque la paz se firmó en diciembre) y supuso una derrota aplastante del ejército español. El gobierno de Estados Unidos implantó entonces un impuesto a las llamadas telefónicas de larga distancia, con el único objetivo de sufragarla, pero los norteamericanos han seguido pagándolo hasta ahora.

Para sorpresa de muchos, resulta que han estado más de un siglo recaudando dicho impuesto hasta que alguien, en 2005, se dio cuenta y decidieron realizar una devolución en la declaración de la renta equivalente al importe pagado durante el año anterior.



La revista satírica The spoof propone que ya que se ha estado tanto tiempo recaudando, tal vez lo mejor sería utilizar ese dinero para el fin que fue recaudado y que el gobierno declare la guerra a España.

Aparte de bromas, el Congreso promulgó el denominado "impuesto al consumo de lujo" en 1898 (1 centavo por llamada telefónica en 1898), cuando sólo existían unas pocos miles de líneas telefónicas en el país. Fue derogada en 1902, pero se volvió a aplicar 1914, para pagar por la Primera Guerra Mundial, y se convirtió en permanente.
Finalmente, ya en el año 2006, se presentó en el Congreso un proyecto de ley para derogar el impuesto de la Guerra de Cuba.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Los prostíbulos y el arzobispo de Canterbury

Con ocasión de un viaje que el arzobispo de Canterbury hizo en 1905 a Nueva York, sus secretarios le avisaron de que tuviese cuidado con la prensa americana. El prelado los tranquilizó diciéndoles que estaba acostumbrado a tratar con periodistas.
Al llegar a Nueva York se celebró, en el mismo trasatlántico en que el arzobispo viajaba, una conferencia de prensa.
Uno de los periodistas le preguntó:
¿Qué piensa Vuestra Eminencia de los prostíbulos de los barrios del este de Manhattan?
El arzobispo quedó perplejo un momento y preguntó a su vez:
¿Hay prostíbulos en los barrios del este de Manhattan?
Al día siguiente, la prensa de Nueva York titulaba en primera página:
“Primera pregunta del arzobispo de Canterbury al llegar a Nueva York: ¿Hay prostíbulos en los barrios del este de Manhattan?”

Esta historieta suele utilizarse en las escuelas de periodismo para ejemplificar la forma en que palabras colaterales pero impactantes y de ambigua interpretación pueden desviar el foco informativo de lo que en principio debía ser el principal hecho noticiable.
Lo cuenta
Carandell, Luis: Se abre la sesión. Barcelona, Planeta, 1998

jueves, 21 de noviembre de 2013

El chiste más viejo del mundo

El chiste más viejo del mundo data del año 1.900 antes de Cristo y sugiere que el humor escatológico era tan popular antes como ahora, según un estudio divulgado por la británica Universidad de Wolverhampton.
Según la investigación, que recopila las diez gracias más arcaicas, la broma en cuestión se refiere a un proverbio, que se supone provocaba las carcajadas de los sumerios, dice: "Algo que nunca ha ocurrido desde tiempos inmemoriales: una joven mujer tirándose un pedo sobre las rodillas de su esposo".
Ese chiste encabeza la lista de las diez bromas más antiguas, encargada por el canal de televisión Dave a la Universidad, que ha empleado dos meses rastreando los anales de la historia en busca de chistes pretéritos.
En segundo lugar aparece una broma datada en 1.600 a. C. acerca de un faraón, supuestamente el rey Snofru, que reza así: "¿Cómo entretienes a un faraón aburrido? Haces navegar sobre el Nilo una barca cargada de mujeres jóvenes vestidas sólo con redes de pesca y le pides al faraón que vaya a pescar".
Ese chiste puede leerse en el llamado "Papiro de Westcar", un texto egipcio que reúne cuentos mágicos y se guarda, desde 1866, en el Museo Egipcio de Berlín.
Un chiste de la antigua Roma tiene bastante más mala leche. Cuenta que el emperador Augusto estaba viajando por su imperio cuando se encontró con un hombre que se le parecía mucho. Impresionado, le preguntó: “¿Puede ser que tu madre trabajara de sirviente en palacio?” “No, su majestad,” respondió este,“pero creo que sí mi padre”
Los expertos de Wolverhampton también han encontrado la broma británica más antigua, que se remonta al siglo X y afirma: "¿Qué cuelga del muslo de un hombre y quiere meterse en un agujero en el que a menudo se introduce? Respuesta: Una llave".
Otro viejo chiste británico. Un peluquero pregunta a un rey: “¿Cómo quiere que le corte su cabello?” Este le contesta: “Callado”.
El estudio "muestra que las bromas han variado a lo largo de los años, dado que algunas han tomado el formato de pregunta y respuesta, mientras que otras son proverbios ingeniosos o acertijos", dijo su autor, Paul McDonald, profesor de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Wolverhampton.

"Pero lo que todas comparten es una disposición a abordar tabúes y un punto de rebeldía", puntualizó el profesor, al agregar que los "juegos de palabras modernos" y el "humor escatológico" ya figuraban en los chistes identificados en la investigación.

martes, 12 de noviembre de 2013

Libertad de prensa, marionetas y putas (intelectuales)

John Swinton, periodista y editorialista de New York Times, dijo en 1880 durante una cena homenaje a los periodistas, en un brindis por la independencia del periodismo: "No hay independencia, somos las herramientas y vasallos de hombres ricos detrás del escenario.
Somos las marionetas, ellos tiran de la cuerda y nosotros bailamos. Nuestros talentos, nuestras posibilidades y nuestras vidas son propiedad de otros hombres. Somos putas intelectuales".
Más de 130 años después poco ha cambiado.
En los consejos de casi todos los grandes medios se sientan directamente consejeros del sector financiero. Para poner un ejemplo de esta simbiosis está el que los editores de La Vanguardia y La Razón son a su vez vicepresidentes de CaixaBank y del Banco Sabadell, respectivamente. El Cuarto Poder ya no debe lidiar con la presión del sector financiero: ya es directamente el sector financiero.
Lo dijo hace poco y con mucha claridad el presidente de Ecuador, Rafael Correa: "Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta".
 
http://www.solidaridad.net/noticia/8012/no-hay-libertad-de-informacion-quien-paga-manda
http://thisisnthappiness.com/
 

viernes, 19 de abril de 2013

Gregorio Magno y los ángeles

Beda el Venerable, en su obra Historia ecclesiastica gentis anglorum(Historia eclesiástica del pueblo inglés), cuenta la anécdota de cómo a Gregorio Magno (540-604) se le ocurrió la idea de evangelizar Inglaterra.
En una oportunidad, Gregorio se fijó en unos cautivos que estaban en el mercado público de Roma para ser vendidos como esclavos. Los cautivos eran altos, bellos de rostro y todos rubios, lo que llamó mucho la atención de Gregorio. Movido por la piedad y la curiosidad preguntó de dónde provenían. «Son anglos», respondió alguien. «Non angli sed angeli» («No son anglos sino ángeles»), señaló Gregorio, ejem...
Este episodio motivó a Gregorio para enviar misioneros al norte, trabajo que estuvo a cargo del obispo Agustín de Canterbury.
Cuando Agustín llegó a Inglaterra escribió una carta a Gregorio, preguntándole qué debía hacer con los recintos paganos donde se practicaban sacrificios humanos. La respuesta de Gregorio (escrita en el Libro de Beda) consistió en ratificar una práctica tradicional (en cuevas, dólmenes, recintos sagrados, etc)  que la Iglesia venía realizando desde el siglo IV : «No destruyan los santuarios, límpienlos», en referencia a que los santuarios paganos debían respetarse y ser (re)configurados para el culto católico.

http://es.wikipedia.org/wiki/Gregorio_Magno
 

jueves, 21 de marzo de 2013

Las barricadas de Arrabal y Beckett

Cuentan que en el Barrio Latino, en mayo del 68, estaba Fernando Arrabal construyendo una barricada con un grupo de estudiantes, cuando pasó por allí Samuel Beckett, alto, enjuto, severo y quizá no del todo sobrio.

 
– Monsieur Arrabal, pero ¿qué hace usted aquí? –preguntó el irlandés.
– Pues ya ve, Mr. Beckett, ya ve, aquí andamos, con los jóvenes, haciendo la revolución, ¡hay que cambiar la vida!
– Qué disparate, mi querido monsieur, ¡pero si dentro de cinco años todos estos jóvenes ya se habrán hecho notarios!
 

sábado, 2 de marzo de 2013

La historia de la estupidez

Una ligera proporción de estupidez es tan improbable como un ligero embarazo.


En su Historia de la estupidez humana nos cuenta Tabori que algo que provocaba envidia entre la aristocracia era el orgulloso linaje de las casas reales inglesa, española y sueca... y también emulación.

Una antigua familia de la aristocracia francesa, el clan de los Lévis, recogió el desafío.
Se trataba de una familia rica, muy rica y distinguida, que había figurado en la historia de Francia desde el siglo XI, y habla dado al país varios mariscales, embajadores, gobernadores y otros dignatarios. Posteriormente se elevaron al rango ducal. Pero, no contentos con la fama y el honor que otros podían alcanzar, contrataron a un genealogista, el cual muy pronto descubrió que la familia descendía de la tribu de Leví, de destacado papel en el Antiguo Testamento.
El punto de partida fue el nombre del clan; y no fue difícil reunir los datos necesarios, utilizando un poco de imaginación y deformando bastante los hechos.
En esos tiempos, ¿quién se hubiera atrevido a poner en duda la verdad de esa afirmación?
Desde ese día, la familia Lévis se mostró extremadamente orgullosa de su parentesco bíblico. Relacionadas con este orgullo excesivo circulaban muchas anécdotas más o menos auténticas. Lady Sydney Morgan, en uno de sus libros de viajes por Francia (publicado en 1818) relata la visita a uno de los de los castillos de los Lévis.
En uno de los salones encontró un gran cuadro al óleo de la Sagrada Virgen, sentada en su trono, y frente a ella, arrodillado, uno de los Lévis. Con arreglo a la antigua tradición artística (cuya moderna contrapartida son los “globos” con leyendas en las historietas cómicas), de la boca de la Virgen salía una cinta con estas palabras: Mon cousin, couvrez vous... (Primo mío, cubríos)
¡La Virgen pedía a su primo que se cubriera y que no hiciera cumplidos!
Cuando uno de los duques de Lévis subía a su carruaje para asistir al servicio divino en Notre Dame, decía en voz alta a su cochero:
“¡Chez ma cousine, cocher!” (¡A lo de mi prima, cochero!)Esta estupidez parece bien autentificada (Peignot la refiere en su Predicatoriana, Dijon, 1841, página 181, nota). A principios del siglo XIX la familia Lévis aún se aferraba a la leyenda de su antigua ascendencia hebrea.
Y el ejemplo fue contagioso. Cierta dama, miembro de la antigua familia alemana de los Dalberg, también encargó un cuadro, en el que uno de sus antepasados aparecía arrodillado frente a la Virgen, y ésta decía: “¡Levántate, querido pariente!”
Los barones Pons eran menos ambiciosos... reclamaban por antepasado a Poncio Pilatos. En cierto ocasión se encontraron los jefes de las familias Lévis y Pons. El duque de Lévis se volvió con aire de reproche hacia el barón de Pons: “¡Bien, barón, debéis reconocer que vuestros parientes han maltratado rudamente a los míos!” (Albert Cim: Nouvelles récréations littéraires, París, 1921).
Valiosa contrapartida del famoso cuadro de los Lévis era el que poseía la familia francesa de los Croy, igualmente antigua. El cuadro representaba el Diluvio. Entre las olas se elevaba una mano que sostenía un rollo de pergamino, y también alcanzaba a verse la cabeza de un hombre, que apenas emergía de las aguas. Y de la boca del hombre que se ahogaba surgía una leyenda: “¡Salvad los documentos de la familia Croy!” (Sauvez les titres de la maison de Croy).
http://diegoiguna.blogspot.com.es/2013/02/historia-de-la-estupidez-tabori.html

martes, 5 de febrero de 2013

Historia de la estupidez. Tabori

Una ligera proporción de estupidez es tan improbable como un ligero embarazo.
 
En su Historia de la estupidez humana, cuenta Paul Tabori que, durante la edad moderna, las piernas de los cortesanos ingleses sufrieron duras pruebas, impuestas por las minucias del ceremonial.
En 1547, el mariscal Vieilleville fue invitado a almorzar con el rey Eduardo VI. En sus memorias describe la escena con conmovida indignación:
“Los Caballeros de la Jarretera servían la mesa. Llevaban los platos, y cuando se acercaban a la alta mesa, se arrodillaban. Recibía los platos el Lord Chambelán, y de rodillas los ofrecía al Rey. A los franceses nos parece harto extraño que caballeros de las más famosas familias de Inglaterra, estadistas y generales eminentes deban arrodillarse de ese modo; cuando entre nosotros aún los pajes sólo se arrodillan en la puerta, en el momento de entrar al salón.”
Esta costumbre se mantuvo hasta el reinado de Carlos II, de Inglaterra. El conde Filiberto de Gramont, famoso por su lengua viperina, contempló las genuflexiones de los servidores la primera vez que fue invitado a un banquete de la corte. El conde, que había sido desterrado de Francia a causa de cierto escandaloso affaire con una de las amantes de Luis XIV, fue preguntado por Carlos:
-¿Verdad que no es lo mismo en su país? ¿Sirven de este modo al rey de Francia?
El conde no pudo reprimir su malicioso ingenio.
-Debo confesaros que no, majestad. Pero también he de reconocer mi error. Al principio creía que estos caballeros se arrodillaban para disculparse por el pésimo alimento que sirven a Vuestra Majestad.