Cuando tratamos esta cuestión, en primer lugar, es necesario definir qué consideramos como ser humano: desde el punto de vista formal, el hombre es un animal bípedo, con un cerebro muy desarrollado y dieta omnívora; además, se caracteriza por fabricar herramientas y por ser un animal eminentemente social, cooperativo y capaz de compartir informaciones y conocimientos complejos.
Hoy sabemos que el género se identifica como una rama de los grandes simios que emergió de los australopitecinos, aunque los límites que lo separan de géneros como Australopithecus o Pan (chimpancés y bonobos) plantean un apasionante debate científico. Esta transición se gestó entre el Mioceno tardío y el Plioceno, cuando nuestros antepasados divergieron del linaje de los chimpancés hace entre hace unos 6 a 11 millones de años (un marco amplísimo).
Teniendo en cuenta estas características, actualmente el primer homínido reconocido formalmente como humano es el Homo habilis, cuyo nombre —hombre hábil— fue acuñado por el paleoantropólogo británico Louis Leakey en los años sesenta. Leakey llegó a esta conclusión tras el hallazgo, en la Garganta de Olduvai (Tanzania), de restos fósiles asociados a una industria lítica extremadamente primitiva, conocida como Olduvayense (precursora del Achelense), con una antigüedad estimada entre 2,4 y 1,4 millones de años.
A partir de estas evidencias, definió al Homo habilis como el primer fabricante de herramientas y, en consecuencia, como la especie fundacional del género Homo.
Ahora vamos con los peros. En la actualidad, sabemos que el bipedismo y el uso de herramientas no surgieron de manera simultánea, como se asumió durante décadas.
El hallazgo de Lucy (Australopithecus afarensis) lo dejó en evidencia. Esta pequeña hembra, cuyos restos fueron descubiertos en la región de Afar, en Etiopía, vivió hace unos 3,2 millones de años y constituye la primera prueba inequívoca de un homínido plenamente bípedo, pero no asociada a la fabricación de herramientas.
Las investigaciones más recientes sitúan la aparición del bipedismo en torno a los cuatro millones de años, a partir de los fósiles de Ardipithecus, encontrados en Kenia y Etiopía en la década de 1990. Sin embargo, existen indicios aún más antiguos: un fémur hallado en Kenia y datado en unos 6 millones de años y unas extremidades inferiores descubiertas en Chad de entre 6 y 7 millones de años sugieren que estos primeros homínidos ya podrían haber caminado erguidos. La brecha temporal cada vez mayor entre las herramientas líticas más antiguas y el origen del bipedismo refuerza la idea de que ambos procesos evolucionaron de manera independiente.
Pero debemos tener en cuenta varias cuestiones.
La primera es señalar que el hecho de no tener restos de instrumentos no significa necesariamente que estos bípedos no los creasen. Todos hemos creado artefactos de madera o de materiales más fáciles de modificar que una piedra. Es lógico pensar que, antes de crear útiles de piedra, se hiciesen herramientas con estos materiales (maderas, huesos, conchas o caparazones) que han desaparecido por su mayor fragilidad y su menor resistencia al paso del tiempo.
También hay que puntualizar que estos bípedos estaban perfectamente adaptados a su entorno y, posiblemente, fueran más rápidos y ágiles que nosotros. Es necesario descartar la imagen de seres andando torpemente, como los simios actuales. La selección natural es una jueza implacable y una locomoción ineficiente habría condenado a estas especies a una extinción inmediata, impidiendo que sus restos llegaran hoy a nuestras manos.
Además, a este escenario se suma otro dato: el Homo habilis no estuvo solo. Otras especies, como el Homo rudolfensis, descubierto en Kenia y datado en 2,4 millones de años, podrían disputarle el título de primer representante del género Homo. Esto abre la posibilidad de que las industrias líticas más antiguas no pertenezcan exclusivamente al Homo habilis. De hecho, la zona de Afar ha proporcionado herramientas con una antigüedad de entre 2,6 y 2,5 millones de años.
Los descubrimientos continúan ampliando —y complicando— el panorama. Aunque rodeados de controversia, en el yacimiento de Dikika (también en Afar) se han documentado marcas de corte sobre huesos de 3,4 millones de años, y en Lomekwi (Kenia) se han encontrado herramientas que alcanzan los 3,3 millones de años. A medida que las fechas del bipedismo se alejan hacia los 7 millones de años y las de la industria lítica retroceden hacia los 4 millones, la fecha y la identidad del primer ser humano siguen constituyendo un apasionante enigma.
Bibliografía:
https://humanidades.com/homininos/ (imágenes)
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