
La geografía es invocada de forma insistente cuando se quieren borrar las diferencias históricas. La palabra España no aludía entonces a la variedad de ciudadanos, clases sociales, economías y pensamientos surgidos en el interior de las fronteras españolas. Defender España era más bien defender los intereses de sus dueños.
La geografía así utilizada tiende a convertir la responsabilidad social en sacrificio y el compromiso en una condena a la obediencia. Los deseos de la superioridad son leyes de obligado cumplimiento, algo tan natural como la lluvia, el frío, el calor o las necesidades corporales. Si España lo exigía, era imprescindible entrar en el retrete. Tener opiniones e intereses propios suponía un acto de traición, algo relacionado con la antiEspaña. Una larga tradición de afrancesados, masones, judíos y comunistas había reunido a los traidores de diversa ralea opuestos a la dignidad española. No es que mantuviesen un criterio, es que habían nacido como monstruos antinaturales para ofender a España...
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